ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN VENEZOLANA A LA LUZ DEL MARXISMO-LENINISMO

 

(Primera parte, escrita en julio del año 2015)

por Dr. Manuel Linares

Introducción

 

Es probable que en algunos de nuestros lectores, genere inquietud el hecho de que el suscrito tiene abierto y en curso, de manera simultánea, varios documentos que dan cuenta de procesos de investigación de índole socio-económica.

 

Estamos investigando sobre la Mano de obra barata en la República Dominicana, Revolución y contrarrevolución en Alemania (texto de Engels) y ahora estamos abriendo una investigación relacionada con la situación actual que vive Venezuela.

 

Aseveramos que no hay nada que temer; esas tres investigaciones serán concluidas exitosamente.

 

En el día de hoy, lunes 28 de enero 2019, estaremos entregando la primera parte de la investigación Análisis de la situación venezolana a la luz del marxismo-leninismo. Esta parte está consagrada a estudiar el pretérito relativamente cercano de la coyuntura venezolana, que pudimos desbrozar (acápite 5.8, referido al socialismo pequeño-burgués) en nuestro libro una Monstruosa deformación del marxismo (este libro fue una respuesta al opúsculo de Isabel Rauber Movimientos sociales y representación política). La segunda parte se referirá al momento actual que vive Venezuela.

 

De más está decir que condenamos firmemente el asedio imperialista en contra de la República Bolivariana de Venezuela. Esta nación constitucionalmente hablando es libre e independiente, por tanto, ninguna nación tiene derecho a interferir en sus asuntos internos; pero de lo que se trata ahora es de examinar a la luz de los intereses de la mayoría de la población venezolana, es decir, de los intereses de los trabajadores venezolanos, la complicada situación política y económica que vive esa nación. Comencemos.

 

El socialismo pequeño-burgués

 

Marx, en la primera etapa de la doctrina que creó, tuvo que librar una lucha enconada en contra del socialismo pequeño-burgués, en su variante proudhoniana. Este socialismo criticaba la gran propiedad capitalista desde posiciones pequeñoburguesas, soñaba con perpetuar la pequeña propiedad privada, proponía organizar un “Banco del Pueblo” y un “Banco de Cambio”, con ayuda de los cuales podrían los obreros según él, adquirir medios de producción propios, hacerse artesanos y asegurar la venta “equitativa” de sus productos. No comprendía el papel histórico del proletariado y negaba la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Finalmente este socialismo pequeño-burgués cayó abatido por la crítica científica y revolucionaria del marxismo y por la agudización de la lucha de clase del proletariado.

 

Lenin, por su parte, tuvo que desarrollar una lucha verdaderamente titánica frente al socialismo pequeño-burgués, en su variante populista, en Rusia. Era este un socialismo utópico que contradecía el proceso del desenvolvimiento social. Afirmaba que en Rusia no se desarrollaría el capitalismo, negaba el papel de las masas populares en el proceso histórico y afirmaba que la historia las hacen las grandes personalidades. Finalmente este socialismo pequeño-burgués cayó abatido por la crítica científica y revolucionaria del leninismo y por la agudización de la lucha de clase del proletariado en Rusia.

 

En los decenios del 60 y del 70, siglo XX, en América Latina y el Caribe, los marxistas-leninistas tuvimos que librar una lucha igualmente muy reñida en contra del socialismo pequeño-burgués, en la variante del “foco guerrillero” que quiso ser patentizado teóricamente en la obra del francés Regis Debray, denominada Revolución en la revolución. Este socialismo sustentaba que la revolución se podía desarrollar en base a la instalación de un foco guerrillero en el campo, acompañada de la guerrilla urbana, negaba la lucha de clase del proletariado y su partido comunista, y el papel de las masas populares en el triunfo de la revolución. Hoy, de este socialismo, solamente quedan reductos, en extinción, en Colombia.

