Consideraciones a propósito del ensayo “Breve Historia de la Calle Uruguay”

 
Por Welnel Darío Féliz
 
He leído con avidez el ensayo “Breve Historia de la Calle Uruguay”, publicado en el periódico digital El Biran-New York (https://awayvacation.net/barahona-breve-historia-de-la-calle-uruguay-1/) por el distinguido investigador barahonero y mejor amigo Virgilio Gautreaux Piñeiro. Como sus trabajos, es una interesante y documentada investigación sobre la calle Uruguay, antiguo nombre de la actual José Francisco Peña Gómez. Lo que impulsó al notable investigador a realizarlo fue un debate surgido en el seminario de historia local celebrado en Barahona, el 10 de marzo, en torno a que la razón del nombre de la calle señalada no era en recuerdo del gesto del buque del mismo nombre que trasladaba los restos del poeta Amado Nervo a la ciudad de México, que él reseñó, sino en respuesta a una solicitud del ayuntamiento de Sánchez. Este planteamiento fue ampliado posteriormente por Yassir Féliz en el blog Cabraleño, Lagunero y Viejaquero, bajo el título: Barahona: Calle Uruguay la verdadera historia jamás contada (http://chukunaky.blogspot.com/2018/03/barahona-calle-uruguay-la-verdadera.html). Según expresó el señor Gautreaux, en ese momento los barahoneros guardaron silencio, no replicaron, pero él decidió indagar al respecto.
 
Al inicio del ensayo, mi buen amigo explica los hechos acontecidos en el evento señalado y atribuye a quien escribe planteamientos relativos a la cuestión, expresando que el suscrito había concluido en que el nombre de la calle no fue por la razón aludida, sino por la iniciativa del ayuntamiento de Sánchez, en agradecimiento al apoyo dado por el gobierno uruguayo -con quien sostenía relaciones comerciales- consistente en alimentos, medicinas y reconstrucción del puerto y la ciudad ante el paso de un ciclón en septiembre de 1921, señalando ciertos detalles al respecto. Rememorando los hechos, aunque indiqué que el nombre no se debía a lo explicado, no incluí particularidades sobre lo ocurrido ni tampoco mencioné actividades comerciales u otras. Debo expresar que he tenido conocimiento de estos hechos desde hace más de una década, pero tal nunca ha sido de interés profundizar, aún con la posición tradicional en torno a ello. Lamentablemente, el buen amigo Gautreaux me atribuye las mismas palabras expresadas por el también amigo Yassir Féliz.
 
No obstante lo antedicho, creo mi deber analizar el escrito, pues se trata de un controversia que, ciertamente, inicié. El investigador, historiador y economista barahonero plantea en su ensayo tres cuestiones como guía de su trabajo: Fuertes vínculos comerciales entre el puerto de Sánchez con la República Oriental del Uruguay; un terrible ciclón atacó fuertemente al puerto y la ciudad de Sánchez y la motivación del Ayuntamiento barahonero para designar una de sus calles Uruguay, NO fue patriótica, todo en franca alusión a lo planteado por Yassir Féliz y atribuido al suscrito. Sin necesidad de profundizar en la metodología, puede considerarse que el autor analiza tres cuestiones que no guardan relación entre sí, pues nada tiene que ver el sentimiento patriótico con las actividades económicas entre la República Dominicana y Uruguay ni con los efectos de algún fenómeno atmosférico. En realidad la relación no existe, pues si bien tales argumentos fueron los utilizados por Yassir Féliz, eran para justificar la sugerencia del ayuntamiento de Sánchez, de allí que puede interpretarse que las dos primeras cuestiones están estrictamente dirigidas a desmentir el escrito de Yassir Féliz, también atribuidos al suscrito y el último esbozo a tratar de analizar las causas de la designación del nombre, aunque en este último caso aduce una conclusión a la que Féliz no llegó, pues este autor no cuestionó que la designación sea o no motivado por patriotismo, sino que la misma no se produjo por las razones tradicionalmente aceptadas y tales criterios son el resultado de un “narcisismo de patriotismo exagerado”. Es así que puede entenderse que nuestro autor reinterpretó al escrito de Yassir Féliz y le adicionó elementos, para poder dirigir y construir su propia historia, demostrar sus hipótesis y cimentar aún más la tradición, con el objeto de resaltar el sentimiento patriótico de los barahoneros, lo que al final le da la apoyo a lo afirmado por el autor nativo de Cabral.
Pero dilucidemos el ensayo de notable investigador. En cuanto a la primera cuestión, sobre las relaciones comerciales de Sánchez, Gautreaux hace un interesante levantamiento de informaciones documentales primarias y secundarias sobre comercio por el puerto. Aunque en principio guarda total razón nuestro investigador, en cuanto a que aquel país no aparece explícitamente en los registros comerciales,  no explica a plenitud las actividades económicas en el tiempo y se centra en los años 1925 y 1926 para concluir que solo en esos años se pudo realizar alguna actividad. Llama la atención que desde hacía décadas se tenían relaciones diplomáticas con Uruguay, como él mismo señala, de allí que sería necesario profundizar la incidencia real de este país en el comercio de la República y no descartarlo de plano. Hay que hacer notar que el propio representante diplomático de Uruguay y su hermano eran comerciantes (como fue común), a los que nuestro autor llamó “emprendedores”, una palabra a partir de la cual puede considerarse que el autor quiere indicar que eran personas nuevas en los negocios y tal vez generar la sensación de que no tenían mayores incidencias.
 
