Elboli Aquiles Alofoke

por pablomckinney

Los tres se le escaparon al demonio de la pobreza y la delincuencia gracias a una madre excepcional, a un padre con disposición a un pescozón salvador a tiempo y, posiblemente, gracias al buen ejemplo de un líder barrial de los de antes o a un cura bueno de los de siempre.

Sin ser intelectuales ni pretender serlo, poseen una cultura general por encima del promedio de legisladores, alcaldes, dirigentes, dirigidos, y de muchos “líderes” de portafolio que no lideran más que sus ambiciones, y quienes no aspiran ni las aspiradoras chinas a buen precio.

Ninguno es un santo varón inmaculado, que, para perfecto Jehová, ¡y hasta a él lo crucificaron! Pero eso sí, comparados con algunos “venerados” especímenes de nuestra fauna político/empresarial del trapicheo, del lobbismo corruptor y el sicariato mediático, estos tres hijos de Dios vienen a ser una especie de santísima trinidad del bien, trinitarios masones hijos de la María santísima, como un San Martín de Porres en pijama y con chancletas, con programas “Mañaneros” o “Sin censura”,  con películas taquilleras taquilleras y exitosas, y hasta con un bar bullanguero y concurrido en Villacom, donde a Ñonguito a veces le cobran lo que ni siquiera ha consumido. He sido testigo. Un abuso. (Pero nadie es perfecto, ya dije).

Son dueños de medianas fortunas cuyo origen pueden demostrar sin problemas y con declaración de impuestos incluida, que es mucho más de lo que puede hacer gran parte de nuestros nuevos ricos, y todo ello sin extorsión, tráfico de influencias, contratos amañados, ni joint venture con corruptos de cuellos blancos.

Ante las virulentas reacciones que ha provocado la inscripción de estos jóvenes como precandidatos a diputado por un PLD que mucho necesita de sangre nueva y renovación urgente; hastiado de tanta doblez e hipocresía, ahíto ya de esta moral pret a porter  y en calzoncillos, quiere uno reconocer aquí sin mezquindad, con justicia y sin envidia, los méritos de Aquiles Correa, Santiago Matías y Bolívar Valera, exitosos hombres de trabajo desde la nada, buenos hijos de sus santas madres, mejores hermanos, y muy amigos de sus amigos, según me cuentan.

Posiblemente, su peor pecado y mayor delito, -y de esto deberían enterarse la Procuraduría General de la República y sobre todo el club de melómanos del PLD-, ha sido preferir las canciones de Ricardo Arjona sobre los versos cantados del genio de Úbeda, don Sor Joaquín Cardenal Sabina. Por eso sí debería la sociedad y el PLD rechazar las aspiraciones políticas de estos jóvenes, y no por haber logrado –“con un par”- escapársele a los heraldos negros de la pobreza.

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