La navidad de hoy

foto: elbarahonero

Por Bienvenido Matos Pérez

En mi niñez y también en mi primera juventud la navidad era una fiesta hermosa, una añoranza que la gente esperaba como un regalo de Dios.

Nos sorprendían las brisas benignas, tierras con aromas de familias, con atuendos de muchachos grávidos de inocencia, esperando el día para estrenar sus trajes más anhelados, ¡oh qué tiempos aquellos! es verdad que los tiempos cambian y los mortales a veces ni siquiera nos damos cuenta.

Después el día se llenaba de recuerdos, eran pocas las emisoras entonces se escuchaba con mucha penetración, Radio Barahona la favorita del Sur que le ponía color, calor y sentimientos a esa época de navidad. Desde octubre la música navideña tenia preponderancia, la orquesta santa Cecilia, Luis Alberti, El negrito Truman, La Sonora Matancera, Jhonny Ventura el maestro de maestros y rey de la navidad dominicana Félix del Rosario, ponían ese son de Dominicanidad a los espacios fiesteros navideños.

Otros que no se quedaban eran los grupos de Puerto Rico, Felipe Rodríguez (la voz), Davilita, El gran Combo y todos los gibaros de Borinquén irradiaban sus encantos por todos los aires para el disfrute de las más bellas fiestas de navidad.

Todos estrenaban el día posterior a la cena de noche buena, ósea el 25 de diciembre y los muchachos y las muchachas vestían sus mejores vestidos o sus ropas nuevas muy lucidas y brillantes, todo lo nuevo brilla, para entonces no se usaban «regueras» ni «pacas» y los comercios de la época Gabriel Yannie (El turco le decían), la tienda El Encanto, La Casa Emilia, Ángel Tezanos y su famosa tienda, así como los vendedores de telas y ropas diversas que se ubicaban en los alrededores del mercado Público hacían su agosto con las ventas navideñas.

Es bueno recordar que para la época operaban como patrimonio público al servicio de la nación Dominicana, el Ingenio Barahona, Las minas de sal y yeso y otras instituciones manejadas y administradas por el estado Dominicano que eran grandes generadores de empleos y dichas instituciones otorgaban a sus trabajadores la regalía pascual y en muchas ocasiones hasta de bonificaciones disfrutaban, lo que activaba la circulación económica que se observaba entonces en la época de navidad que discurría llena de encantos y emociones, de mucha sanidad y disfrute para los ciudadanos de esta preciosa perla del sur.

A esto hay que agregar la actividad agrícola que se expresaba con mucha pujanza y que era un renglón que sostenía familias enteras, aquí hay que destacar el auge del café que aporto recursos cuantiosos a las familias del sur del país y muy en especial las familias Barahoneras, porque con sus granos cada propiedad proporciono las riquezas que dieron felicidad a todos.

La noche de noche buena era un especial reencuentro, las barriadas se engalanaban de higiene y la belleza natural tan acentuada hacia que el paisaje natural se tornara nostálgico y en cada hombre y mujer brillaba un rayo de esperanza, de augurios y se hacían grandes las aspiraciones de la gente.

En mi época, que es la misma de gran parte de la población me refiero a los tiempos de los sesentones, cincuentones, y cuarentones (así fuimos bautizados por el inmenso Yorik Rafael Piña) ósea a los años de los que vivimos esa época de gloria, de inocencia caracterizada por el buen vivir, por la solidaridad, la entrega del uno para el otro, en ese tiempo no habían repartos de cajas navideñas, a nadie le regalaban fundas y nadie andaba detrás de esos miserables regalos y por ello no se veía el deprimente espectáculo de golpear a hombre y mujeres por una fundita insignificante de comida y todo el mundo celebraba su fiesta de navidad.

Es posible que hubiera más miseria que la que abunda hoy, pero había más fuentes de trabajo y el hombre y la mujer se respetaban, había mas orgullo y los padres de esa generación hacían su papel en la crianza y formación de sus hijos, cuando eran las 12 del mediodía y la sirena sonaba había que salir huyendo para la casa hubiera o no comida y si un vecino quería brindarle parte de su almuerzo a cualquier muchacho tenía que llevárselo a su casa, porque como antes habían mas carencias materiales, mas limitaciones pero la formación era superior, era sólida, fuerte y lo que se le escapaba a los padres en la casa, en la vieja escuela sin ornamentos ni lujosos sanitarios y pisos de cerámica pero con maestros grandes de sentimientos se cubrían ¡oh qué tiempos aquellos Dios mío!

Por eso la navidad de nuestro ayer era una fiesta de la solidaridad, de la entrega, al lugar que le faltaba una cosa la hallaba en el más próximo con amor y devoción.

De esa época que hoy rememoro recuerdo con muchos sentimientos cuando las calles eran de tierra como cada familia regaba su pedazo de calle y lo limpiaba, no había energía eléctrica en las calles y pocas casas poseían este vital servicio y los jóvenes nos movíamos de un lado a otro a llevar al vecino y los familiares su plato de cena navideña que consistía por lo regular en un locrio de pollo y cerdo con ensalada verde, teleras, no se conocían las exóticas comidas que se preparaban hoy pero se cenaba y se repartía con amor un pedazo de pan al que lo necesitara.

Por ello quiero en estas líneas reiterar que la llamada privatización de las empresas publicas fue un engaño a la nación Dominicana, una estafa a las clases más desposeídas que solo sirvió para empobrecernos hasta la más degradante humillación, al negar a todo un pueblo el sagrado derecho al trabajo y a la superación. Por esto antes no había que repartir funditas miserables, ni habían tantos planes y las navidades eran más humanas y participativas y más cristianas y por ende más bonitas y emotivas.

Pero alguna vez vendrán tiempos mejores, así confió, así espero, en estas navidades ¡felicidades! sea la misericordia de Dios con cada hogar Dominicano, con cada terruño, con cada hombre y mujer y que la luz de la esperanza que guio los magos a belén siga alumbrando a esta tierra promisoria para llevarnos a puerto seguro.

¡Quiera Dios que así sea! Amen.

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