Rol del glamour en la carrera de MARÍA MONTEZ

Rol del glamour en la carrera de MARÍA MONTEZ

Por: Margarita Vicens de Morales/FUENTE HOY.COM.DO

A María Montez se le recordará siempre como ejemplo de vida, por haber demostrado que con tenacidad, perseverancia, seguridad en sí misma y objetivos claros, se pueden superar los obstáculos que pudieran interponerse en la cristalización de las metas y los sueños, y por haber allanado el camino para que otras actrices latinoamericanas puedan llegar a obtener roles estelares en la Meca del cine.

Analistas en el campo cinematográfico, profundizando en la personalidad de nuestra eximia actriz nacional, han resaltado que un aspecto de María Montez que no había recibido atención especial es que más allá de sus dotes histriónicas y de su escultural figura, como otras destacadas actrices de los años 40 y 50, la Montez logró proyectarse a través de su imagen seductora y cautivante, como lo consignaron James Robert Parish y Don E. Stanke en su notable obra “The Glamour Girls”. Este libro destaca el glamour como rasgo sobresaliente de la personalidad de rutilantes estrellas entre las que figuran: Rita Hayworth, Audrey Hepburn, Kim Novak, Joan Bennett, Merle Oberon, y nuestra María Montez. Evidentemente el glamour es mucho más que belleza y atracción, incluye prominentemente elegancia y distinción.
En sus comienzos, con apenas un año en la Meca del cine, a María se le empezó a llamar “La Sirena de Hollywood”, particularmente por su rol en South of Tahiti del director George Waggner. El motivo era evidente: la indumentaria propia de la “Dama de la Jungla”, característica de este género de películas, “Sarong” (“Slendang” para la “Universal Pictures”) destacaba su bien proporcionada figura.

En esa época Montez se había convertido en una de las más populares “pin-up girls” a la altura de grandes luminarias como Rita Hayworth y Lana Turner. Tanto para Rita Hayworth como para María Montez el encontrarse entre las nueve actrices con mayor glamour de la historia del cine, conforme al libro de los autores citados, indica una superación en cuanto a los valores que caracterizan su carisma como actriz.

Conviene recordar que a nuestra diva nacional, en 1942 se le consideraba como la poseedora de la mejor colección de sombreros y pieles de la colonia del cine. Era tal la importancia que le daba la Montez a su imagen, que contrató dos famosas diseñadoras tan pronto llegó a New York, para que confeccionaran el vestuario con el que llamaría la atención en los principales clubes nocturnos de la época donde iban los cazadores de talento.

Luego, cuando llegó a Hollywood, contratada por la “Universal Pictures”, la reconocida diseñadora del estudio Vera West se inspiraba en su bien escultural figura para crear los más sensacionales trajes de noche. La actriz dominicana fue catalogada la mejor vestida de la colonia del cine, teniendo apenas pocos meses en Hollywood.
La Montez además de ser poseedora de una exótica belleza, entre cuyos atributos se encontraba una tonalidad de piel “ligeramente dorada” que armonizaba muy bien con el tecnicolor, era particularmente fotogénica. Conforme a lo precedentemente señalado el estrellato que logró María Montez fue, sin duda, un factor esencial para la consolidación del tecnicolor como técnica de rodaje de películas en los años 40, lo que constituyó una de las razones para que se le concediera el merecido título de Reina del Tecnicolor.

Es oportuno recordar, finalmente, que el hecho de haber sido María Montez la figura hispana más destacada de los años 40 en Hollywood, según lo destaca George Hardley García, la convierte en un punto de referencia obligado para todas las latinoamericanas que se propongan triunfar en el cine, en especial para las jóvenes nacidas en República Dominicana, donde siempre será recordada por haber sido la Reina del Tecnicolor, la primera en haber conquistado el estrellato en la Meca del cine.

Es evidente que el más significativo homenaje que su país pudiera rendirle a nuestra eximia actriz es la creación de un museo en su honor que mantenga el recuerdo de esta insigne dominicana, en las nuevas generaciones.

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