LA VIEJA Y OLVIDADA PRENSA BARAHONERA

 

Por Bienvenido Matos Pérez

 

La prensa barahonera se inicia formalmente con el surgimiento del periódico “El Birán”, en 1913, bajo la dirección de M. Nicanor Espinal; ocho años más tarde, el profesor José A. Robert, escritor, maestro, periodista y munícipe barahonero lanza a la luz pública “El Bahoruco”, medio periodístico de mucho interés.

Las publicaciones se caracterizaban por insertar en sus páginas noticias de naturaleza cultural, orientación que trascendió los medios locales, y en el tiempo los periodistas se destacaron por hacerse eco de las noticias culturales y sociales en general. De manera que hombres de la prensa como Julio E. Lembert Peguero, quien laboraba para el Listín Diario, y Rogelio Vásquez Acosta, éste fue corresponsal de El Caribe, ambos limitaban sus notas y reportes a esas especialidades.

Luego del ajusticiamiento de Trujillo, el ejercicio periodístico comenzó a cambiar y la aparición de medios abiertos y avanzados como “Noti-tiempo” de Radio Comercial; “Radio Mil Informando, de Radio Mil; “Noticiario Cristal”, de Radio Cristal; “Radio Reloj Nacional”, de Radio Continental, y el periódico vespertino “El Nacional de Ahora”, le dieron un giro muy significativo a la manera de informar y al contenido de la noticia, y surgieron dinámicos corresponsales que se involucraron en las denuncias y la búsqueda de la noticia que se producía día a día.

Con la Guerra de Abril de 1965, la revista ¡Ahora! Con sus reportajes sobre las acciones de la contienda, la circulación del periódico “Patria”, surgido del seno de los constitucionalistas y que llegaba a Barahona, gracias al chofer Rolando Matos, quien por ello fue torturado por órdenes del mayor Eladio Marmolejos, murió como consecuencia de ello. El profesor Víctor Tavárez, también patrocinaba que estas publicaciones llegaran a Barahona.

Luego, los excesos y la intolerancia se convirtieron en tragedia, las amenazas, persecuciones y represión, fue una constante contra la prensa durante los 12 años de gobierno de Joaquín Balaguer, a niveles tan alarmantes que el propio presidente expresó en determinados momentos, que todo era obra de fuerzas incontrolables.

El presidente Balaguer asumió el poder en medio de fuertes críticas y cuestionamientos por el accidentado “proceso electoral”, el primero de junio de 1966, y se posesionó del cargo de presidente un mes después, manteniendo en el poder por medio de elecciones plagadas de maniobras fraudulentas, a las cuales Bosch llamó “mataderos electorales”.

Ciertamente, el mismo período pre-electoral de las elecciones de 1966 fue traumático, tenso, la maquinaria del terror de las fuerzas de la ultra derecha, combinadas con un sector militar sembraron el terror, el luto, que se  hizo llanto y dolor en la familia dominicana; el país se volvió caótico, la persecución y el crimen campearon por sus fueros y la prensa no fue la excepción, los referidos medios informativos nacionales fueron amedrentados y se convirtió en una práctica el cierre de radioemisoras y la restricción y ataque a la libertad de expresión y difusión de los medios escritos de avanzados, como forma de sacarlos del cauce en que debían actuar para defender la democracia, las libertades públicas y la institucionalidad.

El panorama de aquellos tiempos no pintaba bueno, el principal candidato y quien venía de ganar las elecciones anteriores fue derrocado por los enemigos de la libertad y la democracia, y esto provocó una guerra civil y una posterior intervención armada auspiciada por los Estados Unidos de Norteamérica, sectores conservadores, incluyendo parte del empresariado, algunos militares y un sector de la iglesia: así el profesor Juan Bosch fue hostigado y perseguido a tal extremo que más que aun proceso electoral parecía que nos preparábamos para otra guerra y estos grupos querían impedir que este que este no participara en dicho proceso electoral.

En medio de todo, pese a la hostilidad a que fueron sometidos los sectores democráticos, la prensa dominicana jugó su rol, un papel extraordinario en la defensa de los derechos humanos, de las libertades públicas y de los derechos individuales de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.

