TERCERA PARTE. ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN VENEZOLANA A LA LUZ DEL MARXISMO-LENINISMO

 

por Dr. Manuel Linares

Introducción

 

El gobierno venezolano, que preside Nicolás Maduro, cada día que pasa se encuentra en peores condiciones; la crisis económica, no vista en el continente latinoamericano, empujó a la clase trabajadora, que constituye la mayoría de la población venezolana, a retirarle el apoyo que le brindaba en el pasado; y la oposición burguesa e imperialista, intensifica el cerco mundial que le ha tendido.

 

El proletariado internacional, especialmente el venezolano, no debe cerrar filas a la cola del gobierno de Nicolás Maduro, pues sería colocarse a la cola de la clase social de la pequeña burguesía, y renunciar a sus objetivos estratégicos de socialismo y comunismo; en consecuencia debe efectuar una alianza temporal con el gobierno de Nicolás Maduro, actuando como una fuerza independiente, con el fin de derrotar la agresión del imperialismo y sus compinches locales y procurar dar el salto hacia el socialismo.

 

Ahora para que haya claridad política en el proceso venezolano, es menester librar una lucha intransigente en contra de la apostasía que ataca al marxismo-leninismo, en ocasiones abiertamente y a veces de manera escurridiza. En efecto, con esta tercera entrega refutaré algunas afirmaciones vertidas en Internet, absolutamente contrarias al análisis marxista de una realidad concreta. Comencemos.

 

Naturaleza de la crisis

 

He leído en Internet cosas como esta: Sin Estados Unidos, no habría crisis en [el] hermano país, o por lo menos no de la magnitud de la realidad actual”. (Las cursivas, el corchete y el subrayado son de Manuel Linares).

 

En ese mismo orden de ideas nos hacen nuevas ilustraciones como esta: ¿Y las sanciones? ¿Queda alguna pendiente? ¿Es posible mas [más] abuso continuo, mas [más] atentado contra la economía venezolana? La última consiste en nada menos que confiscarle a la empresa SITGO, valorada en 11.000 millones de dólares, y robarle 7.000 millones de esa empresa. La guerra económica (comercial, financiera, monetaria) contra Venezuela ha provocado un daño difícilmente mensurable. Todo con la manifiesta intención de provocar desesperación  en la población (desabastecida, asediada por la inflación infernal, etc.) y de esta manera desanimar el respaldo popular al chavismo gobernante”. (Las cursivas y corchetes son de Manuel Linares).

 

El mensaje está muy claro, factores externos a Venezuela son los máximos responsables de la crisis actual que padece esa nación, no son los factores internos prevalecientes en la sociedad venezolana, vinculados al modo burgués de producción.  

 

Tal tesis es completamente anti-marxista, completamente reaccionaria, en el plano filosófico y en el plano de la economía política, pues quiere decir que si cesara la guerra económica que le ha abierto los Estados Unidos, si se levantaran las sanciones impuestas, la crisis económica y política desaparece y el país volvería a la normalidad.

 

Pero resulta que la realidad objetiva opera de otra manera, muy distinta al enfoque metafísico que considera la dinámica de dicha realidad a partir de factores externos a ella, relegando a un segundo plano los factores internos que la constituyen. El enfoque dialéctico, en cambio, da cuenta de una interpretación diferente. Concibe los factores internos de los fenómenos de la realidad como los esenciales para impulsar su desarrollo, mientras que los factores externos ejercen un rol accesorio en dicho desarrollo.

 

Si nos abrazamos a la metafísica y despreciamos a la dialéctica, es muy probable que erremos en la identificación de las causas básicas que generan la crisis económico-política que abate a la sociedad venezolana. Las acciones malsanas perpetradas por los Estados Unidos (guerra económica, sanciones, etc.), absolutamente condenables, han agudizado la crisis, pero su génesis hay que buscarla en el modo burgués de producción prevaleciente en Venezuela, en las estructuras económicas burguesas allí existentes, en las relaciones de producción de explotación prevalecientes. Profundicemos un poco más esta hipótesis.

 

Toda economía capitalista está sujeta a procesos internos cíclicos que incluyen una fase depresiva del producto agregado, a condición de la anarquía de la producción que la norma. Habitualmente tras el auge económico capitalista sobreviene la depresión económica. En la economía capitalista los señores burgueses, los dueños de los establecimientos de producción, son los que determinan qué producir y cuánto producir, tras el objetivo de maximizar sus beneficios, extrayendo el máximo de plusvalía a sus trabajadores. Igualmente, estos señores burgueses, tienen el derecho de contraer la producción de mercancías cuando le venga en gana, pues son los dueños de los medios de producción; son los verdaderos mandantes en el capitalismo.

