BARAHONA A RITMO DE BACHATA!

 
 

Por Wilson Gómez Ramírez

Como todos los pueblos del país, Barahona no escapó a los influjos de la música, menos a las interpretaciones de ritmos populares con el más puro sabor… Así los distintos sectores con mayor densidad sintonizaban la radio, en especial Radio Barahona, cuya programación la decretaba la misma audiencia que adquiría una tarjeta cuyo valor era cinco centavos y ahí consignaba la(s) persona (s) que deseaba saludar y el disco predilecto con el que quería ser complacido.

Las velloneras constituían vehículos de efectiva difusión que lograban mercadear determinado número musical hasta convertirlo en hit, son muchos los barahoneros que recuerdan haber oído en horas de la madrugada el sonido acústico del bajo llevado por suaves ráfagas de viento… y allá abajo voces como las de Inocencio Cruz, José Manuel Calderón, Rafaelito Encarnación y Luis Segura, “El Añoñaíto”, hoy considerados entre los más genuinos cultivadores de esta arraigada expresión de la música popular dominicana.

“Amorcito de mi alma” interpretada por Inocencio Cruz; “Cariñito de mi vida” por Luis Segura; “Pena de hombre” de Rafael Encarnación; “Dos rosas”, cantada por Bernardo Ortiz, y “Ensoñación” de José Manuel Calderón, este último considerado “padre de la bachata”, constituyen resonantes éxitos entre la gente llana del pueblo, y no era esta la música que se escuchaba en Restaurant “Jaime”, ni en bar de “Negro Carrasco” ambos localizados en el centro de la ciudad, el auditorio estaba localizado en “Rivadavia”, donde Michelena, en las “Las quenepas”, en el “Puente”, en el bar “El Puya”, en la calle “Las Delicias” y en la parte rural de la provincia.

Era la turbulenta década de los 60s y la otra música que se escuchaba por la radio y a través de las velloneras eran merengues como “La miseria”, interpretado por Rafaelito Martínez; “El medio millón” que escribiera el barahonero Efraín Vargas (Macenas) y que interpretara una de las agrupaciones más prestigiosas de la época, Ramón Gallardo y su conjunto; otros temas como “El negro bembón” de Cortijo y su combo, interpretado por Ismael Rivera; “Rio manzanares”, con Rolando La Serie, entre otros.

Un pequeño segmento de la juventud barahonera escuchaba privadamente sus discos 45 rpm y los long play (33 rpm) con intérpretes ingleses como The Beatles y su éxito “yesterday”, norteamericanos como Chubby Checker y éxito “The twist”; Elvis Presley y su canción “Falling in love with you”, y el formidable quinteto newyorkino The Mamas & The Papas” y sus temas.

Luego de la Guerra Patria de abril de 1965, irrumpió con fuerza La Nueva Ola, luego entraron con vigor inusitado fenómenos como Leo Dan, Raphael, Sandro, Blanca Rosa Gil, Chucho Avellanet, Leonardo Favio, Rocío Dúrcal, Palito Ortega, Olga Guillot, Charles Asnavour, Lucesita Benítez, Salvatore Adamo, Yaco Monti, Lissette Álvarez y otros.

Las voces dominicanas sobresalían en el canto popular con los éxitos de Fernando Casado, Aníbal De Peña, Niní Cáffaro, Nelson Muñoz, Milton Peláez, Luchy Vicioso, Juan Luis Joa, Cira Medina, Lope Balaguer, Elenita Santos, José Lacay, Napoleón Dhimes, Julio César Defilló y otros.

Se mantenían las agrupaciones merengueras de Johnny Ventura y su Combo Show, Félix del Rosario y los Magos del Ritmo, Rafael Solano y su Orquesta y Joseíto Mateo y su Conjunto Popular.

El año 1970 arrancó con un popular comercial de una firma licorera: – Anímate! Cógele el pasito al 70… de ahí surge la “la brugalita” con tal pegada que hasta personas quedaron marcadas con este apodo. Ahí entra al ruedo barahonero Raffo (Rafael Alcántara) con un disco de larga duración y los éxitos “El Soñador” y “Que no me hablen de ella”, en este disco, con el marco musical de una orquesta de cuerdas, el cantante comienza a percibir su marcha al estrellato, comienza sonar en la radio barahonera el 5 de noviembre de 1973, luego su disco alcanza popularidad nacional, empero la bachata aún no había explosionado comercialmente y a Raffo la depresión le llevó a un lanzamiento abrupto desde el puente Sánchez de la capital el 21 de enero de 1985.

En medio de auge de la bachata sorprendió a todo el mundo la movida artística que en el tablero del arte popular produjo César Durán, quien se autobautizó como “El Hijo del Pueblo”, y en verdad, si alguien podía ser considerado como un genuino hijo del pueblo era este intérprete, dueño de una accidentada vida infanto-juvenil, y al mismo tiempo un referente de superación personal, toda vez que se levantó de la escabrosidad para convertirse en un típico juglar de estos tiempos.

El pasado mes de octubre, 2014, acudí a una reunión con el buen amigo Tavito Suberví , alcalde municipal, y al salir del Ayuntamiento, cuando iba a abordar el vehículo alguien se dispara de la galería del viejo “Ateneo”, me saluda y desde la cintura saca un CD, con la misma rapidez con que se saca una arma de fuego, y sin reponerse me dice: – este es mi último disco! Yo lo tomé, leí el contenido y me percaté de que se trataba de César Duran “El Hijo del Pueblo”, a quien conocí en mi niñez en la calle Mella como “Pata de Leche”, para mí fue impactante ver su transformación y mi saludo fue efusivo.

Me tercié el disco en bolsillo de la chaqueta, no reaccioné de inmediato, luego volví al lugar con intención de retribuir materialmente su noble gesto, pero no lo encontré, esto me apenó y dije – ya tendré oportunidad de hacerlo! No obstante, la vida a veces nos juega “de a duro”, y así ocurrió, César Durán nos sorprendió a todos, esta vez hizo la última movida de vida… la muerte. Se escapó esta figura barahonera para inspirar estos versos:

“Hijo del pueblo” cantor
Que de otra vida adjuraste
En cada bachata una flor
Pues contra la envidia cantaste.
 
Te marchas César Duran
Y tu voz así se apaga
Hijo del pueblo dirán
Hará falta tu guitarra!

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