Fue tan intensa la represión que muchos pueblos parecían sumergidos en el ocaso y se convirtieron en lugares fantasmas por la forma en que se movía la gente, el temor que reflejaba la juventud para trasladarse de un lugar a otro, pero en cada municipio, provincia y hasta parajes los periodistas en ejercicio de sus corresponsalías se convirtieron en la voz de quienes la habían perdido frente a tan fuerte y prolongada ola represiva.

Barahona, una provincia con muchas historias protagonizadas por figuras que han dejado sus luchas marcadas con los rasgos propios de las huellas indelebles, todo para que los hombres y las mujeres puedan incorporase a esa brega en interés de alcanzar estadios promisorios de desarrollo democrático e institucional.

Aquí se han escrito páginas brillantes, y se han celebrados jornadas altamente significativas en pro de estos nobles ideales, desde la tiranía trujillista hasta nuestros días, es por ello que, al recrudecerse las violaciones, los atropellos, al entronizarse el terror con categoría de Estado. Con el acenso al poder del doctor Joaquín Balaguer a la prensa barahonera no le fue fácil colocarse en la acera del frente para denunciar esa ola gigantesca de violaciones que solo tuvo similitud con los tiempos de la tiranía trujillista.

Los periódicos de entonces El Nacional de Ahora, El Listín Diario, El Caribe, Última Hora y los noticiarios de radio y televisión esperaban ansiosos los reportes del interior y era extraño que la prensa de Barahona no reseñara un asesinato, la persecución o un grupo de detenidos por motivos políticos. Titulares de aquellos días: “Hallan granada en casa de dirigente de izquierda”, “Apresan corresponsal con revolver ilegal”, “Allanan casas de la parte alta de la ciudad buscando corresponsal de “Noti-tiempo”, o aquella estremecedora, triste y lamentable noticia “Sargento PN asesina cuatro en Barahona”.

Aquí, ser corresponsal era un desafío, un riesgo permanente, un peligro, la intolerancia oficial no aceptaba la denuncia de la verdad, pero estos los corresponsales periodísticos florecieron como la verdolaga, la juventud sentía un gran compromiso con la verdad, con las libertades públicas y con el progreso democrático.

La intolerancia se convirtió en realidad, Roldan Melo, entonces un valiente y decidido corresponsal periodístico del entonces prestigioso y popular noticiario “Radio Mil Informando”, tuvo la desdicha de caer en sus manos, fue el día que siguió a una noche en la cual la Policía Nacional asaltó las instalaciones del liceo nocturno “Dr. Federico Henríquez y Carvajal” que operaba en el local de la Escuela “Leonor Feltz”, fueron atropellados brutalmente profesores, estudiantes y empleados, inclusive, el director del plantel, profesor Elino Franco; cuando Melo se había hecho eco de las incidencias y por ello fue raptado, torturado y golpeado salvajemente por agentes policiales destacados en el cuartel general “Enriquillo”, fue entregado a sus familiares a la medianoche, bajo el compromiso de presentarlo a las 8:00 de la mañana del día siguiente.

Fue un ataque indiscriminado, se emplearon de manera desproporcionada bombas, macanas y culatazos contra todos, esta alevosa acción fue repudiada con vehemencia por la prensa de la que fue parte importante el periodista agredido.

Roldan Melo estaba en condiciones de salud crítica, pudo salvar su vida al ser trasladado a la clínica Abreu de la ciudad capital en un vehículo privado en horas de la madrugada, eludiendo los puestos de chequeo. Esta golpiza fue ejecutada por los mismos policías que habían penetrado violentamente en el interior del liceo nocturno Dr. Federico H. y Carvajal para agredir

Pero el cúmulo de violaciones fue tan grande que resulta imposible narrar las situaciones una por una; pero, estos casos la prensa barahonera los guarda en su historia denuncias vehementes hechas con la firmeza de quienes estaban convencidos del derecho que tiene todo pueblo de informar y estar debidamente informado.

Otros casos no menos groseros y repudiables fueron el apresamiento y maltrato físico a que fue sometido el periodista Julio Eusebio Ruiz, salvajemente golpeado por una patrulla policial con la intención de callarlo porque publicaba informaciones en periódico “El Caribe”, sobre la represión policial; lo mismo sucedió al periodista Víctor Reyes corresponsal del periódico “El Sol”, quien permaneció 45 días en prisión y no se le instruyeron cargos, quisieron amedrentarlo, advertirlo; pero Víctor Reyes respondió con mayor consagración, estaba convencido que el estado de inseguridad que vivía la población barahonera y todo el país solo se superaba con la denuncia responsable, veraz, abierta y decidida de toda la prensa dominicana.

