BANÍ, PROVINCIA PERAVIA. RESEÑA HISTÓRICA Y DIVISIÓN TERRITORIAL. 

 
Por: Edwin J. Acosta S.
TOPONIMIA. 
Es generalmente aceptado que el vocablo Baní es de origen indígena. Algunos historiadores sostienen la tesis de que esa palabra en el lenguaje indoantillano significaría abundancia de agua abundante agua1. El nombre también se ha escrito Vaní2 y Bany3.
El escritor Joaquín S. Incháustegui, y otros autores, van más lejos al asegurar que la descomposición en las voces que la forman: ba quiere decir padre, y ni, agua4.
Aceptado lo anterior el topónimo Baní se enmarcaría dentro del grupo esquemático de los topográficos, pues agua es una palabra considerada relacionada a la topografía.
No todos los historiadores, sin embargo, están de acuerdo con el significado de ese vocablo, aunque sí le atribuyen un origen taíno. El ensayista Bernardo Vega señala que luego de consultar al profesor José Juan Arrom, a quien considera una de las pocas personas que ha dedicado tiempo al estudio de la lengua taína, y luego de consultar los trabajos lingüísticos de Goeje, Brinton y Taylor, llega a la conclusión de que el vocablo Baní en lengua aborigen significaría ébano, en alusión a depósito o sitio donde hay o donde se guarda mucho ébano5.
Examinado desde esa última óptica Baní pertenecería entonces al grupo esquemático de los topónimos que tienen origen en la vida vegetal, pues ébano es un árbol de la familia de las ebenáceas que regularmente crece de diez a doce metros de altura. De hecho, existen en República Dominicana un gran número de nombres de pueblos originados o relacionados con la vida vegetal.
 
Las dos anteriores versiones coinciden en un origen precolombino del topónimo. S. Incháustegui, citando a Juan de Castellanos, señala que Baní era un cacique subalterno que al decir de algunos tenía la condición innata de una clara inteligencia. El referido escritor luego de nombrar a Goayacarina, a Boruto y a otros, refiere: después de Uxmatex, de gran fama, vino Pani (Baní), varón astuto6. En este contexto el topónimo Baní pertenecería, en cambio, al grupo de los antropónimos, o lo que es lo mismo, nombres de pueblos que tienen su origen en nombres de personas.
Vega, de otro lado, asegura que en Cuba el pueblo de Banes se llamó originalmente Baní, en alusión a un cacicazgo precolombino en esa isla.7
Contrario a las tesis anteriores, el historiador y genealogista Carlos Larrazábal Blanco duda del origen taíno de la palabra Baní. Señala el afamado escritor que no cree en el alegado indianismo de ese vocablo y que tampoco lo ha podido fijar como africanismo. Sostiene además, que siempre que se hable de indianismo o afronegrismo sería sobre la base de tener en cuenta un fondo puramente español.
Larrazábal Blanco asegura que muchos toponímicos que al vulgo y a las personas letradas les han parecido voces indianas, en realidad son creaciones o trasplantes. En la especie se trataría de un trasplante de topónimo hispano. Entiende el referido escritor que la terminación o desinencia el, es de origen árabe, siendo el diminutivo de ellu de los primeros tiempos de la lengua castellana, y arabizado: arruniel, parriel, planel, montiel; y lo que llama mucho la atención: baniel maniel, el primero topónimo de Soria y el segundo de Asturias. Por eso sugiere que el vocablo Baní es un trasplante hispano, insinuando que la letra ele de la palabra banilejo, supone un banil o baniel8.
 
