La increíble historia de Tomás Suero

La increíble historia de Tomás Suero

Por David Ramírez

Uno de los libros que más veces he leído por estar lleno de mitos y leyendas (algunas absurdas o exageradas), sobre eventos o sucesos que dieron origen a nuestra provincia Barahona, ha sido la obra escrita por don Matías Ramírez Suero, en colaboración con el doctor Manuel González, titulada “Fundación de Barahona”. Aunque los datos “históricos” y genealógicos que don Matías nos aporta en dicho libro se apoyan exclusivamente en relatos orales que le fueron transmitidos desde pequeño por su familia, todo investigador que ha leído el libro conoce perfectamente que, a pesar de que abundan las imprecisiones sobre ciertos eventos históricos, es una fuente valiosa de información

En mi modesta opinión, en el libro de don Matías Ramírez está escrito uno de los relatos más increíbles (y hasta difícil de creer para algunos), sobre un evento ocurrido en la ciudad a finales del siglo XIX, que afectó a uno de los hijos del supuesto fundador de Barahona, don Felipe Suero. Ese evento fortuito a la larga le cambiaría la vida para siempre a don Tomás Suero, el abuelo de don Matías Ramírez, la persona que relató a su nieto (para que conservara en su memoria y luego lo escribiera para la posteridad en un libro), los principales acontecimientos históricos, sucesos, leyendas y mitos que dieron origen a nuestra ciudad. Debido a que muchas personas aún no han leído el libro “Fundación de Barahona”, hemos optado por escribir un resumen de ese evento que por increíble que pueda parecerle, está basada en un hecho verídico. Si no hubiera sido por don Matías Ramírez, con el tiempo ese suceso pudo haber pasado al olvido.

Emboscada al batallón rebelde azul

El relato que le contó don Tomás Suero a su nieto Matías Ramírez Suero, establece que los hechos sucedieron en una época de violencia y desasosiego, durante la “Guerra de los seis años” (1868-1874), cuando los principales protagonistas de esa terrible contienda, los soldados rojos anexionistas de Buenaventura Báez se enfrentaban a los patriotas rebeldes azules, encabezados por Gregorio Luperón y José María Cabral (1).  El degüello y fusilamiento bárbaro del enemigo era la moneda de terror y prevaleció por igual en ambos bandos. La Guerra de los seis años convirtió todo el territorio dominicano, principalmente la zona Sur, en un infierno de muerte. Asesinos y sádicos en la fila roja, como los generales Solito y Mandé, emboscaban a los desventurados rebeldes rezagados, perseguían y capturaban a los heridos en combates y sin ninguna contemplación humana, los fusilaban en el lugar, sin juicio ni derecho.

El giro en la vida de don Tomás Suero inicia desde el momento que un joven rebelde, herido en el brazo, perteneciente a las tropas azules, llega a la puerta de su conuco o “fundo agrícola” llamado La bija, donde se encontraba él y su familia refugiados, huyendo de la guerra que se aproximaba a la ciudad de Barahona (2), En el rancho estaban presente aparte de don Tomás, su esposa recién parida de nombre Altagracia, junto con sus pequeños hijos Tomasa y Chichí. También estaban con ellos un par de sobrinos de su esposa, uno llamado Bobolito y el otro Fidel.

El joven rebelde azul, junto a otros tres compañeros de armas, había salvado la vida milagrosamente al lanzarse a “tierra entre los cascajos” del rio Arroyito, luego que su batallón sufriera una emboscada en un sitio llamado “Cobo”. A los tres días de vagar por la loma, con hambre y sed, aquellos infortunados rebeldes fueron descubiertos, tres de ellos capturados y fusilados en el lugar por tropas rojas. El cuarto rebelde se escabulló corriendo por aquellos peñascos hasta llegar al “fundo” o conuco de don Tomás.