El reputado periodista Oscar López Reyes, recoge en su libro “El l otro periodismo, el de provincias” la corresponsalía de Wilson Gómez para “Noti-tiempo”, en 1970, concurriendo con Roldan Melo que representaba a “Radio Mil Informando”, Gómez fue objeto de un intenso asedio por parte de la policía, específicamente por parte del capitán Cerón Mueses, instruido por el comandante de la plaza coronel Paulino Reyes de León, quienes rechazaban la veracidad de las denuncias que se formulaban y negaban todos los hechos represivos y abusos que acontecían en la entonces convulsa ciudad de Barahona.

Al dinámico periodista Alejandro Guevara Jiménez, corresponsal del municipio de la ciénaga se le acusó de intentar asaltar el cuartel policial de su comunidad  por el hecho de denunciar que el comandante policial de puesto en La Ciénaga recibía prebendas de los rifleros para que sus bancas permanecieran abiertas; los periodistas agrupados en Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa SNTP asumieron la defensa del corresponsal en toda la región hasta lograr su libertad, de toda esa constelación de viejos periodistas hay que mencionar a Freddy Radhamés Cuello (Timo) que fue hecho preso por un famoso revólver, a él nunca se le pudo probar que había motivos serios que justificara su prisión o privación de libertad. Este periodismo tenía mucha vocación de servicio, se jugaba la integridad física y la propia vida para defender los derechos humanos y las libertades públicas, para informar y edificar debidamente a la gente del pueblo. Este trabajador de la prensa, fue objeto de múltiples persecuciones, prisiones, violaciones y agresiones, pero no se dejó intimidar y supo denunciar la represión y todas las violaciones que el organismo de terror escenificaba, y en cada lugar supo defender con responsabilidad el derecho del pueblo a estar bien informado.

No olvidarlos, reconocerlos para que puedan ser ejemplo a estas generaciones, es una responsabilidad de quienes aspiramos a una prensa libre e independiente al servicio de la verdad y solo la verdad, por ello nuestro reconocimiento a Roldan Melo, Vianelo Perdomo hijo, Wilson Gómez, Melton Pineda, Freddy Radhamés Cuello (Timo), Luis López Méndez, Alejandro Santana, Hildelice Larancuent, Leoncio González Cuevas, Manuel Nin, Julio Eusebio Ruiz, Francisco González, Víctor Reyes y Genao Contreras.

También, Ricardo Pineda Heredia (Pililo), Olmedo Pineda, Frank Pineda, Juan Francisco Matos Espinosa, Lores Sánchez Terrero, Paul Meguis, Teuddy Sánchez, José Francisco Labourt, Manuel Carrasco Peña, Amable Féliz, Luis Noboa, Radhamés González, César Ramírez, Domingo Federico Fatule hijo, Freddy Galarza y Gabriel Reyes, entre otros, muchos de los cuales jugaron su papel de informadores públicos al precio de su vida y de su seguridad personal y de sus familias.

El surgimiento de “Diario Noticias”, como noticiario radial de Barahona, en 1972, es digno de resaltar, pues, la corresponsalía periodística se hizo presente en toda la región y se multiplicó el número de corresponsales, de manera que no había lugar de la región que no contara con los servicios de estos verdaderos activistas sociales que, impulsados por la más pura vocación de servicio, desafiaban riesgos y tramitaban las denuncias de los “quejosos”, como solían decir tan frecuentemente.

(Artículo tomado de la Revista “Aquí Barahona” No.4)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARLOS JULIO PÉREZ: ¡Otra estrella del béisbol de manufactura barahonera!

Por Wilson Gómez Ramírez

 

Carlos Julio Pérez, aparece en los registros oficiales con nacimiento en Santo Domingo, no queriendo significar con ello que vio la luz en la capital, más bien quiere esto decir que es dominicano, lo que es cierto. Más cierto resulta que su nacimiento se produjo en lo que es hoy el Distrito Municipal de El Cachón, Barahona, hecho ocurrido el 3 de junio de 1955.

