Nuestra Libertad de Expresión

 

Por: Carlos J. Vidal Lassis

 

Recientemente, en un intercambio de Facebook, unos amigos cercanos expresaron sus versiones de una situación muy interna de su familia por lo que yo consideré era un medio inapropiado y por lo tanto, debido a la amistad que nos une, así lo opiné.

La conversación se extendió más allá de lo que yo hubiese querido y me vi forzado a expresar hachos bien conocidos de la situación. Aunque se reconocieron dichos hechos, se quiso negarlo después y se reaccionó con cierto grado de violencia.

Debe entenderse que insultos, calificativos inapropiados y traídos de manera injusta son formas de violencia.

En ese debate, al incurrirse en esos términos, inmediatamente me salí de la conversación. Para mi eso fue indicativo de quien tiene probablemente la razón de las dos partes, aunque no me parcialicé en ningún momento con nadie.

 

Este episodio me llevó a reflexionar sobre lo que es la Libertad de Expresión.

 

La famosa revista El Economista, en su visión expansiva de la Libertad de Expresión  en el 2016, propuso cuatro (4) reglas que deben normar: “Nunca intentes silenciar los puntos de vistas con las que no estés de acuerdo. Responder el discurso objetable con más discurso. Gana el argumento sin recurrir a la fuerza. Y crecer una piel más dura “

 

Estas sugerencias son bastante entendibles y aceptables. Aparte de que tienen un sentido de ser apropiadas a los tiempos y las circunstancias de hoy en día. En los medios sociales es muy frecuente que se facilite la difusión de ideas falsas, de expresiones de intolerancia, de manipulaciones burdas y los eternos y múltiples debates a nivel personal, familiar, grupal, político. Leí la siguiente frase hace poco, “Debemos reclamar, en el nombre de la intolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes”. Significando con esto que podrían tener aquellos que son ofensivos, la oportunidad de expresarse, aunque hay una forma correcta de debatir y la ofensa no es la mejor. Un debate abierto y evaluativo del objeto del mismo, es el que se discute con evidencias y usando un proceso racional que permita llegar a identificar con objetividad el tema en discusión.

No mucha gente en estos tiempos tiene esa capacidad de juicio critico. Aparte de que hay quienes si lo tienen pero deciden usar malsanamente esas destrezas por motivos de beneficio personal, que sería también una fea falla ética y de integridad. Añadiría yo, falta de moralidad.

Este tema abarca muchísimos aspectos discutibles, que necesitan ser puntualizados, discutidos propiamente, analizados y evaluados con las herramientas conocidas académicamente, ya probadas y  de mostrada efectividad para edificar y educar a la gente. Mucho mayor provecho se lograría de discusiones apropiadas, productoras de una mejor y mayor transparencia y educación y al final para lo que es el propósito fundamental, proveer el entendimiento  y la armonía entre la gente, que es lo que permite el cumplimiento de la base de la sociedad humana que es el imperio del Contrato Social a que se alega hemos adoptado todos y bajo el cual vivimos.

 

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