El soldado rebelde herido

Don Tomás Suero, según don Matías en su libro, por ser un hombre humanitario, mandó a los sobrinos de su mujer a esconder al joven rebelde en un lugar seguro, para que no lo encontrara alguna patrulla roja (que seguían de cerca su huella), porque de seguro lo fusilarían. Estuvo en lo cierto, una patrulla roja llegó al rancho buscando al soldado rebelde, don Tomás le informa que el fugitivo no se encontraba en el rancho, la patrulla se marchó del lugar creyendo en la palabra de un hombre tan serio como don Tomás.

Luego de cerciorarse que el peligro había pasado, don Tomás decide buscar al joven rebelde, este se encontraba bien escondido, detrás de unos peñascos. Después de encontrarlo, nota don Tomás que el soldado era muy joven, como de veinte años, estaba herido en el brazo, con el uniforme hecho trizas. Enseguida le regala uno de sus trajes de calle o “flux” y entierran el uniforme militar.

Ya en el rancho de don Tomás, el rebelde recibe en una taza azul, abundante comida (un moro de guandules, sazonado con coco, acompañado con víveres, carne y longaniza frita de cerdo), la comida predilecta de don Tomás, A lo poco rato se queda reposando la llenura y se tira a dormir sin ninguna interrupción” en una hamaca que le proporcionó don tomás, el soldado rebelde tenía tres días sin poder dormir. Resulta que a los tres días de estar en el rancho el rebelde le revela a don Tomás que como soldado no podía permanecer en ese lugar porque era un “soidao enganchao con gran protección”, así como hablan los campesinos “brutos” del Cibao, y que si regresaba a su batallón podía ser ascendido de rango.

El soldado azul le solicita a don Tomás que lo lleve a un lugar que él conoce, que era la loma del Curro, pero antes le solicita que le proporcione dinero para sobornar a cualquier persona que lo descubra en el camino. Don Tomás le proporciona varias onzas de oro y una cuantas monedas, pensando por dentro cómo le pagaría aquel joven rebelde azul, ya que aparte de que no pensaba que lo volvería a ver, también dudaba que saldría con vida de aquella infortunada situación.

Antes de despedirse de toda la familia el joven soldado patriota le solicita a don Tomás que le anotara en un papel su nombre y de toda la familia que estaba en el rancho, incluyendo los nombres a su esposa y los niños. Don Tomás le pregunta cuál era su nombre de pila y este le responde entrecallado de una forma que él no pudo entender. El joven anota su nombre en una libreta que don Tomás tenía guardado para llevar los libros del negocio de madera (3), que con el tiempo se llenó de apuntes, pasó al olvido y se perdió para siempre, Antes de despedirse el joven rebelde le promete a don Tomás que nunca olvidaría aquel favor y que si salía con vida de aquella situación algún día lo recompensaría con crece.

Al anochecer don Tomás, en compañía de los sobrinos de su mujer, llevan al soldado rebelde a la loma del Curro, Ya en aquella zona se despiden en un efusivo abrazo. Luego el soldado se fue caminando con su carabina por el sendero hasta encontrarse con una patrulla amiga que reconoció y lo llevaron a su campamento donde estaba un general de apellido Alvarez, que se alegró mucho de verlo ya que el soldado era el protegido del general Gregorio Luperón y este le había dado instrucciones precisas para que indagara la suerte del batallón que había sucumbido en el sitio llamado Cobo. El soldado fue curado de la herida en el brazo izquierdo.

Ulises Heureaux: El tirano

Muchos años después de aquel suceso, el joven soldado del batallón azul, por su valentía, sabiduría y arrojo en la guerra, llegó al rango de general y mano derecha del héroe restaurador, Gregorio Luperón. Con el tiempo logró fama como político confiable en un pueblo, donde la mayoría era inculto y analfabeto. Ganó la presidencia de la República en unas elecciones que fue calificada por sus contrarios de fraudulentas. Aquel joven soldado azul, a quien un día don Tomás Suero salvó la vida, resultó ser el tirano Ulises Heureaux, conocido con el sobrenombre de Lilís (4), genio tenebroso y conocedor a fondo de las flaquezas humanas.

