La corrupción sin limite

por Ramón Dandrade
No parece posible negar que la Rep. Dom. sea la mas corrupta del mundo, en el periodo  que llamamos historia contemporanea. En todas las estadísticas referidas a operaciones oscuras o manifestaciones escandalosas de ilegalidad, nuestra sociedad aparece en la cabeza. Los perseguidores de operaciones fraudulentas a  escala internacional nos ponen en el lugar de honor de los perseguidos, en la vanguardia de una legión de fiscalizados a quienes seguramente se encontrarán conductas u operaciones turbias con solo hurgar un poquito.
 
 La realidad es producto de un mal antiguo, de una cadena de pecados procedente de la antiguedad a la cual nos hemos atado como pueblo y que ahora llega a una cúspide demasiado protuberante, pero no sorprendente.
El mal de la corrupción corre por nuestras venas, desde el periodo colonial, a través de manifestaciones infinitas de violaciones de la ilegalidad y de ultraje de la decencia que han descubierto los historiadores de las mentalidades. Pero, visto desde la metodologia de esa especialidad, no se trata de una actitud repetida de los detentadores del poder o de funcionarios cercanos a la ubre, sino, como si nos tratáramos ya con un pavoroso mal de data remota, de una operación convenida con el resto de la sociedad.
 
 Los depredadores del erario público, los escamoteadores de los bienes comunes han contado con la indiferencia y con la celebración de la gente sencilla. Muchos no se sintieron concernidos, pero cada ladrón contó con sus cortes, y cada depredador sintió la compañia de calurosos coros como si le hiciera falta a la gente una figura de tal calaña para no perder la brujula. Quien se ponga a localizar corruptos a través de la historia no solo se topará con un elenco grueso, sino con muchedumbres extaciadas por solo verlos y admirarlos en su porqueria.
 
El País tiene que hacer una rectificación, un plan de limpieza para librar a la sociedad de los ladrones de los recursos de pueblo, y lograr metas de trascendencia en el empeño por una cuestión de principios y valores, en primera instancia, pero especialmente debido al tesón de los gobernantes en la persecución de los ladrones y depredadores. Un cunjunto de individuos honrados que llegue a la cima de la administración y pretender o hacer que los gobernados se comporten como ellos.
 
Pese a que apunté en el principio que nuestro Pais es una especie de campeón en materia de corrupción, no propongo que lleguemos a un estado de clausura, ni tampoco ponernos a llorar hasta el desfallecimiento debido a que también hemos tenido personas dignas de admiración en cuanto a pulcritud y honestidad en el uso y manejo de los recursos del estado, y estos podrian tomar las riendas para componer la descompocisión que ha existido desde nuestra fundación como Estado Soberano.
 
Y presisamente se acerca el momento en que un de es@s tantos Dominicanos honestos, serios y  quienes estén dispuestos a conducir, rescatar la estructura del estado y restituir el País por mejores senderos con orden en todas las instituciones, incluyendo el Poder Judicial, que por su ineptitud tolerancia e irresponsabilidad, en el País los delincuentes de cuello blanco, altos dirigentes políticos y por ende funcionarios del gobierno son los verdaderos responsables de la caótica  situasión imperante.
 
Las elecciones venideras brindará una gran oportunidad, donde los Dominicanos podamos definir con autoridad a travez de nuestro voto, vivir en un País donde nos sintamos orgullosos de ver una dirección institucional, sin el desorden que impera con los que se creén dueño, amo o herederos de la Rep. Dom.
 
Las próximas elecciones, nos traen la oportunidad, de dejar de vivir en un País ausente de legalidad y los mas elementales componentes, por encontrarse sumido en un completo desorden, la justicia, que es el imperio de la ley, y el orden institucional y administrativo.
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