En su segundo planteamiento, el conocido investigador, aunque en principio consideró que era “poco probable” que el ciclón afectara a Sánchez, concluyó con que NO es cierto que el ciclón que asoló la provincia de Samaná los días 10 y 11 de Septiembre de 1921, afectara la ciudad de Sánchez y su puerto”. Para sustentar su análisis se apoyó en informaciones obtenidas del libro de actas del ayuntamiento de Samaná, en el que se mencionaron varios pueblos tocados por el fenómeno atmosférico. Sin embargo, este ayuntamiento necesariamente no debía mencionar el estado de Sánchez, puesto que este era un territorio autónomo, otro municipio. Por tanto, no es posible descartar de plano que tal acontecimiento le perturbó, para ello habría que acudir a otras fuentes, pues las informaciones que se originaron en Samaná y transcritas por él no son concluyentes.
 
Después de sus primeras conclusiones, el investigador sureño se avocó a analizar una cuestión  que originalmente no planteó en sus enunciados, esto es, las causas que motivaron al ayuntamiento de Sánchez a realizar la sugerencia de la designación de una calle con el nombre de Uruguay, referida por la sala capitular de Barahona en su sesión del 17 de febrero de 1922 y en la carta del 21 del mismo mes remitida por su presidente, la que aludía a la circular 39 enviada por aquel edil. En sus estudios, nuestro autor transcribió un fragmento de –para los fines- la muy importante circular 39, la cual copió del libro de actas del ayuntamiento de Samaná correspondiente al año 1922, en la cual el edil sanchino solicitó: “designar con el nombre de Uruguay una de sus calles como testimonio elocuente de la gratitud que guarda el pueblo dominicano, por los que laboran ayudando en sus luchas libertarias a los dominicanos, tal como lo ha hecho la República del Uruguay desde los comienzos de nuestra campaña contra la ocupación militar extranjera que sufrimos”. Estas informaciones aclararon con precisión las causas reales de la decisión tomada por los barahoneros y al mismo tiempo confirmó lo expresado por el suscrito en el evento del 10 de marzo, señalado en su escrito por el autor cabraleño Yassir Féliz, quien concluyó en que el origen del topónimo no era el suceso del barco, de allí que era una “falsa historia”.
 
Después de la dilucidación, precisa y documentada, de las razones que motivaron al ayuntamiento de Sánchez a remitir la circular 39, en una adecuada heurística y persistencia investigativa, nuestro autor se abocó al análisis de su hipótesis principal: La motivación del Ayuntamiento barahonero para designar una de sus calles Uruguay, NO fue patriótica. A partir de allí retomó la narrativa de lo acontecido en el barco Uruguay en septiembre de 1919 y transcribió lo relativo al suceso, transcrito en el libro “Eran otros los tiempos y otros los hombres”, de Guatavo Tavarez, quien se sustentó en un trabajo publicado por el   cónsul de este país Honorio Barrio Tassano. Pero no conforme con ello y tras la búsqueda de la documentación de lo acontecido, como él mismo indicó, llegó a conversar con autoridades uruguayas, quienes le comunicaron que la bitácora del barco había sido víctima de un incendio en 1923, por lo que no tenían tales informaciones y aún más, desconocían de ello. Sin embargo, aún con los resultados decidió aceptarlas como válidas y afirmó sin ambages: “Sin duda alguna, esta versión del Embajador uruguayo, viene a validar la postura de los barahoneros en torno a la acción del buque militar de su país frente a la costa de la ciudad de Barahona”. Asumió así una fuente secundaria como sustentadora de sus argumentos, exclusivamente con el objetivo de tratar de demostrar alguna relación del topónimo Uruguay con este suceso y de paso sostener la creencia de los habitantes de la importante ciudad sureña.
 