A los tres años de edad su familia se traslada a la ciudad de Barahona, allí se desarrolla, muy temprano comienza a practicar el béisbol, como todo jugador infantil llegó a usar la mascota de lona, la pelota preparada con hilo de nylon, hilo fino de coser, esparadrapo o tape, y bates rústicos surgido de los pocos tornos que había entonces.

Intercambió en juegos juveniles con el equipo “El Arco”, conformado por jugadores que residían en las proximidades del Arco de Triunfo, a la entrada de la ciudad, no olvida a sus compañeros de entonces y menciona entre estos a Oscar Ventura.

Muy joven le correspondió hacer un periplo acompañando a su padre, por tanto, vivió períodos relativamente cortos en san Francisco de Macorís, Rio San Juan y Sosúa, Puerto Plata; paseaba así su vocación deportiva y donde quiera que llegó buscó la manera de integrarse a una novena de béisbol para poner en relieve su calidad como persona y como atleta.

En 1972, ingresa al equipo de béisbol de la Fuerza Aérea Dominicana (FAD), logra allí imponer su calidad con lanzador; no olvida que tras la Marina de Guerra ganar de trofeo del circuito militar fue llamado a reforzar este conjunto, logra destacarse y alcanza brillo esplendoroso entre los lanzadores estelares del béisbol amateur superior.

Carlos Julio, a quien sus compueblanos barahoneros identifican como Pin, recuerda con un señalado dejo melancólico, aquella serie final del béisbol amateur romántico y presionado entre la Marina de Guerra, que él reforzó, y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), entonces muy vivo el antagonismo, 1973, época escabrosa de los 12 años de Balaguer, y tuvo que lanzar y obtuvo la victoria en un disputado y cerrado juego que terminó 2 carreras por 1. Entonces por la UASD figuraban como jugadores Juan – Piñao – Ortiz, el también barahonero Julio Edwards, Fidel Mejía, Diego Hurtado, José – Maney – Cabreja, entre otros.

Pérez, también vio acción con el también emblemático equipo de béisbol del Central Río Haina, otro de los conjuntos de esa disciplina deportiva que tanto lustre dio al amateurismo, llegó allí, en 1974, precedido de la buena fama sembrada en la liga militar, allí se percata de la buena fama dejada por su compueblano y amigo Raymond Vólquez, barahonero sobresaliente como atleta, como comentarista y narrador deportivo. Allí comparte sus juegos con otro destacado jugador barahonero, Wilson Contreras (Wisón), a quien recuerda por su tórrido bateo y su buena defensa.

Carlos Julio Pérez, fue llamado a formar parte de la selección nacional dominicana que representó al país en Santiago de Cuba, en 1975, su trabajo también se hizo sentir en aquella ciudad oriental cubana.

Este pitcher derecho continuó con su ascendente carrera y fue fichado por el equipo de Grandes Ligas Angelinos de California, se destaca en los circuitos menores: Rocky league, clase A, doble A y alcanza la importante categoría de triple A, todo esto ocurre en el segundo lustro de la década de los 70s.

“En seis años con esta organización, hice todo lo que tenía que hacer, buen control, el mejor manejo en situaciones difíciles, disciplina en el box, relaciones excelentes con la dirigencia de aquellos equipos y mis compañeros, en fin, solo me faltó mejor suerte” – afirma Pérez.

Carlos Julio, tiene como rasgo característico que una persona sosegada, tranquila, sana, a veces deja traslucir que, pese al tiempo, es de alguna manera tímido; todavía hoy no es muy dado a hablar para medios de comunicación. Esta entrevista ameritó la intervención del locutor y periodista Frank Jiménez, director del periódico digital barahonero El Birán NY.

Continúa señalando:

  • “En verdad no era fácil conseguir establecerse allí un latino, todavía el pelotero dominicano no era la marca que es hoy… en estos tiempos provenir de la República dominicana en un adicional, un plus, como se dice ahora; contrario a esto, en aquellos años el ser latino representaba una desventaja, ciertamente, todavía se sentían los efectos de la discriminación”.

Refiere que fue invitado por los Dodgers de Los Ángeles a los entrenamientos del equipo grande, su trabajo se mantuvo al mejor nivel, el equipo sobrepasó el número de dos jugadores con buena presentación, se prescindió de dos, entre ellos él, Carlos Julio. Al respecto dice:

  • Oye, oye. Es una desilusión grande cuando llegas a ese nivel, donde los sueños de tu vida parece que se van a realizar y sin una justificación que a ti te satisfaga, tener que volver a un nivel inferior… en honor a la verdad, para lo único que no preparé fue para esto… yo no me reporté a triple A con los Dodgers, se me montó El Cachón en la cabeza, recogí y me fui” – afirma con su proverbial calma.