Ya en el poder, resulta que Lilís visitaba Barahona casi todos los meses y siempre le preguntaba al gobernador de turno, José Dolores Matos, por la suerte de aquel hombre que un día le salvó la vida, exhortándole a que lo cuidara como si fuera su persona, pero el gobernador Matos siempre le contestaba al tirano que don Tomás se encontraba bien y luego le cambiaba la conversación.

Pero una noche el gobernador Matos se suicidó en su hogar (5) y tres meses después de aquel suceso, Lilís nombra en la posición a Carlos Alberto Mota. Cuando Lilís visitó la ciudad para felicitar al gobernador Mota por su designación le pregunta por la situación económica y la salud de don Tomás y si había tenido diferencias personales con antiguo gobernador Matos. Extrañado, Mota le responde al tirano afirmativamente, que don Tomás y el fallecido gobernado Matos habían tenido diferencias por causa de un asunto familiar, pero que don Tomás, a pesar de gozar de buena salud, se encontraba en la ruina económica.

Lilís, sorprendido por lo que había escuchado, regaña al gobernador Mota por no haberle informado de la situación económica precaria en la que se encontraba don Tomás, éste se excusó ante el dictador diciéndole que desconocía que ese señor, que nunca se había metido en política, podía ser el amigo de una persona tan importante como el presidente de la República.

Inmediatamente Lilís invita al gobernador a que lo acompañe para visitar la casa de don Tomás. Ya en el lugar encuentran a don Tomás, viejo y cansado, en el patio de su hogar sentado en una mecedora. Lilís ordena a sus ayudantes que le busquen una silla y que lo dejaran solo con el viejo. Todos los funcionarios que acompañaron al dictador a visitar la casa de don Tomás quedaron sorprendidos e intrigados, preguntándose entre sí cómo había conocido el presidente Lilís aquel viejo o porqué razones el presidente se encontraba tan interesado en conocer la situación económica de aquel viejo.

Ya completamente solos, Lilís le pregunta a don Tomás los motivos por la cual, siendo un hombre tan serio y honrado, había quedado en tan mala situación económica. Pero don Tomás encamina al tirano hasta un establecimiento que tenía en su casa, al parecer una pulpería, y le enseña al presidente los mostradores y aparadores completamente vacíos, luego pasa a explicarle al presidente que por culpa de un largo pleito judicial, por la pertenencia de unos becerros, con una persona llamada Miguel Lambite, él había quedado arruinado económicamente tras haber incurrido en costosos gastos legales. (5).

El que a hierro mata a hierro muere

Don Matías Ramírez no concluye en que quedó la reunión entre el presidente Lilís y don Tomás Suero, cosa que no es extraño en dicho libro, ya que acostumbra a dar saltos en otras historias, pero nos relata que a don Tomás un ladrón de puercos mató a su hijo Chichí cuando estaba a punto de descubrirlo.

Resulta que el ladrón era el cuñado del fallecido gobernador Matos, que lo protegió y dejó que escapara hacia Haití, eso generó enemistad personal entre don Tomás y el gobernador Matos. Don Tomás contrató a un sicario para que asesinaran en aquella nación al que mató a su hijo, pero el sicario falló en su trabajo. Luego un día un sobrino de don Tomás, el general Jacinto Suero, lo reconoció en El Seibo cuando pasó por su lado en un momento que iban a embarcar las tropas que estaban sofocando un levantamiento armado contra el dictador. Esa persona se había cambiado el nombre, pero ahora era un brigadier del ejército, llamado general José Valdez. Por ser un militar disciplinado, el general Suero se lo cuenta al presidente Lilís en una reunión que sostuvieron. El tirano le agradece al general Suero por haber “chivateado” al general Valdez y felicitándole por no haber tomado justicia por su cuenta.

