BREVES RECUERDOS DEL BATEY CENTRAL


POR: VIRGILIO GAUTREAUX P.

19 NOVIEMBRE 2008

 

Nota: Esto lo escribí hace pocos años y quiero compartirlo con ustedes:

Cuando éramos pequeños los carajitos teníamos siempre presente El Batey Central, sus locomotoras, el humo blanco de la chimenea, el perfume del azúcar que llegaba a la ciudad de Barahona, las matas de flanboyán, de amapolas, laureles y otras especies. Son también un recuerdo imborrable los  extensos solares con grama, siempre limpios y la amplitud de las calles sin contenes, detalles éstos que aún los tenemos frescos.

El Batey  Central era una especie de este “Jardín Botánico”, multicolor,  lleno de chinchilines, ciguas, rolones, palomas, carpinteros y zumbadores. Grandes árboles con flores de diversos tonos,  llevaban elegancia y sombra a casi todas las calles, las cuales estaban siempre limpias.

Mientras caminábamos por el Batey, escuchábamos los azucarados sonidos del lugar, donde el ulular de las sirenas de locomotoras repletas de caña, competía con el ronco sonido del silbato del ingenio. El ruido del vapor y el pito de los barcos cargados de azúcar, también son recuerdos imborrables.

Para ir al batey se iba a pié o en bola. La bola era una institución. Muchas veces uno se montaba en los vagones de las locomotoras que llevaban azúcar al puerto de la ciudad. Otras veces algunos osados se encaramaban en los containers del tren de la empresa Sal y Yeso. Otros se iban montados en las Cigueñas (fuin-fuan). Muchos más se iban bordeando la playa  voceando “María la O, tu madre es puta y la mía No” y luego corrían para que el mar no se los tragara.

Olvidaba citar que para los años cincuenta del siglo pasado, existía una Ruta de transporte Batey Central-Barahona con dos guaguas, una de las cuales era de dos pisos (muy preferida por los carajitos). Sus conductores era Badín y Martín.

De día la muchachada del pueblo le gustaba ir al Batey, bañarse en el muelle del Cayo, visitar los amigos bateyeros y luego ir al ingenio para hacer una travesía que se iniciaba en el lugar donde llegaba la caña, luego venía un recorrido dentro de la Factoría, atravesando pasillos, subiendo y bajando escaleras, cruzando por lugares donde se contemplaban las diferentes fases de la elaboración del azúcar. Durante esta marcha, sucesivamente íbamos consumiendo caña, guarapo,  melao  y finalmente azúcar, que era transportada aún caliente por una especie de canal, hasta el sitio donde se llenaban los sacos. Era una verdadera aventura !!

Sin embargo, cuando el entusiasmo hacía pasar el tiempo y se avecinaba la noche, la cosa se ponía jodona. Con la caída del sol venían las sombras, las tinieblas. Ya no podíamos retornar por la orilla de la playa. Tampoco por los rieles. Se decía que el “hombre Guabina”, salía del mar y se llevaba a quien encontrara. Entonces había que correr por la carretera desde un poste de alumbrado hasta el siguiente, pues se creía que la luz alejaba los malos espíritus, zánganos, los muertos, los vacaces y cualquier otro Ser que el miedo sacara a relucir.

Arropados por el temor, el regreso a la ciudad se nos hacía más largo. Después de mucho correr desde un poste con farol al siguiente, faltaba la verdadera “prueba de fuego” de la nerviosa travesía, que la representaba el “cementerio de los americanos” y un poco más allá, la vieja casona de la Logia. Ambos lugares, se consideraban “el nido” de todo tipo de misterios que la fabulosa mente infantil pudiera imaginar. Muchas veces los chicos nos quedábamos a esperar que viniera alguna persona y nos íbamos detrás de ella en fila como indios.

Por eso, son muchas las visiones que tenemos sobre el batey, el ingenio, el estadio de pelota del batey, el club “El Gallo”, la cancha de volley-ball, el Country Club, el muelle, el rompeolas, el remolcador, etc.