En esta parte del escrito, el autor navegó por una telaraña de informaciones incongruentes entre sí, que no permitían el desarrollo histórico y secuencial adecuado del proceso objeto de estudio. Puede decirse que se vio atrapado, abrumado. Sin embargo, tratando de construir la trama, él propuso  buscar “cualquier documentación escrita que mencionara la reacción de los pobladores locales ante la actitud del Crucero”, y, aunque no la encontró, acudió a lo ilusorio, y la vio en la decisión del 17 de febrero tomada por el edil barahonero. Concluyó así con una rotunda afirmación:: Los Miembros del Cabildo sureño  ya enterados del apoyo uruguayo a la recuperación de nuestra soberanía, así como del acto simbólico ejecutado por el Crucero Uruguay frente a su costa en Septiembre del año 1919, decidió de inmediato acoger dicha propuesta, cambiando el nombre de la calle Industria por el de Uruguay” y culminó expresando que el suceso es “respaldo (de) la argumentación del origen patriótico del nombramiento de la vía”. En sus planteamientos quedaba zanjada la cuestión, se colige que para él el ayuntamiento de Sánchez envió la circular, esta fue aceptada por los barahoneros, motivados por lo acontecido en el barco Uruguay en 1919 y de paso el patriotismo fue el sustento de todas las decisiones, por tanto, el nombre de la Uruguay a la vieja vía, es el resultado del patriotismo barahonero.
 
Las afirmaciones conclusivas del autor son en realidad pasmosas, sorprendentes. Él realizó un radical giro metodológico en el cual, como expresamos, acudió a la analogía, a la utopía, pues consideró que las motivaciones para la aceptación de la sugerencia de la circular por parte de las autoridades de Barahona fue el suceso del barco, pero sin sustentarse en ningún documento o indicios de ello. Asimismo, forzó la demostración de su hipótesis, la que a todas luces debía ser positiva y beneficiosa para la tradición popular barahonera. No bastaba tratar de dejar como posible lo acontecido en el barco, ello debía ser reafirmado, pues tal era importante, significativo, en los términos de la tradición y para ello se debía hacer lo que sea y como sea.
 
En su propuesta nuestro autor aplicó lo que se conoce en historiografía como imaginación histórica, en la que se acude a la imaginación para reconstruir un hecho, pero sin tener los documentos a la mano, aunque si evidencias. En la historiografía es posible aceptar la inferencia o la imaginación para desarrollar el texto histórico, pero, como plantea Lucien Fevbre, puede hacerlo “de manera tentativa”, sin afirmar de forma definitiva el acontecimiento y, además, debe contar con evidencias. Asimismo, el historiógrafo está en el deber de respetar los límites de las fuentes, en estos casos, no puede pensar que puede realizar toda explicación de los procesos o las que desee, y cuando la fuente es completamente explicita y los sucesos debidamente documentados, esa imaginación e inferencia quedan de lado, pues ya cuenta con los sustentos suficientes, como en este caso, que claramente el ayuntamiento de Barahona respondió y actuó según la sugerencia del de Sánchez, todo contenido en los libros de actas y copiadores de oficios del cabildo municipal. Puede decirse que Yassir Féliz realizó adecuadamente este ejercicio de imaginación histórica en su escrito citado, pues sin conocer el contenido de la circular 39, pero a sabiendas del paso de la tormenta en septiembre de 1921 y dado que el puerto de Sánchez era muy activo -sin que la carta del 21 de febrero remitida por el presidente de sala capitular fuese lo suficientemente explicita- acudió a la imaginación y con las evidencias entendió que la solicitud se debía a ayudas prestadas por Uruguay. Su error no fue la inferencia, sino expresar las dudas ante los datos no debidamente sustentados.  
 
Las documentaciones en torno a la designación de la calle Uruguay demuestran que la asociación del suceso acaecido en el barco del mismo nombre al topónimo de la calle es una creación popular, la que a todas luces ha sido tomada como un símbolo del patriotismo barahonero y su resistencia contra la ocupación. Pero los documentos han demostrado fehacientemente lo incierto de tal creencia, de allí que no era necesario sostener a toda costa lo anecdótico para sustentar el patriotismo de los habitantes de la ciudad.  El hecho mismo de responder positivamente a las sugerencias del ayuntamiento de Sánchez demuestra la inclinación de las autoridades del edil al sostenimiento de la República. Además, ellos pugnaban por la desocupación desde años antes, por ejemplo, protestaron enérgicamente el plan Harding, analizado por el suscrito en el artículo “Barahona y el plan Harding” publicado por el periódico digital New York el Birán (https://awayvacation.net/barahona-plan-harding/). Posteriormente, apoyaron y prohijaron reuniones, así como la presencia de varias personalidades en el pueblo, como son los casos de Francisco J. Peynado y Summer Welles, B. González y J. J. Canó que promovían la desocupación, al igual que al joven Rómulo Betancourt.
 
En conclusiones, quedó completamente aclarado que la designación de la calle Uruguay no fue por lo acontecido en el barco del mismo nombre en septiembre de 1919, sino el resultado de la sugerencia realizada por el ayuntamiento de Sánchez en su circular 39. En realidad, lo lamentable es que el pueblo de Barahona no se opusiera al cambio de nombre de la calle Uruguay por José Francisco Peña Gómez, prohijando que se pierda en el tiempo una decisión edilicia demostrativa de la inclinación popular, representado por las autoridades, por el sostenimiento de la soberanía y su repudio a la ocupación norteamericana, así como el reconocimiento a la unidad de los pueblos latinoamericanos en pos de la libertad.     
 

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