Días después el presidente Lilís nombra al general Valdez como alcalde de Higüey y lo manda a buscar. En dicha le reunión le informa al general Valdez que lo había nombrado como alcalde para que arreglara su situación económica, pero luego le pregunta si era verdad que había asesinado al hijo de don Tomás Suero en Barahona, Chichí Suero y que había cambiado su nombre.  El general Valdez confiesa al tirano la verdad que lo había hecho, pero que fue un error de juventud y que estaba arrepentido de ese asesinato. Lilís le dice al general que ahora si le tenía mucha confianza porque le había confesado que fue él la persona que había asesinado al hijo de don Tomás, que todo ya estaba aclarado y luego le da las gracias.

Pero ocurrió, según don Matías, que cuando el general Valdez fue a la alcaldía tomar posesión del cargo, al entrar al edificio, detrás de un árbol le disparan y lo matan. Fue Lilís quien planificó su asesinato, el “pacificador del República, el genio de la maldad, le había solicitado a uno de sus hombres de confianza que asesinaran al general Valdez cuando este fuera a posesionarse en el puesto. Una vez ocurrido el asesinato, el pueblo de Higüey creyó que la muerte del general Valdez había sido producto de una venganza personal por asuntos de mujeres o los tragos (6).

La carta de Lilís y el pánico familiar
Después de aquel reencuentro, entre el presidente y don Tomás, el 23 de mayo de 1895, el gobernador Carlos Alberto Mota recibe una carta del presidente Lilís recomendándole buscar a don Tomás Suero y subirlo con carácter de urgencia en el vapor de guerra “Restauración”, en calidad de pasajero, cuando el barco anclara en Barahona.

Llega don Tomás al despacho del gobernador y este le informa la encomienda directa del presidente y le recomienda que regrese a su casa a prepararse porque se lo iban a llevar para la capital. Cuando don Tomás llega a su casa le cuenta a su familia lo ocurrido, todos en la casa entraron en pánico, llantos y lamentaciones. No era para menos, a todos los barahoneros enemigos de Lilís que subían en ese y otro vapor, si tenían suerte, siempre terminaban preso en la capital o de lo contrario, lo tiraban vivo al mar, como lo hicieron con Alejo Ruiz a José Piezal y a un tal “Mágico”.

Sabiendo del peligro que corría su esposo, a doña Mercedes le entró una crisis nerviosa que tuvieron que sacarla para el patio sin respiración. Muchos aconsejaron a don Tomás fingir estar enfermo para no poder viajar, otros como su hermano Juan Zenón Suero, le aconsejó que se escapara para Haití, tanto así, que le llevó a don Tomás dos mulos preparados para que huyera esa noche para la vecina nación.

A todos ellos, don Tomás, lo calmaba diciéndole que para eso nacemos los hombres, para morir algún día. Al parecer el presidente Lilís no le había revelado en la reunión a don Tomás que en realidad él era aquel joven soldado que un día salvó de la garra de la muerte. Por eso don Tomás no dejaba de preguntarse para qué el presidente mandaba a buscar a un viejo de setenta años, que nunca se había metido en la política y peor aún, arruinado económicamente.

Pensaba don Tomás que tal vez el presidente Lilís lo mandaba a buscar enojado porque él era el padrino político del general Candelario de la Rosa(7), enemigo acerrimo de Lilís,ahora exiliado en Haití, pero también podría ser porque era familia de otros enemigos del tirano, como Rubesindo Ramírez y Rafael Ramírez.

Pero el viejo ya había tomado una decisión, estaba resignado a embarcarse en ese vapor, sin importarle los comentarios que tenían trastornados a su familia, como aquel “consejo” que le guardaran luto porque cuando a él lo subieran al vapor Restauración, lo iban a echar al mar.

Cuando el vapor Restauración ancló a mucha distancia Barahona, todo el pueblo de Barahona corrió al muellecito para ver con sus ojos si era aquel famoso barco. Ahora si la cosa se le puso fea a don Tomás, comentaban algunos.

