Juan Pablo Duarte después del 26 de Enero del 2020

 

Por: Carlos J Vidal Lassis

 

Al escribir sobre Juan Pablo Duarte es difícil no caer en repetir lo que muchos han dicho, sin embargo, así como las percepciones de cada individuo son necesariamente diferentes, mi percepción y lo que yo exprese en base a ella de nuestro patricio, por lo tanto, debe ser diferente a la de todos los  demás.

 

Primero es diferente porque al conmemorar y celebrar su  207 aniversario de nacimiento, buscando que se preste atención a lo que escribo de nuestro patricio, lo publico para que se lea después del 26 de Enero. Impacte pues a quienes lean y que como acto patriótico, aquellos de buenos sentimientos nacionalistas y dominicanistas compartan estos aspectos pocos conocidos de nuestra Historia.

 

Segundo, debo señalar que generalmente se exalta su figura por su gran sacrificio y aportación a la creación de nuestra nacionalidad y se narra y se discute y se esbozan diversas opiniones en un sentido u en otro sobre nuestro insigne padre de la patria, cumpliendo con el ritual de las efemérides de la celebración de su vida. Sin embargo, a propósito de la insistencia de justicia social de quien sabe decir las cosas que importan, bien dichas, mi amiga Dra. Luisa Navarro, indicaré aquí lo que asumo fue el papel de la madre de Juan Pablo Duarte, Doña Manuela Diez  Jiménez  o Ximénez, como se escribía en esos tiempos.

La madre de Juan Pablo Duarte tiene una gran parte del mérito y la honra que nos merece nuestro ilustre creador, generador e impulsor de nuestra nacionalidad, desde que es la sembradora de los principios, valores morales y sentido patriótico en el seno de la familia Duarte y Diez. Celestino, su hermano y sus hermanas, participes directos en la forja de nuestra patria, heroínas de primera fila.

Citar al periódico El Nacional del 26 de Junio al recordar en un articulo de la Redacción sobre la madre del patricio, lo dice casi todo.

 

“Alimentó y apoyó la formación intelectual de sus hijos e hijas, así como las ideas que originaron el nacimiento de la sociedad secreta la Trinitaria.

Padeció con entereza la persecución y el allanamiento en su hogar, mientras su hijo permanecía oculto durante el proceso de conspiración que le expulsara del país.

Ya en 1843, debió asumir la jefatura de su hogar en conflicto por la persecución del Gobierno haitiano, al quedar viuda en noviembre de ese año. Para ese entonces Juan Pablo Duarte se encontraba en el exilio extranjero. A solicitud de este, decidió poner al servicio de la causa patriótica de los bienes familiares recién heredados del padre, lo que demuestra la firmeza de los ideales patrióticos y entrega a la causa.

El momento más jubiloso de Manuela Diez fue cuando ya independizada la patria, recibió en casa a Juan Pablo Duarte de regreso del exilio. En aquella ocasión aceptó el reclamo de Sánchez de que, no obstante el luto reciente, abrieran las puertas de la casa, repleta de gente, y se colocara una bandera en la ventana.”

Doña Manuela Diez y Ximénez de Duarte debe ser justamente celebrada con agradecimiento por su labor embrionaria de la dominicanidad en el seno de su familia, de donde surgió el carácter y los fundamentos morales que fertilizaron la creatividad, la visión, la determinación patriótica de Juan pablo Duarte.

 

Tercero, quiero expresar la gran tribulación y el gran anhelo que muchos compartimos de enfrentar los grandes desafíos de la titánica labor que aún falta desarrollar para satisfacer la visión y completar el plan para concretizar la Republica Dominicana tal y como fue ideada y formulada por Juan Pablo Duarte y aquellos a quienes han seguido luchando por completar su obra. Algunos enarbolamos la mención de Duarte, Bosch y Luperón, como los símbolos de la línea de pensamiento continua que constituyen. Cada uno en su contexto, aunque hay otros próceres más que no mencionamos, que también han levantado la bandera nacional con la dignidad, la entereza, el coraje, y la consciencia de la gran necesidad todavía vigente de la verdadera liberación e independencia nacional. No ya de otras naciones, pero si de aquellos que han traicionados los principios de Justicia Social, Democracia, Libertad, Soberanía, igualdad, equidad con que fue concebida nuestra nación por nuestro padre de la Patria Juan Pablo Duarte y gracias en buena parte a la gestión materna-familiar embrionaria de su formación,  su carácter, su arrojo, su sacrificio y su determinación del logro de la creación de la Republica Dominicana.

 

Cuarto, Parece mentira que aún hoy día es necesario retomar la lucha de Duarte y de todos los verdaderos dominicanos. Hay suficientes, que tienen las condiciones morales y materiales para hacerlo, lo que falta es la manera de hacerlo. Y hacerlo de manera que los de siempre no enloden y detengan la acción honesta de los auténticos dominicanos.

Los seguidores del pensamiento duartiano, es decir, los verdaderos dominicanos, deben procurar organizarse de manera inteligente y generar una estrategia moderna para conformar un organismo de características fuertes, disciplinadas, inquisidoras moralmente de sus miembros para garantizar su idoneidad. Solo falta que algunos de prestigio ya ganado por su rectitud y por sus méritos personales, con probada transcendencia moral y con un espíritu de entrega y sacrificio similar al de Juan Pablo Duarte, se convoquen, unos a otros e inicien el camino de la dignidad nacional. No es un sueño, es una posibilidad muy real. Depende de cada uno.

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