Poco tiempo después, el ex-lanzador barahonero se integró al béisbol mexicano con el equipo de “Los Piratas de Campeche”, allí Carlos Julio Pérez se inscribe en la historia deportiva de aquella gran nación, al participar en un histórico partido de béisbol que inició el día martes 25 de agosto de 1981, el cual duró 47 horas y 55 minutos, así es, casi cuarenta y ocho horas. Este era el quinto encuentro de la serie final de la llamada Zona Sur (circuito) del béisbol de México, se medían Los Diablos Rojos de México y los Piratas de Campeche. El juego de este día se suspendió en dos ocasiones por motivo de la lluvia, y este partido terminó el día jueves 27 de agosto del indicado año.

La primera suspensión de aquel juego se produje el martes 25 de agosto en la tercera entrada, la pizarra estaba en blanco; se reanudó el miércoles 26 de agosto partiendo del tercer episodio, volviéndose a interrumpir por la lluvia en la octava entrada, ganaban los Piratas de Campeche 2-0. En la parte alta de la novena entrada hicieron una más; pero, en la parte baja del noveno Los Diablos Rojos fabricaron tres vueltas y se empataron las acciones, pasan a extra inning.

En la entrada once, la lluvia comenzó a caer de nuevo, el encuentro se suspende, y es la tercera suspensión, para ser reanudado a las 12:00 del mediodía el día siguiente, jueves 27, de agosto de 1981, fecha en la que concluyó. Carlos Julio perdió este juego conocido en México como “El Juego de los Tres Días”.

 

EN LOS XII JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE

 

Pedro G. Briceño, cronista de la prensa deportiva, en ocasión de conmemorarse el 40° aniversario de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en nuestro país en 1974, hizo la siguiente reseña: “Con un equipo compacto, que contaba con un poco de todo y amparado en las palabras disciplina y entrega, la selección de béisbol con Rafael Luis y Epifanio Guerrero a la vanguardia iniciaron el gran reto para los dominicanos, tratar de destronar al temible equipo de Cuba. Junto a los quisqueyanos, Puerto Rico, Venezuela, Islas Vírgenes, El Salvador buscaban alcanzar un lugar en el pódium”.

“Era un gran reto el que teníamos por delante, nuestra meta era dar lo mejor de nosotros, pues por primera vez nos encontrábamos actuando a un elevado nivel en nuestro propio país y era un gran compromiso realizar un brillante desempeño”, expresó Luis López, honrado como el dirigente dominicano en ese trascendental certamen”.

Agregó Briceño: “La fanaticada le brindó un gran soporte al certamen de béisbol, llenando en cada fecha el estadio Quisqueya, escenario de las actividades que se efectuaron del 28 de febrero al 11 de marzo y que concluyó con un enfrentamiento entre Dominicana y Puerto Rico. RD fue el mejor en ofensiva y el segundo en efectividad Una sólida selección de béisbol salió al terreno el dos de marzo para celebrar su primer partido ante Islas Vírgenes, el cual se convirtió en una gran demostración de ofensiva y pitcheo por parte de los quisqueyanos que triunfaron con amplio marcador de 9-1 al compás de 16 imparables, anotándose Carlos Julio Pérez la victoria”.

El cuerpo monticular del equipo dominicano estaba conformado por Silvio Martínez, Roberto Rodríguez, Pablo Alcántara, Carlos Julio Pérez, Marino Cruz, Miguel Ángel Álvarez y Teófilo Liriano.

 

SU PARTICIPACIÓN EN BÉISBOL PROFESIONAL DOMINICANO

 

Carlos Julio Pérez, lanzó en 10 campañas en el béisbol dominicano, entre los años 1976 y 1988, agotando siete de ellas con el conjunto Tigres del Licey y tres con el equipo Azucareros del Este, hoy Toros.

Se inició con la enseña añil en 1976, cuando contaba con solo 21 años de edad, permaneció participando durante las temporadas de 1976 hasta 1983, cuando es cambiado al equipo de los Azucareros del Este, en 1984. Luego volvió a lazar coste equipo de La Romana, en las temporadas 1987-88 y 1988-89.