Los familiares de don Tomás no dejaban de llorar, peor todavía cuando llegaron a la casa del viejo un oficial del barco, acompañado por tres marineros con la orden expresa de llevárselo para el vapor. El temor de don Tomás fue tan grande, que los recién llegados le dieron oportunidad para recoger sus pertenencias, entre ellas su cachimbo. Después de unos minutos buscándolo, y antes la impaciencia de uno de los marineros que le informó que podía comprarle y regalarle varios cachimbos cuando llegaran la capital, a don Tomás no le gustó aquella palabra, abrió la boca para reprocharle que no aceptaba dádivas de nadie, pero de repente algo cayó al piso, era su cachimbo, había olvidado que lo tenía en la boca,

Cuando don Tomás llega al muelle, acompañado con el oficial, los marineros del vapor y su hijo mayor llamado Marcos, en dicho lugar lo esperaba una muchedumbre de espectadores, el muellecito resultó pequeño para tanta gente.

Aquello parecía un cortejo fúnebre, con gente murmurando toda clase de comentarios, como por ejemplo cuál sería la suerte del pobre viejo, otros en cambio estaban extrañados por el trato tan cortés que le dispensaban los marineros al viejo Tomás cuando lo subían al bote para llevarlo al vapor Todavía en la noche quedaron gentes en el muelle, mirando en la lejanía al vapor Restauración que permanecía anclado, sorprendidas por todo lo que habían visto ese día.

Estando ya en el vapor, la primera noche, don Tomás estaba muy atemorizado y sin ánimo, pero después se calmó y durmió con tranquilidad gracias al buen trato y servicio que le dispensó la tripulación del vapor Restauración, que lo hospedaron en el camarote del capitán.

Aquí tiene presente a ese soldado

En la capital, don Tomás se hospedó en un viejo hotel conocido y luego se dirigió a la casa Presidencial con una tarjeta de identificación que le había dado el gobernador de Barahona, Carlos Alberto Mota.  En aquel lugar lo estaba esperando el general Álvarez e inmediatamente avisa a Lilís de su llegada, en ese momento el presidente se encontraba en una reunión, pero pide permiso los presentes y sale a recibirlo con un efusivo abrazo. Todos los que estaban presentes en lugar murmuraban si aquel viejo podría ser el padre del presidente.

Antes de regresar a la reunión, el tirano Lilís invita al general Álvarez para que lo acompañe y acomode a don Tomás en el patio de la casa, allí acomodan al viejo en una mecedora y le ofrecen tabaco para que haga una buena “cachimbada”. Lilís deja a don Tomás sentado en el lugar, pero el viejo como que se “ahumó” con el tabaco ya que era muy fuerte, se quedó dormido. Cuando despertó se encontró notó que a su lado estaba un hombre esperando que él despertara, llevaba un centímetro en las manos, era el sastre del presidente. El tirano había dado instrucciones a su sastre tomarle las medidas a don tomás para confeccionarle cuatro trajes de telas finas o “fluxes”, antes de las 48 horas.

Terminada la reunión, regresa el presidente Lilís al patio donde se encontraba sentado don Tomás y lo invita a dar un paseo por la estancia cercana, sembrado con muchos árboles.  Mientras caminaban conversando animadamente, el tirano le pregunta a don Tomás si no se ha preguntado los motivos por los cuales él lo mandó a buscar desde Barahona. El viejo le responde que solo el presidente sabía de aquellos motivos. El presidente le responde que pronto sabrá y en el momento propicio para que lo mandó a buscar. Luego el presidente Lilís le pregunta por su salud y si aún conserva una propiedad parecida a ese lugar sembrada con Bija. Don Tomás solo se limita en contestarle al tirano con un “Anjá”.