Sea cual fuera la versión aceptada, ha de tenerse en cuenta que es difícil dar por cierto una traducción exacta de los topónimos de origen indígena. Es incuestionable el hecho de que las raíces de esos vocablos son difíciles de identificar y en la mayoría de los casos parecen perdidas. Aunque se haya pretendido dejar establecido el origen o significado de esos topónimos indígenas, hay que desconfiar siempre de las traducciones que se han formulado, pues tales traducciones se han hecho sin una efectiva base lingüística científica. Sin embargo, algunas ideas pudieran ser válidamente aceptadas.
ASENTAMIENTOS PRECOLOMBINOS. 
Según la versión unificada de Oviedo y Las Casas, que con el tiempo se convirtió en la versión tradicional de la división de la Isla en cinco grandes cacicazgos, Baní tendría la categoría de nitainato perteneciente al cacicazgo de Maguana9.
Siguiendo con la versión tradicional de división de la Isla, conocida también como la versión de Charlevoix, en alusión al cronista francés Pierre François Xavier de Charlevoix; un nitaíno era un noble con funciones de consejero o asistente en labores gubernativas del cacique y que además gobernaba territorios dentro de su respectivo cacicazgo, en representación, a su vez, de su cacique. El territorio gobernado por el nitaíno se conoce como nitainato.
Sobre ese particular el cronista Fray Bartolomé de Las Casas señala:
“Había en esta Isla y en cada reino della muchos nobles y estimados por de mejor sangre que los demás, y que tenían cargo sobre otros como de regillos y guiallos, éstos, en la lengua común desta Isla, se llamaban nitaynos, la y letra luenga (es decir, Nitaiiii-no)10, noble y principales.11 
Sobre el comportamiento de los indios de Maguana, dentro del cual se enmarcaría el nitainato de Baní, se ha escrito que estos eran muy agrestes. El historiador Antonio del Monte y Tejada en su obra Historia de Santo Domingo, publicada en el año 1853, escribió lo siguiente:
“Entre (los indígenas) de los Cacicatos de la misma Isla, se notaba alguna variedad: los de Maguá, Marien y Jaragua eran mansos y pacíficos; los de Maguana e Higüei eran guerreros y poco sufridos. (…)los habitantes de Jaragua, Marién y Maguá vivían en la mayor fraternidad; los de Maguana se comunicaban poco con los de los otros cacicazgos, y los de Higüey, que parecían muy agrestes, se mantenían casi divorciados de los demás y solían hostilizarlos de vez en cuando”12. 
Caonabo, pronunciado con la última silaba luenga, es decir, Caona- boooó, quien era el rey de Maguana, es referido como un indio soberbio y belicoso que por su audacia, valentía y su enlace con Anacaona, hermana del gran cacique de Jaragua, llegó a hacerse el más fuerte de todos los demás13.
El cacique de Maguana era de origen caribe, no taíno, e seyendo un caribe principal, se vino a esta isla como capitán aventurero14. Ese orgulloso y tenaz indígena se habría integrado a la cultura taína probablemente con algunos de sus seguidores, familiares y colaboradores. De eso resulta razonable suponer que en el cacicazgo de Maguana coexistieran una cantidad considerable de indígenas de origen caribe, o en su defecto ciguayos, esos últimos mezcla cultural o congénita de taínos y caribes.
Otros autores sostienen el concepto de división de la Isla, al momento de la llegada de los colonizadores, en cacicazgos diferentes a lo tradicionalmente aceptado. En vez de utilizar a Oviedo y Las Casas como fuentes de información, se utilizan los datos suministrados por el cosmógrafo español Andrés Morales, también conocida como la versión de Pedro Mártir de Anglería, y en base a esa fuente se llega a conclusiones muy diferentes. Aceptada esa versión no tradicional, Baní se enmarcaría dentro del inmenso territorio del cacicazgo de Bainoa. En la versión de Morales no se observa a Baní con la categoría de nitainato15.
Para el historiador Roberto Cassá no es posible considerar a Maguana como un cacicazgo; es más, ese escritor señala que los cronistas han originado un mito, que hasta el momento no ha sido totalmente superado en la historiografía dominicana, con relación a la supuesta división de la isla Española en cinco grandes agrupaciones tribales o cacicazgos. Asegura Cassá que de numerosas indicaciones de los cronistas mismos, se infiere que aún los taínos de La Española no habían desarrollado establemente estructuras tribales tan amplias, sino que en algunos puntos empezaban a generarse.
En ese sentido el referido historiador señala que no se advierte en Maguana un pleno carácter confederativo como se percibe, por ejemplo, en Jaragua; pues esa última reunía varias jurisdicciones vinculadas por la protección o colaboración de la provincia principal, y obligadas a cooperar y obedecer bajo la jerarquía de la unidad central. Según Cassá en Maguana no se habían desarrollado tales estructuras tribales16.
 