 

Después del derrumbe del socialimperialismo soviético y del fracaso del “foco guerrillero”, en América Latina y el Caribe, ha habido un rebrote de socialismo pequeño-burgués, bajo el nombre de “socialismo del siglo XXI”, liderado por la República Bolivariana de Venezuela y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

 

El libro que comento, de Isabel Rauber, Movimientos sociales y representación política., posee nexos ideológicos muy estrechos con el “socialismo del siglo XXI”, es lo que percibo; por tanto, es clave que iniciemos el análisis de las características básicas de este socialismo pequeño-burgués para entender la crítica que hemos formulado, no sin antes precisar que persistentemente hemos estado respaldando a la mayoría de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”, en lo que concierne a las medidas que ellos asumen en favor de la población marginada de sus sociedades y en oposición al dominio del imperialismo norteamericano. Igualmente han tenido nuestra solidaridad frente a la oposición ultraderechista que acosa a estos gobiernos. Nuestra práctica está ahí. Mas, de lo que se trata, en estos momentos, es de precisar las diferencias ideológicas y políticas que nos separan del “socialismo del siglo XXI”. Vayamos al grano.

 

Primera característica: supremacía del modo capitalista de producción. Supuestamente Venezuela, Bolivia, Uruguay, Brasil, Nicaragua, El Salvador, Argentina y Chile están o estuvieron bajo la influencia del “socialismo del siglo XXI”; decimos estuvieron porque probablemente tengamos que excluir a Chile de este grupo, pues el gobierno de la actual Presidenta Michelle Bachelet, es netamente neoliberal y reaccionario. En todos estos países, sin excepción, lo que predomina es el modo capitalista de producción, es decir, la propiedad privada sobre los medios de producción, la explotación obrera por el capital, la extracción de plusvalía a los obreros por el capital y la esclavitud asalariada. Y lo que es peor aún es que en ninguno de ellos se diseñan políticas creíbles que tengan como orientación la sustitución del modo capitalista de producción por el modo socialista de producción. Aquí lo que ha habido es un fortalecimiento del modo capitalista de producción.

 

Allí no puede dominar el modo socialista de producción, cuando en ninguno de esos países, se ha abolido la propiedad privada sobre los medios de producción. En ninguno, sin excepción. Un puñado de privilegiados continúa usufructuando las industrias y las tierras, en otras palabras, la burguesía y los terratenientes poseen el poder económico en el “socialismo del siglo XXI”.

 

Segunda característica: política económica burguesa. La política económica que el Estado del “socialismo del siglo XXI” aplica, en los países donde domina, es una política económica netamente burguesa. Sustituyeron la política económica burguesa neoliberal, por la política económica burguesa keynesiana.  Lo que queremos decir es que la política económica burguesa neoliberal, patentizada en la exclusión del Estado en la economía; entrega de la economía a las fuerzas de mercado, sin control; privatización de las empresas estatales; entrega de las riquezas nacionales a las transnacionales; y reducción de la inversión real en los servicios sociales, fue sustituida por la keynesiana, que preconiza lo contrario, pero en el marco del oprobioso capitalismo. Los partidos gobernantes en el “socialismo del siglo XXI”, en un acto de oportunismo sin límites, hacen creer a la clase obrera y a los pueblos oprimidos del mundo, que las medidas que sus gobiernos toman, en el área social, es dizque socialismo. Es esta una propaganda completamente inaceptable, puesto que son acciones que se enmarcan en el keynesianismo.

 

Esta política económica burguesa keynesiana ha servido para atacar la austeridad neoliberal, pero ha agravado algunos problemas estructurales que históricamente han aquejado a los países del “socialismo del siglo XXI”. En el caso de Venezuela, su condición de país dependiente de las exportaciones de petróleo, es un hecho incontrovertible, pues cerca del 97% del valor de las exportaciones venezolanas, en el año 2013, según cifras de la CEPAL, descansó en la exportación de petróleo. Esta dependencia ocasiona que la economía venezolana se mantenga sujeta a los vaivenes del precio internacional del petróleo. Cuando éste asciende la economía tiende a ascender y desciende al precio disminuir. Después de 16 años de gobierno psuvista, esta condición lejos de ser superada se ha agravado. La política económica burguesa keynesiana ha puesto el acento en la expansión de la demanda y no a corregir los problemas de fondo que aquejan a la economía. Esta situación estructural le imprime mucha volatilidad a la economía venezolana, por consiguiente el producto agregado crece tanto positiva como negativamente. Carece de estabilidad. Mire la prueba aquí:

 

Cuadro 1

Crecimiento del PIB venezolano (1999-2014)

Años Crecimiento de PIB (%) Crecimiento del PIB percápita (%)
2005 10.3 8.4
2006  9.9 8.0
2007  8.8 6.9
2008  5.3 3.5
2009 -3.2 -4.8
2010 -1.5 -3.0
2011  4.2 2.6
2012  5.6 4.0
2013  1.3 -0.1

Fuente: CEPAL.

