El robo del cuadro de la Virgen de la Altagracia: fe, política y manipulación en tiempo de Balaguer

Cierto o no, la verdad es que la desaparición del cuadro que contiene la imagen de la Virgen de la Altagracia consternó al pueblo dominicano, especialmente a los feligreses de la iglesia católica

República Dominicana

La Basílica de Higüey abarrotada de feligreses en actitud de oración; las salidas del pueblo bajo control policial; los alcaldes y calieses escudriñando por los  campos aledaños; la ciudad paralizada en sus actividades públicas y un intenso movimiento de búsqueda por todo el país, incluyendo minuciosos registros de equipajes de todo el que salía al exterior por el aeropuerto Las Américas. Habían robado la venerada imagen, el cuadro de La Virgen de la Altagracia, una pintura tan antigua como la historia de la .

El devoción por la Virgen de La Altagracia se inició temprano en la Villa de Higüey a principio del siglo XVI;  pero fue a finales del siglo XVII que, motivado por la resistencia contra los franceses, la adoración de la Virgen se hizo nacional. La explicación más socorrida tiene relación con la batalla de   la Sabana Real  o de  la Limonada. Es a partir del triunfo de los dominicanos, el 21 de enero de 1691, cuando el culto comenzó a ser celebrado en esa fecha, parte de  la cultura religiosa de los dominicanos.

La imagen robada el 17 de julio de 1971, correspondía a la original pintura incrustada en cuadro con marco de oro y piedras preciosas, entre ellas una esmeralda que perteneció al anillo pastoral del Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel, lo que la convertía en objeto atractivo para delincuentes de la época.

Numerosas son los sucesos desarrollados en torno a este símbolo del cristianismo dominicano. Se recuerda un evento de mucha significación en plena ocupación militar norteamericana, cuando el cuadro fue traslado hasta la ciudad de Santo Domingo, para que la Virgen fuera coronada el 15 de agosto de 1922. En aquella ocasión de grandes celebraciones religiosas, se construyó un altar en la tribuna preparada para ese fin en  la Puerta del Conde. También los incidentes provocados por enajenados mentales, entre ellos un fallido robo en 1927, y el intento de destrucción realizado por otro, cuando machete en manos atacó aquel objeto venerado, en 1966.

En cuanto al edificio de la Basílica, de donde fue sustraída la pintura, su construcción se inició en 1954, y se inauguró el 21 de enero de 1971. En esa fecha se trasladó la imagen desde la capilla de La Altagracia, ubicada en el centro del pueblo, hasta el edificio del nuevo centro ceremonial.

Sobre lo que realmente pasó la madrugada del 17 de julio de 1971, quedaron las dudas flotando y con el tiempo se disiparon, sin que la adoración de la “Chiquita de Higüey”, sufriera merma. En la alborada de aquel sábado, dos jóvenes de la región oriental, que habían planificado por dos meses la forma de secuestrar el cuadro de la Virgen, se introdujeron en la Basílica. Antes, adquirieron herramientas y radios de comunicación con el fin de ejecutar lo planificado: robarse la imagen de la Virgen.

El impacto en la población higüeyana fue tal, que la ciudad se paralizó. La consternación y el dolor cubrieron a gran parte de los dominicanos, mientras la Policía continuaba la búsqueda de los responsables. Dos día después, el 19 de julio, se informó del apresamiento del ex cura de Higuey, Zenón Castillo, quien se había destacado durante la dictadura de Trujillo por escribir el libro “Trujillo y otros benefactores de la iglesia”, y se le tenía vinculado con el general Elias Wessin y Wessin, quien semanas antes  había sido acusado de intentar un golpe de Estado contra el gobierno de Balaguer.  Sus familiares lo defendieron, diciendo que el señalamiento de las autoridades se debía que se le quería relacionar con “la develada trama del 30 de junio”.

Descubiertos los verdaderos responsables, se determinó que la delincuencial acción fue cometida por Enrique Antonio Paulino Cueto (Henry), joven de 27 años, comerciante nativo de Hato Mayor, a quien la Policía consideró el autor intelectual del hurto y Juan Bautista Silverio, de La Romana, que actuó de manera directa en el hecho. Paulino esperaba fuera del edificio en un carro “cepillo”, con el que viajaron a La Romana.

Al ser apresados e interrogados por las autoridades del orden, Paulino Cueto relato la forma en que él y Silverio planificaron todo: compraron alicates cortantes, seguetas, destornilladores y otros instrumentos para ser utilizados y un equipo de “intercomunicadores” que servía para la coordinación entre ellos. También declaró que el fin del robo era enviar una carta a Monseñor Pepén y exigirle cinco mil pesos como condición para entregarle el cuadro, dinero que sería repartido entre los dos en sumas iguales.