Puso los mejores números en el torneo otoño-invernal de 1977-78, cuando logró de 6 victorias y solo una derrota, alcanzando el registro de una excelente efectividad de 1.37. Hizo 35 apariciones en el montículo como relevista, con lo cual impuso una nueva marca en el béisbol profesional dominicano que, al día de hoy no ha sido supera; por tanto, está vigente.

Este se constituyó en su campeonato de ensueño, pues, fue líder del circuito en porcentaje de juegos ganados y perdidos, efectividad y partidos lanzados, esto le valió para ser seleccionado como Pitcher del Año y Jugador Más Valioso del torneo de béisbol dominicano.

El activo cronista Tony Grullón, compilador de hazañas y records deportivos en la prensa dominicana refiere en su columna “Para recordar”, del Listín Diario, de noviembre de 2017, el fallecimiento del pitcher norteamericano Kel Howell, quien en el torneo 1984-85 resultó el lanzador del año y el jugador más valioso, afirmando Grullón: “Este último galardón ha sido alcanzado en cuatro ocasiones por pitchers, tres de estos de los Tigres: Guayubín Olivo en 1951, Carlos Julio Pérez en 1977-78, Howell en 1984-85 y Marco Mateo, de las Estrellas, en 2014-15”.

El reconocido cronista deportivo Mario Emilio Guerrero precisó en la edición del periódico Listín Diario del 23 de diciembre de 2017, lo siguiente: “De por vida en la pelota criolla tuvo marca de 19-7, 11 salvamentos y promedio de carreras limpias permitidas de 2.72, en 180 partidos, actuando en 5 de ellos como relevista. En los Estados Unidos, lanzó durante 6 temporadas en las ligas menores con los Angelinos de California, llegando a tirar a nivel de triple A”.

Refiriéndose a la calidad de la Serie del Caribe de 1995 y al roster de los lanzadores dominicanos que hicieron el equipo profesional, el acreditado cronista deportivo Héctor J. Cruz, en su columna que publica en el Listín Diario bajo la denominación de “Miniaturas del béisbol”, señala: “Revisando los nombres de los equipos dominicanos de los mediado de los noventa me topo con los siguiente: azucareros (Toros) del Este; pitchers Pedro Julio Astacio, Pedro Martínez, Carlos Julio Pérez, Yorkis Pérez, José Rijo, Alberto Reyes, Mel Rojas. Esos hombres dominaban el momento, pero también fueron estrella al futuro, y hasta un Cooperstown surgió de allí”.

Por su parte Bienvenido Rojas, reputado periodista y actual editor deportivo del periódico Diario Libre se hizo eco de la composición del equipo dominicano representado por los bengaleses en el campeonato 1976-77.

En 1976-77 Ed Halicki fue miembro del equipo campeón de los Tigres de Licey, escuadra que también ganó la Serie del Caribe en Venezuela en 1977. Ese pitcheo importado del Glorioso era formidable donde además estaban Rod Dressler, Stan Wall, Bill Caudill, Rick Jones, Mike Wallace, Pedro Borbón, Angel Torres, Carlos Julio Pérez y Virgilio Barrientos.

Su amor por la pelota nunca disminuyó, al regresar a su pueblo natal, ya en el ocaso de su carrera profesional, en 1989, formó parte de un equipo de softbol de efímera existencia denominado “Astros de la Mella”, este era representativo de la calle de Barahona que honra al patricio; allí jugaba la primera almohadilla, y entre los demás integrantes figuraban José Manuel Gómez, José Alfredo Alcántara (Viejo), Willy López, Antonio Ramírez, Bolívar Matos, José Enrique Gómez, Guario Pérez y Mario Martínez.

Carlos Julio Pérez (Pin) es dueño de una carrera deportiva exitosa, mostró mucha vergüenza en el terreno de juego, allí dejó su impronta, un ejemplo de consagración y disciplina, si bien no obtuvo los beneficios económicos que merecía percibir, no hay dudas que es un triunfador moral, que exhibe una limpia hoja deportiva digna de ser imitada por la nueva generación de jugadores de béisbol.

 

 

EQUIPO BÉISBOL DOMINICANO XII JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE, 1974

 

(Artículo tomado de la Revista “Aquí Barahona” No.4)

 

 

 

 

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