Llegan a un sitio muy limpio, debajo de unos almendros. En el lugar había una pequeña mesa repleta de comidas en tazas de color morado. Las tazas contenían moro de guandules, sazonado con coco, víveres, carnes y longanizas fritas de cerdo. Cuando se sientan y se ponen a comer, don Tomás pensó como sabía el presidente Lilís que esa era su comida pedilecta. Lilís que nota al viejo sumido en pensamientos mientras masticaba la comida, le pregunta cuál es el motivo de estar tan callado y don Tomás le responde que había olvidado recomendar una diligencia en su hogar. Lilís le responde que no se apurara, porque lo suyo iba a llegar muy pronto, porque quien llama no engaña

Después de preguntarle a don Tomás si aún conservaba el rancho sembrado de bija,el presidente Lilís  insiste en preguntarle si aún recordaba aquel día cuando refugió en su rancho a un joven soldado que la tropa roja buscaba para fusilarlo y que luego ayudó a escapar en la loma del Curro. El presidente Lilís seguía insistiendo que don Tomás recordara que ese soldado le prometió que si salía vivo de esa situación, pagaría con crece ese favor cuando estuviera en condiciones. En ese instante el viejo don Tomás recordó aquel evento ocurrido 28 años atrás, preguntándose por dentro si aún continuaba vivo aquel infortunado soldado.

El presidente Lilís le informa a don Tomás que ese soldado rebelde, salió de esa situación con vida y llegó tan alto que ahora es el presidente de la República, “Capaz de castigar a quien le haya ofendido y de premiar a quien le haya hecho humanamente un servicio”(8).Aquí tiene presente a ese soldado, le dice el presidente Lilís a don Tomás, con quién usted habla, siendo el Presidente de este país. En seguida Lilís le da las gracias a don Tomás por salvarle la vida y le informa que lo mandó a buscar para pagarle en parte lo que le ofreció al despedirse en la loma del Curro, siendo un soldado.

De pronto don Tomás comprendió todo, que la situación de aquel soldado había cambiado,que ahora era el Presidente. Pero solo se limitó a darle las gracias a Lilís y felicitarlo por su ascenso. Luego el tirano envía al viejo a descansar al hotel, El lunes en la mañana el presidente mandó a recoger a don Tomás al hotel en un lujoso vehículo,el chofer tenía las instrucciones de llevarlo a la casa Presidencial para que recibiera unos regalos o “cosas que eran de su pertenencia”. (9).

Recompensa de un servicio

Don Tomás llega a la casa de la Presidencia, lo hacen pasar por varios departamentos, en el primero recibe la noticia de su nombramiento como Juez Civil del Distrito de Barahona y otro que lo designan Notario Público del mismo Distrito. Cuando creía que había concluido todo, conducen a don Tomás Suero hasta otro departamento de un ministro del gobierno, donde lo ponen de pie, le piden levantar la mano y prestar juramento del cargo. Luego lo invitan a sentarse para que escuchara lo que decía el pergamino que le iban a entregar: “La Universidad de Santo Domingo otorga el título de Licenciado en Derecho al señor don Tomás Suero y Batista, para que pueda ejercer la profesión de abogado en todo el territorio nacional”. (10).

Luego el ministro le informa a don Tomás que tiene otras pertenencias, eran tres maletas grandes. Una de las maletas contenía costosos trajes fluxes, una valiosa leontina, un reloj y dinero en efectivo para sus gastos personales. La segunda maleta maleta contenía trajes para su esposa y sus hijos y la tercera maleta trajes para Bobolito y Fidel. Las maletas fueron enviadas al hotel donde don Tomás se hospedaba.

Después de despedirse del presidente, don Tomás Suero se embarca para Barahona en el vapor Restauración con todas las pertenencias que Lilís le había regalado. Cuando el barco llegó a Barahona todo había cambiado,mucho los que presagiaban malos augurios ahora se mostraban sorprendidas a ver descender al viejo del bote, Tenían frente a ellos, físicamente,a Tomás Suero bien trajeado y sonriente. ahora abogado y Juez civil de Barahona. Según don Matías Ramírez, ese día se declaró festivo para la población.

Pero la historia aún no termina, en la tarde llegaron al muelle de Barahona dos barcos cargados con provisiones y mercancías, enviados por el presidente Lilís, para que el licenciado Tomás Suero. Pudiera establecerse comercialmente, como antes lo tenía. cuando el episodio del soldado.

