CRONOLOGIA MERENGUE N.Y. SEGUN MI PUNTO DE VISTA

 
por Frank Adolfo
Antes de llegar a incursionar en los aprestos empresariales para soportar la carrera actoral y declamación, nos pudimos percatar de que necesitábamos incrementar, cohesionar y definir el que habría de necesitarse, consecuente y sostenido mercado consumidor, de actividades artísticas y fiestas para bailadores.
Tuvimos que reforzar el interés del nacional dominicano en sus intereses por la cultura, las creencias, el calor al orgullo de sus raíces en fin; la búsqueda de espacios, consolidarlo, sostenerlo, defendiendo sus bases.
El arrollador, incontenible empuje del ritmo salsa, competía salvajemente con nuestro ritmo vernáculo. El merengue que exportábamos era basado más bien en ese preciso instante, descansando en New York, los aires de Luis Kalaf, Jhonny Ventura, Rafael Solano y su orquesta, Willfrido Vargas., Los Hermanos Kenton. En el solar del patio, Don Primitivo Santos, Manuel Meriño, Manuel Durán, Yoyito Cabrera y otros conjuntos merengueros suplentes que se formaban por ocasiones para también momentos especiales.
Aquí tenemos una radiografía, un poco desordenada, pero proyecta la imagen que necesitamos transferir para los efectos de lugar. Esto es un conservatorio de memoria, sin apuntes; narrando, producto de lo asimilado en la memoria, de hechos aprendidos; vividos, que dan base para otros trabajos, cuando cotejemos, adecuadamente, los hechos según la acción cronológica. Cosa veredes, la metodología aplicada, a su debido tiempo.
El publico bailador propiamente dominicano, no era muy numeroso para decir que teníamos oportunidad de sostener carteleras de forma sostenida. No. La gente de ese entonces, gravitaba en el modelo de hacer fiestas en los apartamentos y en algunos que otros “basemen”. Mucho ruido y orgullo; pero no volumen para grandes salas de fiestas.
Solo cuando llegaba una orquesta de las antes mencionadas se requería de los considerados salones de fiestas que aglutinan docenas de cientos de personas. No siempre fue así. Antes de que existieran los megas empresarios dominicanos, quienes hacían el trabajo, el negocio del espectáculos con los dominicano, fueron puertoriqueños y un empresario dominicano (no recuerdo su nombre ahora) que venía desde Republica Dominicana, la mayor de las veces con sus propias carteleras. LLegaron por tiempo al Madison Square Garden.
Aqui estuvieron haciendo el trabajo empresarial, fuera de Don Ruperto y Raffi Mercado, otros puertorriqueños y cubanos como los hermanos Pérez del Trocadero, Don Mario Moreno y Cachita, además de Ciso Saavedra, entre tantos.
El merengue tenia una desventaja enorme frente a su competidor inmediato, la Salsa, que aunque catapultada por un dominicano Jhonny Pacheco, por razones atendibles en aras del negocio, no le interesaba identificarse abiertamente con la minoría que eran los dominicanos del momento.
No existía sala propia para desarrollar la fuerza del merengue. Y el pundonor del dominicano ya se retorcía por dejar salir su ímpetu y mostrar lo que teníamos en esencia. Una calidad que Billo Frómeta, certificó en Centro y Sudamerica, Junto a Porfi Jiménez, empero en Venezuela; Napoleón Zaya en Europa, Chapuso y Damiron por méxico y américa; Joseito Mateo y Alberto Beltrán por cuba, además de Casandra Damirón. Elenita Santos. Mercedes Sagredo, Teté Marcial y Sara Echevarría. Rico López.
El merengue para su proyección lo montamos sobre la Republica Dominicana a través de sus organizaciones de pueblos representadas en New York. Hubimos de incrementar la naciente generación de clubes formados con decenas y decenas de nacionales procedentes de los más nobles rincones del país, que se estaban estableciendo con la ayuda de Asociaciones Cívicas, Culturales y Recreativas, que se encargaron de proyectar el vigor de un dominicano que exigió su espacio y se dispuso a conquistarlo valiente, gallarda, denodadamente.
Se inician los bailes de los barahoneros, los Salcedences, los azuanos, petromacorisanos, francomacorisanos, puertoplateños,etc. etc. Así se va organizando la fisonomía de esta dominicanidad que se nutre de orgullo patrio y deseo vehemente de superación. El merengue de la mano del dominicano abre sus trincheras y se dispone a conquistar el lugar que le corresponde. Yo viví esas etapas. Mis ojos las vieron.

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