 

La situación que se observa en el cuadro 1, es casi seguro que para el año 2014 y para lo que va del año 2015, se agravó y ha de agravarse, dada la violenta caída del precio internacional del petróleo.

 

La continua expansión de la demanda agregada y el débil fomento de la producción interna, generada por la política económica burguesa keynesiana, ha profundizado un mal secular de la economía venezolana que se expresa en un exceso de la demanda interna con respecto a la oferta interna. Esta diferencia tiene que ser cubierta con un abultado volumen de importaciones de bienes y servicios. Mire aquí las pruebas:

 

Cuadro 2

Valor de las importaciones venezolanas (2005-2013)

(En millones US$)

Años Monto (US$)
2005 24,008
2006 33,583
2007 46,660
2008 50,971
2009 39,646
2010 38,613
2011 46,813
2012 59,339
2013 53,000

Fuente: CEPAL.

 

El gobierno venezolano psuveista, sin ninguna planificación de ingresos y gastos del Estado, permanentemente incurre en déficits fiscales. Mire aquí las pruebas:

 

Cuadro 3

Déficits fiscales en Venezuela (2005-2013)

(%)

Años Resultado primario Resultado global
2005 4.6 1.6
2006 2.0 0.0
2007 4.5 3.0
2008 0.1 -1.2
2009 -3.7 -5.0
2010 -2.1 -3.6
2011 -1.8 -4.0
2012 -2.2 -4.9
2013 -0.3 -3.4

Fuente: CEPAL.

 

En su obra La lucha de clases en Francia de 1848 al 1850, Marx fustigó duramente los déficits fiscales, como un instrumento de la aristocracia financiera para saquear al Estado, por cuanto estos dan lugar a una búsqueda incesante de préstamos, es decir, alientan la deuda pública. En Venezuela también los déficits fiscales han provocado el aumento de la deuda pública. Miren aquí las pruebas:

 

Cuadro 4

Deuda Venezolana (2005-2013)

Años Deuda del gobierno central (%) Deuda interna (%) Deuda externa (%) Deuda externa bruta total (Millones de US$)
2005 33.1 11.1 22.0 46,427
2006 24.0 9.2 14.9 44,735
2007 19.1 7.3 11.9 53,378
2008 14.0 4.5 9.5 53,223
2009 18.2 7.5 10.7 70,246
2010 32.0 14.5 17.5 97,092
2011 25.1 11.3 13.7 110,745
2012 27.5 15.6 11.9 118,949
2013 32.3 19.7 12.5 118,766

Fuente: CEPAL.

 

Pero también la política económica burguesa keynesiana, al fomentar la expansión de la demanda agregada, particularmente el gasto público, sin el correspondiente incremento en el PIB, en una magnitud adecuada, deriva en una presión sobre los precios de los bienes y servicios, originando un alza en la inflación. Mire aquí las pruebas:

 

Cuadro 5

Inflación en Venezuela (2005-2013)

Años Variación anual del IPC (%)
2005 14.4
2006 17.0
2007 22.5
2008 30.9
2009 25.1
2010 27.2
2011 27.6
2012 20.1
2013 56.2

Fuente: CEPAL.

 

Ese proceso inflacionario que padece la economía venezolana, se traduce en una permanente reducción del poder adquisitivo de las remuneraciones medias. Mire aquí las pruebas:

 

Cuadro 6

Deterioro de las remuneraciones en Venezuela (2005-2013)

Años Variación (%)
2005 2.6
2006 5.1
2007 1.2
2008 -4.5
2009 -5.8
2010 -5.3
2011 3.0
2012 5.9
2013 -4.4

Fuente: CEPAL.

