Históricamente Los Haitianos Han Fomentado Las Diferencias Entre Ambos Países.

Por: Ing. Carlos Manuel Diloné/FAMILIA BATEYERA

El problema entre los haitianos y los dominicanos se origina, básicamente, a partir del año 1795, con la firma del Tratado de Basilea, que cedió la parte oriental de la isla a Francia, evento éste que provocó una crisis económica, además de un grave problema demográfico.

Los historiadores dominicanos, han insistido en que las emigraciones que se produjeron a raíz del Tratado de Basilea y después de las invasiones haitianas de Toussaint y Desalines en 1801 y 1804, despojaron a la colonia de Santo Domingo, de la flor y nata de las familias dominicanas.

Al estudiar los libros de historia dominicana, que se refieren a este período da la impresión de que esas emigraciones fueron movimientos de población que solamente afectaron a los núcleos aristocráticos de Santo Domingo. Sin embargo, cuando se examinan con detenimiento los legajos del Archivo de Indias, la imagen que resulta es otra y lo que se observa es que la emigración afectó a todos los grupos sociales de la colonia de Santo Domingo, pues se trató de un éxodo masivo.

En estos legajos, se muestran una infinidad de relaciones de embarques masivos de familias dominicanas, que fueron a parar a diferentes puntos del caribe, incluidos Venezuela (especialmente Coro y Maracaibo), así como Cuba y Puerto Rico, desde la entrega de la parte española a Francia, en interpretación de lo dispuesto por el Tratado de Basilea. Consideradas en su conjunto esas noticias y tomando como base las listas de emigrados dominicanos hacia Venezuela solamente, se llega a la conclusión de que de la isla emigraron unas 100,000 personas entre 1795 y 1812. En apoyo de esta estimación se puede mostrar el “resumen de la población de Santo Domingo en 1812” recogido en el libro 8, documento número 38, del Archivo Real de Bayaguana, en donde se consigna que la población total de la isla era de 11,984 vecinos, alcanzando apenas 60,012 personas en ese año. Ver AGN, Fondos del Archivo Real de Bayaguana, libro 8, legajo 38.

La cifra de emigrados es sorprendentemente alta pero, al estudiar en su conjunto el movimiento global de la población sobre la base de los censos finales del siglo XVIII, específicamente de los años 1769 y 1782, comparándolo con el censo general de 1819 realizado durante la gobernación de Sebastián Kindelán, se pone en evidencia la magnitud real de esta crisis que bien podría ser calificada de una verdadera catástrofe demográfica.

Los datos de 1819, más detallados que los de 1812, arrojan una población de 71,223 personas en toda la parte española (Mackenzie, 1830: II, 114). En comparación con las 119,600 de 1782, estos datos significan que por lo menos el 35% de la población desapareció en el lapso de 37 años.

Si la comparación la hacemos con las 180,000 personas que debían vivir en la colonia en vísperas del Tratado de Basilea, entonces los resultados son ciertamente dramáticos, pues encontraríamos que la merma no sería de un 35% sino de un 60%. Las noticias de esos años no hablan de epidemias y, aparte de los degüellos y crímenes de Desalines y Cristóbal en Moca y Santiago en 1805, tampoco hay muchas evidencias de que las muertes en la guerra tuvieran mucho que ver con este impresionante  descenso de la población dominicana a principios del siglo XIX.

Todo lo anterior confirma que más de un 50% de la población dominicana salió de la isla o desapareció  entre 1795 y 1819 (Moya Pons, 1976).

 La Arrogancia de los líderes Haitianos frente al pueblo dominicano, ha sido el caldo de cultivo, que aviva las diferencias entre ambos países.

Toussaint Louverture, 1801


El 4 de enero de 1801, estando en San Juan de la Maguana, Toussaint Louverture, le dirige una comunicación a todos los habitantes de la parte antes española de la misma isla (el pueblo dominicano), reprobando el trato que le habían dado a su emisario, el general Pierre Agé. Toussaint finalizaba su llamado con una clara advertencia: “Yo os prometo la felicidad y la desgracia: escoged lo que querráis”.

Después de esta advertencia, era incuestionable su determinación de tomar posesión de toda la parte del Este de la isla.

Toussaint, tenía la visión de un estadista y como tal su propósito inicial era integral bajo un solo mando Saint-Domingue, con un criterio económico claro: restablecer la economía dominguesa con la misma pujanza que tuvo antes de la rebelión de los esclavos y sin la institución oficial de la esclavitud. De ahí que una vez consolidado su poder en la Parte del Oeste, decidiera hacerse presente en la Parte del Este para recibir, conforme al Tratado de Basilea, los territorios administrados por los españoles, cuya entrega se había retrasado por causa de Francia.