Según don Matías Ramírez Suero en su libro “fundación de Barahona”, , esa fue la recompensa que le hizo a don Tomás Suero un soldado por el servicio que recibió en la Guerra de los seis años.

Por increíble que le parezca, la historia fue real y es muy hermosa, a pesar –por supuesto–  de que Ulises Heureaux,Lilís, fue un tirano, un administrador deficiente que tenía el tesoro nacional como su arca privada (11), donde hasta sus amigos tenían amplio derecho para introducir la mano y extraer grandes o pequeñas sumas de dinero.

* Notas del autor y bibliografía

1 – Los partidarios de Buenaventura Báez, Gregorio Luperón y José María Cabral. reformaron los colores rojo y azul usados en la guerra civil de 1857-1858. Durante la Guerra de los seis años, para distinguirse del bando contrario, se colocaban cintas de eso colores encima de sus sombreros.

2 – Durante la época de guerra o disturbio en la ciudad, muchos habitantes se encerraban en sus casas, otros se iban a la loma o algún campo cercano hasta que todo volviera a la normalidad. (Ver Welnel Dario Féliz. Historia de Barahona 1801-1900. Pag.224).

3 – Según Matías Ramírez en su libro. Don Tomás Suero, fue una persona letrada, alfabetizado por un maestro azuano. Llevaba los libros a su padre Felipe Suero (Ver Matías Ramírez Suero. Fundación de Barahona, Pag.55). Ya siendo adulto al parecer, don Tomás, aparte de ser comerciante, también se ganaba la vida llevándole los libros de embarques de maderas a otros habitantes en la ciudad, aunque para esa época el único contador que existía en Barahona era Francisco Carvajal, amigos cercano de don Tomás y socio en un negocio de corte de madera en Pescadería.

4  – Su verdadero nombre era Hilarión Lebert.ya que en los primeros años de su vida no fue reconocido por sus padres, Josefa Lebert y D’Assa Heureaux. Lilís fue un hombre negro de color y de robusta personalidad. Apenas recibió la educación elemental, pero sobresalió como un perfecto autodidacta. (Ver Roberto Cassá. Ulises Heureaux: El tirano perfecto).

5 – Según don Matías, el reencuentro entre el presidente Lilís y don Tomás, ocurrió veinte años o más después que salvó al joven soldado rebelde. Significa que hacía muchos años que se había constituido el ejido (noviembre de 1882), que despojó a la familia Suero Batista (entre ellos a don Tomás y Nolasco), de la mayoría de sus propiedades en la ciudad, llevando algunos miembros de la familia Suero a la ruina económica. Curiosamente fue Lílis el presidente que apoyó al Ayuntamiento Municipal para obligar a que varias prestantes familias “donaran” legal y voluntariamente sus propiedades para urbanizar la ciudad.

6 – Una historia similar ocurrió con el general Pablo Ramírez (Pablo Mamá), el caudillo de  Cambronal. El presidente Lilís, luego de atraerlo con falsas promesas, varios de sus hombres lo mataron en una emboscada.

7 – El general Candelario de la Rosa, soldado durante la Guerra de la Restauración (1863-1865), ya como general, tuvo protagonismo en casi todas las guerras y levantamiento armados que afectaron a la ciudad de Barahona a finales del siglo XIX. Según Matías Ramírez, el general De la Rosa, fue un militar honesto y patriota, Matías revela que fue llevado a Barahona, siendo todavía un niño, por don Tomás y Pedro Suero (al parecer se lo dieron en adopción en Macasias, un campo de Elías Piña), pero se lo entregaron a su hermana, Juliana Suero, para que lo criara.

8 – Matías Ramírez Suero. La Fundación de Barahona. Pag.133

9 – Ibíd. Pág. 133.

10 – Ibíd. Pág. 134.

11 – Juan Isidro Jimenes Grullón. La República Dominicana. Análisis de su pasado y su presente. Pág. 75.

“Tomado de David Barahonero con el permiso del autor”

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