 

En el campo de la política cambiaria el desastre se intensifica. Específicamente la moneda venezolana ha estado en picada respecto al dólar estadounidense. Sobre este particularmente creemos juiciosa la crítica que le ha formulado el jovencito Daniel Ramírez Pérez, estudiante de Economía en la UCV y miembro del Círculo de Economía Crítica y Alternativa “Noel Rodríguez”. Escuchémoslos:

 

Una crítica marxista al SIMADI

 

“El Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) nació a mediados de febrero de 2015 con dos objetivos, el primero contrarrestar al mercado negro de divisas a través de un tipo de cambio parecido a este pero legal y el segundo  fue ofrecer un tipo de cambio atractivo para incentivar la producción nacional y las exportaciones.

 

“En este artículo nos limitaremos a explicar el fracaso del segundo objetivo ya que en el primero existe más o menos una respuesta general y hemos visto los resultados desastrosos en los últimos días. Aparte de pretender competir con el mercado negro sin una suficiente oferta de dólares por parte del estado, también se tropezó con la especulación generada por la publicación de una tasa ficticia a través de un portal, fijada de forma arbitraria sin ningún sustento científico, vale acotar que hasta compañeros estudiantes de los últimos semestres de la carrera de economía de la UCV, creen en esta falacia cosa que nos deja muy mal parados a nivel académico y ni hablar del resto de la sociedad que utiliza este marcador para todo.

 

“Ahora sí vamos a lo que nos compete, con respecto al objetivo de incentivar la producción nacional y las exportaciones, citaremos las palabras de Pérez Abad Presidente de Fedeindustria:“Estamos en una nueva fase donde cambió la estructura productiva del país, que dará paso al nacimiento de nuevos emprendimientos, para depender menos de las importaciones. Venezuela se va a enrumbar hacia el desarrollo sostenible y productivo”.

 

“Esto parece un regreso a la política del desarrollismo cepalino y de sustitución de importaciones que se implementó en Venezuela desde la época de postguerra y en la época del boom petrolero de la década de los 70’s. Esta política de sustitución de importaciones se basó en mantener un tipo de cambio sobrevaluado que permitiera la importación de maquinarias y equipos para las empresas, a través del estado con el fin de mejorar sus técnicas productivas, política que en cierta medida fortaleció a la burguesía nacional y en muchos casos a las transnacionales.

 

“Esta política de sustitución de importaciones también estaba acompañada de barreras arancelarias, que trataban de garantizarle el mercado a los productos nacionales haciendo más caros los productos importados.

 

“Pero este proteccionismo por parte del estado que cedía dólares baratos a la burguesía, otorgaba subsidios, colocaba barreras arancelarias a los productos importados, entre otros se sumó a la ineficiencia de la burguesía nacional, que producía a precios más altos que los precios del mercado mundial debido a su baja productividad con respecto a los países desarrollados, lo que hacía prácticamente imposible las exportaciones de las ramas donde no se tienen ventajas competitivas, estas medidas terminaron haciendo que el proletariado terminara pagando más por las mercancías y la clase dueña de los medios de producción se enriqueciera a costa de esta otra clase social desprovista de ellos.

 

“La relación capital/trabajo en Venezuela en el periodo 1968-1995 se ubicó en un promedio de crecimiento anual de 8,74%, mientras que en Estados Unidos en el mismo periodo su promedio de crecimiento anual fue de 2,5%. Es decir, el modelo colapsa, porque la importación de maquinaria y tecnologías tiene su origen en la renta petrolera, que no se corresponde con el crecimiento del mercado nacional y por ende de los salarios. Por esto, al importar maquinaria y producir mercancías, se da una sobreacumulación, en la cual se producen mercancías que no hallan salida, por el estrecho mercado interno y por la poca productividad en la producción que le impide exportar, lo que precipita la debacle.

 

“Todo esto hace que esta política termine siendo un fracaso ya que la dinámica de la acumulación capitalista en Venezuela presenta una particularidad, no se basa en la competencia (como en cualquier economía desarrollada o en vías de ello), sino que se basa mayormente en la captación de renta.