 

La fórmula genérica del capital, tal y como se nos presenta directamente en la órbita de la circulación, establece Marx, no es D-M-D (dinero que se convierte en mercancía, que luego se vende para retomar la forma de dinero), sino D-M-D’ (dinero que se convierte en mercancía, que luego se vende para retomar la forma de dinero incrementado); para agotar este ciclo se hace de todo en el capitalismo: aumento de precios, disminución de precios para quebrar a otros negociantes, despido de obreros para reducir costos, etc., etc. Todo esto alienta los procesos de crisis. Asimismo el capitalismo si quiere sobrevivir tiene permanentemente que acudir a la reproducción ampliada del capital, pero resulta que ésta alienta el ascenso de la composición orgánica del capital (aumento más aprisa del capital constante con respecto al capital variable), lo que a su vez alienta la desocupación de la fuerza de trabajo. En otras palabras, el capitalismo es un régimen caótico.

 

A esos factores internos, se añadió, en el caso venezolano, tal como expliqué en mi segundo documento, la aplicación, sin control alguno, de una política económica keynesiana de expansión de la demanda agregada, al margen del fortalecimiento de la oferta interna, dando lugar   al aumento del volumen importado de bienes, déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, entre otras consecuencias adversas.

 

Esos factores internos hicieron más vulnerable a la economía venezolana y engendraron un terreno fértil para que los factores externos pudieran malograr gravemente a dicha economía.

 

Los gobiernos del socialismo del siglo XXI (socialismo pequeño-burgués, que nada tiene que ver con el socialismo proletario marxista), tanto bajo la presidencia de Hugo Chávez Frías, como de Nicolás Maduro, en vez de atacar a los factores internos, se dedicaron a defenderse exclusivamente de los factores externos, por tanto, erraron en la identificación de la causa principal de la problemática venezolana, dando lugar a que hoy el pueblo venezolano llegara a una desesperación tal que le retiró sus afectos a la administración gubernamental madurista.

 

Es claro, entonces, que la expresión “sin Estados Unidos no habría crisis en el hermano país”, hay que cambiarla por esta: “la crisis venezolana viene engendrada principalmente por el orden burgués de producción imperante, y amplificada por la interferencias económico-políticas del imperialismo norteamericano”.

 

Naturalmente el socialismo pequeño-burgués llamado socialismo del siglo XXI, no le conviene una hipótesis como la hilvanada arriba, en virtud de que la clase obrera venezolana inmediatamente se preguntaría, ¿por qué no demolieron los factores internos citados? Los marxista-leninistas venezolanos responderían, más o menos, así: porque esto implicaría liquidar el capitalismo e instaurar el socialismo; tareas estas que sobrepasan los límites pequeños burgueses del denominado socialismo del siglo XXI y tendría que entrar en escena la clase obrera, la única clase verdaderamente revolucionaria en la sociedad capitalista.  

 

¿Régimen social alternativo al capitalismo?

 

Parecería una especie de difamación e injuria que los marxista-leninistas les imputáramos a los defensores del llamado socialismo del siglo XXI, la afirmación de que en Venezuela se estableció un régimen social alternativo al socialismo. Pero para sorpresa de los humanos que habitamos el planeta tierra, miren esta perla que nos han regalado:

 

“[…] Pero este ni siquiera es el peor de los pecados. El peor de los peores es haberse decidido actuar con independencia y haber optado por un régimen social alternativo al capitalismo […] (Las cursivas, corchetes y el subrayado son de Manuel Linares).

 

¡Ya eso es lo último!

 

¿Qué en Venezuela se estableció un régimen social alternativo al capitalismo? ¿Cómo se denomina este régimen social? ¿Socialista proletario? Imposible, pues el llamado socialismo del siglo XXI, nunca ha dicho que preconiza por el socialismo proletario y, además, hemos demostrado en el curso de esta polémica que el modo de producción prevaleciente allí es el modo burgués de producción. No es posible implantar el socialismo proletario, dejando intacta la propiedad privada sobre los medios de producción como ha ocurrido en estos últimos 17 años en Venezuela.

 

¿Régimen social chavista? ¿Qué régimen social es éste? ¿Dónde están sus fundamentos políticos, económicos y filosóficos? En ninguna parte; no existen.

 

Si nos preguntaran, ¿dónde están los fundamentos políticos, económicos y filosóficos del régimen socialista proletario de producción? Inmediatamente responderíamos: en los aportes científicos, plasmados en los libros escritos por Marx y Engels, en los campos filosóficos, económicos y políticos.

 

CONTINUARÁ…

 

 

03/02/2019

 

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