PRIMEROS ASENTAMIENTOS DE LOS COLONIZADORES.
La historia de los asentamientos humanos postcolombino en el Valle de Baní se remonta a los inicios mismos de la colonización. Los primeros contactos que tuvieron los colonizadores con el territorio de lo que en la actualidad es el municipio Baní, aunque de manera accidental, ocurre en el año 1499 cuando dos buques enviados por Cristóbal Colón al territorio de Jaragua debieron refugiarse debido al mal tiempo en Puerto Hermoso o de Los Españoles, hoy Las Calderas; los colonizadores permanecieron allí alrededor de dos meses. Posteriormente, en el año 1502 el propio Colón hubo de refugiarse de los vientos de un huracán en ese mismo sitio17.
Esos accidentales asentamientos probablemente influyeron para que a partir del año 1502 el entonces gobernador Nicolás de Ovando iniciara la explotación de las minas de sal en el territorio que en la actualidad es llamado Las Salinas, de la sección Las Calderas, en la provincia Peravia18.
El poblamiento continuo o permanente de los colonizadores en el Valle de Baní, tiene su origen sin embargo, a partir del primer lustro del siglo XVI. A raíz de la decadencia del ciclo del oro en La Española surgió la producción azucarera como una actividad económica alternativa. La extracción del oro se sostenía en la mano de obra indígena, influyendo eso en la extinción forzada de esa raza, provocando entonces la sustitución por la mano de obra de esclavos de origen africano. El sur de principios del siglo XVI tuvo una mayúscula vinculación con el inicio y desarrollo de la industria azucarera en La Española, y por ende, en el Nuevo Mundo. En las inmediaciones de lo que hoy es Baní existieron para esa época varios ingenios considerados de importancia, los cuales fueron construidos en las cercanías de los ríos Nizao y Ocoa, respectivamente.
El bachiller Velosa, quien era considerado como el que mejor entendía los asuntos del azúcar, se unió con el veedor Cristóbal de Tapia y el hermano de éste, alcaide de la fortaleza de la ciudad de Santo Domingo, Francisco de Tapia; y los tres construyeron alrededor del año 1520 un ingenio en el Yaguate, legua e media de la ribera del río Nizao. Pasado algún tiempo hubo desavenencia entre los socios y el bachiller vendió su parte a los hermanos Tapias. Después el veedor vendió la suya a un señor llamado Joan de Villoria, posteriormente Villoria vendió al alcaide Francisco de Tapia, quedándose así ese último con el primero ingenio que hobo en esta isla19.
Posteriormente en la ribera del Nizao hubo un muy gentil ingenio cuyos dueños eran los herederos del tesorero Miguel de Pasamonte, el cual era considerado uno de los mejores de la Isla y se contaba como el octavo ingenio; tenía esa granjería una cantidad considerable de esclavos. En los alrededores del Nizao había otro importante ingenio hecho por Alonso de Ávila, contador de la Isla y regidor de la ciudad de Santo Domingo, el cual quedó a su hijo y heredero Esteban Dávila, y a su hermana. En esa ribera también estaba un muy buen ingenio fundado por Lope de Bardecia, vecino de la ciudad de Santo Domingo20.
Para la misma época uno de los mejores ingenios de toda La Española, y de los muy poderosos, se fundó en la ribera del río Ocoa por el licenciado Zuazo, oidor de la Real Audiencia. En opinión de algunos historiadores ese ingenio incluyendo sus accesorios, negros esclavos, ganados, pertrechos y tierras, valía para esa época sobre los cincuenta mil ducados de oro, porque está muy bien aviado, y cada año tendría rentas sobre los seis mil ducados. Posteriormente, después de los días del licenciado Suazo, esa granjería pasó a ser propiedad de doña Felipa, su mujer, y de sus dos hijas doña Leonor y doña Emerenciana Zuazo21.
Para tener una idea aproximada de la magnitud del asentamiento humano en el Valle de Baní, un ingenio como el del licenciado Suazo tendría entre 260 a 400 esclavos, a juzgar por el valor indicado de la referida granjería. Ha de precisarse que para esa época un número muy reducido de ingenios tendrían continuamente entre 80 y 120 negros esclavos, además de los trabajadores permanentes que preparaban el pan, regaban y curaban las cañas y otras cosas necesarias de continuos trabajos y gastos22.
No todos los autores, sin embargo, están de acuerdo en cuanto a la cantidad de personas necesarias para el buen funcionamiento de un ingenio para la época aludida. El profesor Juan Bosch en su Composición Social Dominicana asegura que un ingenio pequeño podía mantenerse con apenas 20 esclavos y uno mediano con 50. Explica Bosch que en esas fechas con el valor de 25 quintales de azúcar se adquiría un esclavo, lo cual equivaldría a 45 castellanos, por lo que con 2,250 castellanos, o pesos, se podían adquirir 50 esclavos23.
Sea cual fuera la cantidad de trabajadores y esclavos que se acepte, lo cierto es que los referidos asentamientos representan el inicio del proceso de colonización en esa zona sureña. Se colige que para esa época ya había un número considerable de esclavos en el territorio del actual Baní. Para el año 1522 coincidiendo con el alzamiento del denominado cacique Enriquillo en el Bahoruco, unos esclavos africanos se sublevaron por el mal trato que recibían en una finca propiedad de don Melchor de Castro. La mayoría de los sublevados fueron alcanzados cerca del río Nizao, recibiendo como castigo a sus acciones, la horca24.
 