 

“Este hecho queda demostrado con la tasa de ganancia para la economía venezolana descontando la renta petrolera, dicha tasa en el periodo 1968-1997 presenta un promedio de -4,18%, siendo negativa a excepción de unos dos años (que fue positiva de forma pírrica, menos del 1%).

 

 

Fuente: Cálculos propios a partir de BCV (2000), Baptista (2010).

 

“Esto nos indica que sin el proteccionismo del estado (renta petrolera) antes explicado, la burguesía nacional produciría a pérdidas, por lo tanto de allí se sustrae su ineficiencia para competir en el mercado mundial y que su fin último no es la competencia en el mercado nacional sino más bien, es captar la mayor cantidad de renta posible en detrimento de la clase trabajadora”.

 

¡Excelente análisis del joven venezolano, Daniel Ramírez Pérez, estudiante de Economía!

 

Tercera característica: violación de la concepción marxista del Estado. Una de las conclusiones que extrajo Marx, de la Comuna de París, es que la revolución proletaria triunfante, al tomar el poder político, debe destruir la vieja maquinaria estatal burguesa y crear otra nueva, la proletaria. Sin embargo, en los países del “socialismo del siglo XXI”, lo que han hecho los partidos gobernantes es modificar la vieja maquinaria estatal burguesa, simplemente, tales son los casos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y El Salvador; en los restantes, la vieja maquinaria burguesa estatal, ha quedado prácticamente intacta. ¿Qué quiere decir eso? Que el “socialismo del siglo XXI”, es un socialismo que entiende el Estado como un órgano que se encuentra por encima de las clases sociales, que es neutral, como pregona la burguesía y que, por tanto, no debe ser destruido por el proletariado en la revolución; en otras palabras, es un socialismo penetrado hasta la médula de liberalismo burgués.

 

A este respecto Lenin dijo: “… Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del orden que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases…”; y agrega: “… El Estado burgués no se extingue, según Engels, sino que es destruido por el proletariado en la revolución…” El “socialismo del siglo XXI”, ni siquiera en sus tertulias aborda la problemática del Estado en función del marxismo-leninismo. Y no lo trata debido a que asume el poder, no por vía de la revolución obrero-campesina, sino mediante el voto electoral, con una visión programática que concluye en las reivindicaciones nacionales en oposición al imperialismo, pero también en oposición al socialismo proletario.

 

El “socialismo del siglo XXI” se encuentra imposibilitado de acometer la destrucción de la vieja maquinaria estatal burguesa, precisamente por la concepción burguesa que le guía; ¿para qué la va a destruir si no es partidario de la edificación de una maquinaria estatal proletaria? Prefiere modificar la vieja maquinaria estatal burguesa y hacerla pasar como nueva, como socialista; a riesgo, incluso, que de esa vieja maquinaria estatal burguesa, procedan sistemáticamente complots para derribar los gobiernos instalados por la vía electoral.

 

Cuarta característica: sumisión ante la superstición religiosa. El marxismo surgió en lucha resuelta, en el plano teórico, en contra del idealismo y la  superstición religiosa. Si el marxismo se nutrió de la ciencia, desde que nació, es lógico que se alzara en contra de la visión religiosa, particularmente en lo que concierne a la creación de la materia, del universo. Por tanto, un Estado que se diga socialista, no debe estar en unidad estrecha con las instituciones y corrientes que justifican, sin base científica alguna, una visión sobrenatural del mundo. Sin embargo, en los países del “socialismo del siglo XXI”, los partidos gobernantes no ejercen la crítica científica en contra de la superstición religiosa, más bien concilian con ella y hasta la fomentan. Es evidente ese socialismo no tiene nada que ver con el socialismo científico, el socialismo marxista.

 

¡Cuando la señora Isabel Rauber nos insta a que reinventemos el socialismo, a que cuestionemos los fundamentos del marxismo, es para llevarnos a unos socialismos como el ya tristemente célebre “socialismo del siglo XXI”! ¡Los marxistas latinoamericanos y caribeños no caeremos en ese gancho!

 

CONTINUARÁ…

28/01/2019

 

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