Junto a mis cuchumil primos vistábamos la casa de nuestra tía-abuela, Gloria Vda Peguero cuya vivienda (ubicada en la quinta avenida), era para nosotros una especie de “Country Club”. Siempre había mangos y otras frutas. También un hermoso jardín. Un balcón de madera recorría una parte de la casa. Los pajaritos no cesaban de cantar. Era una delicia. En la casa había un gran columpio que todos disfrutábamos.

ARTISTAS LOCALES PLASMAN EL VÍNCULO AZUCARERO CON LA DINÁMICA SOCIOECONÓMICA BARAHONERA

 

A pesar de yo “ser del pueblo”, (como nos llamaban los bateyeros) tenía una gran admiración por el Batey, su organización y limpieza. Su gente sencilla, amable, cortés y amistosa. No bullosa. Siempre respetuosa y muy trabajadora. Muy gentiles al momento de orientar los visitantes que indagaban sobre una dirección u oficina.

Dentro de la gigantesca factoría azucarera, estaban los “ingleses”, nativos de posesiones británicas en el Caribe. Hombres de color muy capacitados, los cuales se desempeñaban como mecánicos y operarios de las grandes máquinas, tales como calderas, centrífugas, tachos, etc. Recordamos que siempre tenían cerca sus biblias escritas en inglés (Holy Bible), la cual leían en sus ratos de descanso. A base de tenacidad, muchos de ellos que inicialmente ingresaron como simples auxiliares,  a base de trabajo tesonero y dedicación, con el paso del tiempo llegaron a desempeñar labores de responsabilidad dentro de la empresa. Con esos principios criaron sus descendientes.

Muchas veces los bateyeros (como les decíamos) nos cajeteaban porque “invadíamos” su territorio. Hacíamos desórdenes y vainas de muchachos. Entonces los bateyeros actuaban y teníamos que salir juyendo. Para los que vivíamos cerca del parque central de la ciudad de Barahona, “la venganza” era fácil, pues nos colocábamos en la puerta de los cines Ercilia y Unión y esperábamos que salieran con sus hermanos y hermanas bien mansitos y le decíamos ¿y ahora?  Se ponían blancos como un papel, pero de ahí no pasaba la cosa, pues también habían bateyeros grandes y fuertes que los acompañaban. Asimismo, muchos éramos condiscípulos en las escuelas de la ciudad de Barahona. Eran otros tiempos !!!

 

OTRA DULCE MUESTRA  PICTÓRICA BARAHONERA

Por orgullo, los bateyeros se esforzaron por ser iguales o mejores que los deportistas del pueblo, lo que dió como resultado que la gran ganadora fuera la Provincia de Barahona. Los bateyeros se destacaron en todos los deportes. Recordamos a Jirbo (Teófilo James), Lagá (Teodoro Martínez), Ricardo Joseph, Julito Edwars y su hermano Jalisco. También estaban los “Mellizos del Terror” Héctor y Jorge Nin !!. Un poco antes estaban los hermanos Martínez. Los equipos de pelota del Batey, siempre fueron  muy difíciles de derrotar. En Volley-ball descollaron Angelito Adolphus y Enrique Molina. Más adelante vino Betzaida Burroughs.  Otras generaciones posteriores de deportistas bateyeros, han puesto en alto esta tradición deportiva.

Hoy al igual que la ciudad de barahona, el Batey Central ha cambiado. Ha crecido bastante su área urbana y tiene algunas áreas a arrabalizadas.  A muchos de los recién llegados no les importa un carajo las viejas tradiciones y el ambiente de respeto de antaño. Sin embargo, en muchas viviendas de los bateyeros “originales” se respira tranquilidad, respeto, silencio y paz.  

Eso fue lo que yo experimenté cuando visité el hogar de Albott James en el año 2008 y posteriores. Parafraseando a Gustavo Tavárez: Eran otra gente. Eran otros tiempos.

 

VIRGILIO GAUTREAUX P.
4 MARZO 2018

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