Jean-Jacques Dessalines, 1805

El ideal expansionista proclamado por Dessalines, quien había dicho dirigiéndose arrogantemente a los habitantes de la parte Este (el pueblo dominicano), “No existiréis, sino mientras mi clemencia se digne preservaros”,continuaba siendo el principal objetivo de la política haitiana. El peligro de nuevas invasiones continuaba latente y mantenía en una perpetua situación de zozobra a las poblaciones fronterizas. Lo mismo había sentenciado: El oficial tan vano como impotente y el grupo de bandidos que él comanda, pronto serán sepultados bajo los escombros de vuestra capital”

 Dessalines fue un carnicero que en Moca y Santiago cometió el genocidio de 1805, conocido como El Degüello. El día 6 de abril de 1805, el general Henri Christophe (Enrique Cristóbal), lugarteniente de Dessalines, incendió la ciudad de Santiago, incluyendo las cinco iglesias que había, degolló en el cementerio a los hombres de Santiago, entre los cuales estaba el presbítero Vásquez y 20 sacerdotes, apresó 249 mujeres que encontró, 430 niñas y 318 niños y los obligó a salir caminando a pie con rumbo a Haití

Este mismo general, general Henri Christophe (Enrique Cristóbal), había pasado por Moca y con sus tropas había hecho lo mismo, apresar a todos los hombres, conducirlos al cementerio y degollarlos, apresar a todas las mujeres del pueblo, a todos los niños y las niñas, y echarlos por delante, a pie, en su recorrido hacia Haití. Lo que se ha destacado en Moca es que cuando Enrique Cristóbal y sus tropas abandonaron el desolado pueblo las personas que habían logrado huir regresaron para encontrar el desastre y al entrar a la iglesia hallaron en el altar 40 niños degollados.

Lo mismo sucedió en La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, San José de las Matas, Puerto Plata, Montecristi y Monte Plata, en todos esos lugares los hombres fueron degollados y las mujeres, niños y niñas conducidos a pie hacia Haití.

HERARD RIVIÉRE, Invasión del año 1844.

–”Si en contra de lo que espero los dominicanos desconocen el lenguaje de la persuasión, que emplearé en todas las circunstancias, será entonces cuando mi moderación se transformará en una severidad que asombrará al universo y le asegurará a Haití una paz profunda y duradera”.

 FAUSTINO SOULOUQUE, Invasión del año 1849.


”No les dejaremos ni gallina ni gato vivos. . Yo los perseguiré hasta el fondo de sus bosques, y hasta las alturas del Cibao, sin piedad, ¡como a puercos cimarrones”. 

DR, JEAN PRICE-MARS, Año 1954.

-…”Fuera de estas contingencias, no hay perspectivas sino para la carnicería y la destrucción  de una comunidad por la otra”.

                                                                                              

Jean-Bertrand Aristide, llama a los haitianos a movilizarse contra las repatriaciones de haitianos, que avalada por el fuero de su soberanía, lleva a cabo la República Dominicana.

 “Ustedes- declaró el expresidente- que son víctimas de la inseguridad, de los abusos, del hambre y el desempleo y todos los haitianos que son víctimas de las repatriaciones desde Santo Domingo”, capital de la vecina República Dominicana, movilicémonos.  Ricos y pobres, es necesario entendernos para para suturar la bandera de la unidad”.

Michel Martelly, El presidente de Haití, dijo que su país no recibirá haitianos repatriados nacidos en la República Dominicana tras alegar que éstos son de nacionalidad dominicana.

 El presidente de la Cámara de Diputados, licenciado Abel Martínez Durán, calificó ayer como “un insulto y un irrespeto” del presidente haitiano Michel Martelly decir que en República Dominicana se ejerce violencia contra sus compatriotas. “Basta ya de insultos y de abusos contra una nación como la República Dominicana que sólo ha servido para extenderle la mano Haití cuando más lo ha necesitado”, subrayó.

Todo lo aquí narrado, es como una plataforma que antecede la obra actual, la que viene con esa carga de realidad que cotidianamente vivimos.

 No cabe duda que los haitianos, históricamente, han fomentado las diferencias entre ambas naciones. No hay que ser un genio para reconocer de donde provienen las provocaciones y el deseo de mantener en pugnas a ambos países.

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