Alegría por Virgilio Gautreaux

Alegría por Virgilio Gautreaux

 

Por Welnel Darío Féliz

 

Conocí a Virgilio Gautreaux en el año 2006, fue un encuentro fortuito, en razón de alguna actividad académica. Desde el momento en que nos conocimos comenzamos a forjar una gran amistad, la que se ha consolidado con los años. No era para menos, nos unía el interés común por la región, acompañada por el amor por la investigación y la historia de Barahona, de Cabral, de Enriquillo y de los demás pueblos suroestanos. Por entonces “el señor Gautreaux” nos deleitaba con sus reflexiones sobre temas históricos, además de los económicos, sociales y culturales.

 

Nuestros primeros encuentros comenzaron en los salones de la Academia Dominicana de la Historia, luego en ocasiones solíamos compartir en la desaparecida librería Thesaurus, y también hacíamos vida en La Trinitaria y Cuesta. Posteriormente creamos la Peña Historica Sureña y fijamos cada sábado para juntarnos a hablar de temas históricos y sociales de la región. Luego se unieron el General e historiador Rafael Pérez y Alfredo Urbáez Ferrer. De esa peña han salido importantes reflexiones sobre la región y el país que han culminado e artículos y ensayos, además de fortalecer la unidad.

 

Comenzar a compartir con Virgilio me situó al mismo tiempo en un espacio privilegiado, pues tuve la oportunidad de abrevar de sus conocimientos, intelectualidad y capacidad investigativa. Y es que Virgilio Gautreaux es increíblemente incansable, nuestro Cacique, como lo bautizamos en la Peña, posee una energía inagotable, un espíritu y una creatividad sin paralelo. No hay semana en que no esté sumido en un nuevo proyecto de investigación, en una nueva entrega, ya desde los periódicos digitales, ya desde el impreso, como Armario Libre. A cada uno de ellos le imprime pasión, amor, levanta documentos, pregunta, indaga, profundiza, es un sabueso del dato, un enfermo con la verdad histórica. Los aportes de Virgilio a la historia de Barahona y la región están allí, diseminados en internet, los cuales, compilados, suman páginas para dos tomos de un buen libro suroestano.

 

Pero Virgilio no se queda en el investigar y escribir, sino que se hace presente en cada actividad. Se le puede ver en eventos culturales, en fiestas de barahoneros, dictando conferencias, participando en todo, además de estar atento a las noticias locales, de impulsar soluciones a los problemas regionales, de interactuar en cada cosa. A ello se suma su interacción con los amigos, su sentido del humor y su capacidad de tolerancia. Fuimos Virgilio y yo quienes sugerimos los temas y los conferencistas en el evento Barahona-Pedernales: Orgullo de mi Tierra, de CCN; hemos viajado juntos en apoyo a eventos barahoneristas en los Estados Unidos y abordado otros proyectos.

 

El amigo Virgilio es sin lugar a dudas un genuino representante de la barahoneidad, un amante de la región que se enfoca en todos los campos y que también saca tiempo para su acervo, su conocimiento y participa constantemente en los círculos de conocimiento. Él ha trascendido más allá de sus escenarios, sus tentáculos llegan  al cultivo de amistades con historiadores de La Vega, Santiago, La Romana y otros sitios, y precisamente sus intervenciones llegaron a conocimientos académicos. Fue así que por su amor por la investigación, su entrega al desarrollo del conocimiento y su dedicación a la difusión historiográfica, la Academia Dominicana de la Historia acaba de designarlo como Colaborador, un reconocimiento a sus aportes a la historiografía.

 

Por ello sentimos inmensa alegría por Virgilio Gautreaux, en una acción merecida que no solo genera satisfacción por el deber cumplido, sino que obliga a intensificar, acentuar y extender el compromiso para con el desarrollo de la región suroeste. Enhorabuena.  

Un Comentario

  1. Virgilio Gautreaux y Héctor Cuello (Rafelín) forman una combinación explosiva para el bien de la cultura de Barahona.
    Deberían juntarse y formalizar un proyecto que tenga el auspicio del Ministerio de Cultura, el Archivo General de la Nación y la Academia Dominicana de la Historia, para proyectar a Barahona en su justa dimensión.

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