MARÍA FÉLIZ URBÁEZ HACE UN DULCE CAMINO AL ANDAR

MARÍA FÉLIZ URBÁEZ HACE UN DULCE CAMINO AL ANDAR

por Wilson Gomez

Una de las exclusividades barahoneras es el dulce de almendras criollas que se ofertan en toda la costa barahonera, desde el chequeo del cruce de Santa Elena en la carretera Barahona-Pedernales hasta el balneario Los Patos, ruta que comprende aproximadamente treintena de kilómetros.

Este exquisito postre se ha posesionado como una de los atractivos de los visitantes de esta impresionante zona turística de Suroeste de nuestro país, de tal manera que ya pocos resisten la tentación de comer uno… y otro… y… otro más.

Esta modalidad de dulce era de ocasional preparación entre los púberes de hace algunos años; pero jamás fue objeto de comercialización, tal vez por lo trabajoso que resulta colectar y partir esta variedad de almendras, así como lograr su rendimiento.

Uno de los primeros sitios donde se ofertó la venta de este producto fue en el balneario Villa Miriam, localizado en San Rafael, punto geográfico paradisíaco, donde el tiempo parece arrancar de manera repentina en trayectoria inequívocamente retroactiva hasta dilatar sus aguas con la población de Xaraguá que pasó a ser Cacicazgo de Jaragua.

El mágico sonido de la irremediable caída de las aquellas aguas cristalinas del arrebatadoramente elegante río San Rafael se conjuga con un concierto visual que, como ofrenda divina, nos ofrecen con un garbo singular los empinados árboles de intenso verdor y el festival de mitad de primavera que nos regalan los vivos colores de tulipanes que el aquel impactante recinto natural se destacan.

En medio de lo que describimos irrumpe la precursora de la referida exquisitez motivando su producto y colocando en relieve sus esmeros con motivo de su elaboración y su particularidad: María Féliz Urbáez.

Un buen día esta joven mujer decidió hacer un esfuerzo productivo e innovador para hacer más llevadera su vida en una colectividad pequeña, donde las posibilidades de conseguir un empleo que le permita obtener el sustento personal o familiar son sencillamente nulas; es así que comenzó la dura faena de colectar almendras para partirlas y elaborar dulces.

Así comenzó a construir su cartera de clientes, los cuales inquirían sobre ella y su habitual bandeja con sus bien dispuestos productos, cuestión que era comunicada a ella y, a partir de tales actitudes, se entusiasmó hasta perfilarse como una emprendedora de la pequeña empresa.   

“Fui yo quien comenzó con esto, esos dulces los inventé yo para venderlos… Ahora, hay otras gentes que lo hacen,  yo lo que hago es que me alegro mucho… yo tengo lo mío, hago mis dulces y ellos mismos son… ahora, el Sol sale para todos…” – dice con inocultable tono que mezcla solidaridad y resignación.

En su trajinar por los diferentes balnearios de la costa barahonera, ha conocido a muchas personas y algunas le han hecho valiosas recomendaciones para que ella se organice en torno una pequeña empresa y mejore la presentación de sus productos, porque, además del dulce, ella también vende las semillas de almendra criolla al natural.

María, una mujer de baja estatura, tez representativa de la zona, una mulata de mirada firme y rápido caminar… narra que su compañero de vida le ayuda en todo el proceso de elaboración de sus productos, actividad a la cual integra otras personas.

¡Su vocación de trabajo y su ímpetu la impulsaron a innovar hasta hacer un dulce camino al andar!  

 

 

 

 

 

María Féliz Urbáez

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