EL INFIERNO 14 Y 15 DE JUNIO ABRIL/65 COMANDO BARAHONA

EL INFIERNO 14 Y 15 DE JUNIO ABRIL/65 COMANDO BARAHONA

por Justo M. Luperón (Frank Adolfo)

El propósito de Gabriel Reyes y yo, ir a la capital fue, como dijéramos anteriormente, hacer las diligencias para conseguir armas con las cuales nosotros, el grupo que nos reuníamos en casa de Dona Manuela Luperón, en Villa Estela, calle Independencia #14 esq. General Cabral, hacer lo que teníamos que hacer en favor de “La Revolución de abril”. Ya habíamos hecho muchos planes y el entusiasmo estaba desbordado. Sólo faltaban las armas y nosotros íbamos a hacer un levantamiento armado, tan pronto como estubieran en nuestras manos en Barahona.

Pero al llegar a la capital, la “Operación Limpieza”, estaba en fases terminal. Esa noche tuvimos que trasladarnos a la zona constitucionalista, cruzando el cordón ya tendido por las tropas extranjeras. Después fue otro cantar. El choque con la realidad nos hizo ver el lado cruel de la moneda, que no estuvo en las planes primarios. La lucha cambio de rumbo y diferente el desenlace.

Las cosas se desarrollaron de manera que, llegamos al climax, donde nos encontramos lidiando con una situación sumamente dolorosa. Teníamos sobre nuestros hombros la acción golpeante de un hecho lamentable que provoca la ocupación del Comando Barahona, por los activos del Comando San Lazaro. Esto nos trajos unos inconvenientes; un verdadero chock. Como aturdido estabamos, no medimos la magnitud de la gravedad hasta que de pronto nos tropezamos con el 14 de junio. Sus consecuencias

En el local que ocupaba El Comando Barahona, quedamos en estado cuestionamiento, unos 12 combatientes. Desarmados, sin comida. Sumidos en la verguenza, en el pesar intenso por la pérdida de dos hermanos tan queridos. Arropados con una serie de preguntas para las que no teníamos respuestas y no veíamos un futuro cierto en medio de esta tormentosa situación.

En la fecha del 14 de junio desde muy temprano en la mañana de ese día iniciamos los preparativos para ir a la manifestación que se pautó para realizarse en el baluarte de El Conde, desde donde se dirigirá al mundo el presidente en armas de la Rep. Dominicana, el Comandante Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Gabriel y yo en esos momentos difíciles, incrementamos el acercamiento como si con ésto pudiéramos contrarestar todo el cataclismo que inconscientemente presentimos. Estabamos más unidos que cuando llegamos a la capital en cumplimiento de la misión que allí nos llevó.

Por debajo del balcon del edificio de HIG, sede del Comando Barahona, pasaban contingentes de todos los tamaños, edades y colores. Cantando, lanzando consignas; a ritmo de marcha unos cuantos; otros con instrumentos de percusión, trompetas. Un “pandemonium” . Desbordantes esas gentes en alegría y demostración de resuelto desafío a las tropas que les requisaban en las medidas que desde la parte alta de la ciudad capital bajaban a la zona constitucionalista con miras de participar en un repudio masivo a la intromisión que sufría el pueblo dominicano. Precisamente aniversario de una fecha tan gloriosa para testimoniar nuestros fueros libertarios.

RUMORES DE ATAQUES

Según comentarios de alertas y experimentados combatientes, se había observado unos movimientos de tropas y acercamientos de tanques de Guerras mas numerosos que los habitualmentes desplegados en todo el perímetro del cordon desde la George Whasigton, siguiento toda la faja acordonada, hasta las inmediaciones del Poasi. Era nutrido el incremento de efectivos militares, armas de todo tipo, estrategicamente dispuestas y rostros de militares hostiles con la cantidad de gentes que se adentraban cada vez mas en interés de asistir, desde todos los puntos cardinales de la ciudad, como objetivo, la zona constitucionalista

Llegamos a pensar, en el análisis de esta actitud, de los militares extranjeros, que debido a tantas personas llegando a la zona, pese a que se publicitó por todos los medios radiofónicos e impresos, volantes, periodícos; y, comentarios voz en cuello, de que Caamaño hablaría para el mundo, en ese emblemático día, motivo por el cual estaba toda la prensa internacional envuelta con el ejembre de ciudadanos convocados, los militares custodia de la zona a través del corredor, estaban ejecutando las medidas por resguardar el orden y la tranquilidad, misma que podia verse alterada por la provocación de juntar tantas gentes en la zona. Eso pensamos nosotros.

Entre los rumores que cobró fuerza y creó un movimiento nerviso entre las fuerzas armadas bajo control de los constitucionalista, fue el hecho de que se habían sembrados algunos carros bombas para hacerlos volar en el momento espectante de la concentración de masa. Las medidas de chequeo se tornaron extremas en esa situación y todos a una estuvimos vigilantes..

Gabriel y yo fuimos al mitín. Como todos los combatientes. No teníamos armas. Nuestro local estaba deprovisto de todo. Estabamos. Como se dice a la intemperie. Tal era la verdadera situación de los combatientes del Comando Barahona.

La manifestación se desarrolló fluente. Tal como debió ser. Discuros enégicos de condena. Victores. Eslogan y cánticos. Una ola de emociones encontrados nos envolvió a todos los combatientes en ese instantes y hasta las lágrimas asomaron por el rostro de docenas de combatientes que sufrían, impotentes, algunos, el recuerdo de compañeros caídos en combates; en escaramusas; en los alrededores de la zona; en las periferias y los recientes, que perdieron sus vidas en la salvaje y encarnizados enfrentamientos de la “Operación Limpieza. Todo esto se ventilaba en ese momento crucial. Momento espetante al calor de los discursos y los llamdos al combate. Arengas que desdibujaban el futuro, resumiédolo a un presente volatil. Sumamente volatil, porque llegamos de pronto al convencimiento de que tantos preparativos no se iba a quedar en la demostración de fuerza, sino que se iba a utilizar tarde o temprano y fue mas temprano el ataque demoledor, compacto y selectivo de las tropas norteamericanas en las horas de la tarde del 14 de junio del 1965, creando un verdadero infierno de fuego, avances de tropas; ataques con morteros, tanques, comandos a pie y enfrentamientos en perímetros sumamentes sensibles, produciéndose innumerables bajas de ambos lados. Pero era sólo el inicio. Un atque de ablandamiento.

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