La Policía informó haber localizado la imagen enterrada en el patio de Paulino Cueto, quien tenía como antecedente penal haber incendiado un negocio de su propiedad para cobrar el seguro, y había declarado que él era de religión protestante y no creía en los milagros de la Virgen de la Altagracia.

El cuadro recuperado por la policía, fue entregado a las autoridades eclesiásticas  en una ceremonia que contó con la presencia del doctor Joaquín Balaguer y altos funcionarios de su gobierno, las Fuerzas Armadas y la Iglesia; entre estos últimos Eliseo Pérez Sánchez, Monseñor Octavio Beras, Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, y Julio E. de la Rocha Báez, presidente de la Sociedad de Fervorosos de Nuestra Señora de la Altagracia, y de manera destacada Luciano Storero, nuncio de su Santidad Paulo VI.

El presidente Balaguer, quien acababa de ser reelecto en los comicios de mayo de 1970, aprovechó para pasar las manos al cuadro de la Virgen y pedirle una “prorroga de diez años más” de gobierno. Sobre la recuperación del cuadro, Monseñor Beras destacó que fue “un milagro de la virgen y del gobierno”.

Los detenidos fueron juzgados por la justicia y encontrados culpables. A Paulino Cueto se le  condenó a cincos años de cárcel, pero el siete de julio de 1972 aprovechó que se encontraba enfermo y burló la vigilancia policial del hospital Luis E. Aybar, para escapar y esconderse en la ciudad de La Romana.

Apresado nuevamente, el confeso delincuente fue llevado a una celda donde se ahorcó en la madrugada del 7 de diciembre. Para el suicidio Antonio Paulino Cueto utilizó “una camiseta atada a un pantalón que había hurtado a otro presidiario”.  También, al parecer para no hacer ruido y despertar a los presos que lo acompañaban en la celda,  se ”colocó dentro y sobre la boca una media de hombre y un pañuelo”, versión que fue puesta en dudas por algunos medios informativos impresos.

Para la fecha en que se cumplieron dos años del robo del cuadro de la Virgen, el periodista Juan Bolívar Díaz escribió en Ultima Hora, que lo acontecido en la Basílica de Higüey fue con el fin de desviar la atención del complot de Wessin contra el gobierno:

“Al momento de producirse la sustracción la atención nacional estaba muy fija en los movimientos político-militares que siguieron al descubrimiento del complot wessinista dos semanas antes. Decenas de militares estaban detenidos y otros, algunos muy influyentes, bajo sospecha, lo que mantenía al gobierno del doctor Balaguer en su mayor tensión desde su llegada al poder en 1966”. Afirmando que sectores de la iglesia también tenían dudas sobre las verdaderas razones del hurto, y que en un informe al Vaticano dijeron no existir “ninguna prueba irrebatible de que el cuadro fue encontrado en La Romana” y que el anuncio de la aparición se hizo en la Capital, “no en La Romana, como correspondía en una búsqueda que abarcaba a todo el país.”

“Aunque no se acusaba a nadie—dice Juan Bolívar Díaz—, el  informe dejaba traslucir la firme creencia de los religiosos de Higüey de que el robo obedeció a intereses políticos, o económicos, así como un manifiesto interés en perjudicar al obispo, monseñor Juan Félix Pepén, quien había estado activamente envuelto en denuncias contra los terratenientes de la región y a favor del campesinado”.

Cierto o no, la verdad es que la desaparición del cuadro que contiene la imagen de la Virgen de la Altagracia consternó al pueblo dominicano, especialmente a los feligreses de la iglesia católica, y que el presidente Balaguer, astuto zorro de la política dominicana, supo aprovechar las circunstancias para  obtener sus acostumbrados beneficios políticos.

(Para este artículo de la “Cronología de los Doce Años”, fueron utilizadas las siguientes fuentes: Víctor Grimaldi, “Roban cuadro La Altagracia”, El Nacional, 17 de julio 1971; Guarionex Rosa, “Robo virgen acongoja población”, Ultima Hora, 17 julio 1971; “Apresan ex cura Zenón Castillo”, Ultima Hora, 19 de julio 1971; “Ladrón imagen es protestante”, Ultima Hora, 20 de julio 1971;  Juan Bolívar Díaz, “Robo cuadro Virgen fue por política”, Ultima Hora, 17 de julio 1972; Juan Bolívar Díaz, “Creen robo imagen La Altagracia fue para desviar la atención del complot de Wessin”, Ultima Hora, 18 de julio 1972; “Ahorcase acusado de robo de Virgen”, El Nacional, 7 diciembre 1972; Ángela Peña, “Leyendas cuentan que cuadro de la Altagracia regresó solo a su nicho en una oportunidad”, Ultima Hora, 21 enero 1975).

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