HATOS EN EL VALLE DE BANÍ. 
 
A finales del siglo XVI se arruina la industria azucarera en la colonia española de la isla de Santo Domingo, lo que significó a su vez un estado de extrema pobreza. Eso trajo como consecuencia el surgimiento de hatos ganaderos como alternativa económica, pues el comercio con la colonia francesa de Saint Domingue demandaba el ganado vacuno y caballar.
Un hato era una propiedad inmobiliaria dedicada principalmente a la producción de ganado, preponderantemente vacuno. El concepto de hato por lo regular se asocia, en los inicios de la colonización, a la existencia de grandes extensiones de tierras poco pobladas. Aunque también el propietario del hato y sus colaboradores, esclavos o morenos libres, mantenían una producción agrícola para su subsistencia25.
En ese contexto histórico se van estableciendo en la zona de lo que hoy es el municipio Baní, desde finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, distintos hatos o núcleos de población que posteriormente darían origen a la fundación de la villa. Según recoge S. Incháustegui, en el censo levantado en el año 1606 por el gobernador Osorio se señalan los hatos de Cerro Gordo Sabana de Pedro del Paso, cuya propietaria era Sabina de Salís. Gonzalo de Villegas y Juan Romero tenían sendos hatos llamados de Baní; y Pedro Caballero y Bazán poseía en Nizao el hato que tuvo Alonso de Suazo26.
 
Por otro lado, el historiador Américo Lugo, en la obra Escritos Históricos, refiere al respecto lo siguiente:
“(…) De los 95 hatos pertenecientes a vecinos de Santo Domingo, 90 eran de vacas y 5 de ovejas y cabras. En la mayoría de los casos, se indicaba el sitio o el término que ocupaban, lo (que)permite agruparlos, a saber: (…)Baní: de Gonzalo de Villegas y Juan Romero, uno cada uno; Nizao: dos, de Pedro Caballero (en Nizao) y capitán Tello de Guzmán (en Pizarrete); Ocoa: uno, de Nicolás López de Ayala y otro de Pedro Caballero Bazán, ambos de ovejas.”27 
 
A finales del año 1684, y comienzos de 1685, numerosas familias salieron de Tenerife para Santo Domingo. Larrazábal Blanco en Historia de Santo Domingo señala que parece ser que de 1680 a 1684 vinieron algunas familias procedentes de las islas Canarias y probablemente se extendieron por los campos de Santo Domingo, sobre todo por territorios del actual Baní28.
Sobre ese particular, Charlevoix, citado por el historiador español Manuel Vicente Hernández González en la obra El Sur Dominicano, señala que a finales del siglo XVII algunos puntos considerados barrios de la capital contaban con compañías de milicias burguesas de alrededor de 240 hombres, casi todos blancos. En contraposición a eso ha de señalarse que siempre hubo en la colonia de Santo Domingo un alto porcentaje de pobladores mulatos. No obstante, en un área circunvecina a la ciudad de Santo Domingo hegemonizada por una mayoría mulata, tanto los  hatos  del  actual  Baní como San Carlos de Tenerife trataron de distinguirse y de relanzar su caracterización como localidad blanca por antonomasia29.
 
PARROQUIA DE BANÍ. 
De Hernández González obtenemos que en el IV sínodo diocesano de 1683 tuvo lugar la erección de la parroquia de Baní, conjuntamente con la de Nigua, y por otro lado, la de la ribera del Haina; coincidiendo esas con la erección de la parroquia de San Lorenzo de los Minas. Eran tres curatos de estancias, uno para las de Nigua y Baní, otro para la ribera del Haina y un tercero para el río arriba del puerto de Santo Domingo, el de San Lorenzo de los Minas, por haber varias haciendas con regular dotación de esclavos y a las que concurrían un crecido número de peones y trabajadores y también vividores que no podían cumplir sus deberes religiosos.
Pero para esa época tano Baní, como San Lorenzo de los Minas, el Haina o Nigua sólo fueron simples curatos del extrarradio capitalino, dependientes en lo jurídico-político del cabildo de Santo Domingo y de sus alcaldes ordinarios y también de la denominada Santa Hermandad.
 
A finales del año 1684, y comienzos de 1685, numerosas familias salieron de Tenerife para Santo Domingo. Larrazábal Blanco en Historia de Santo Domingo señala que parece ser que de 1680 a 1684 vinieron algunas familias procedentes de las islas Canarias y probablemente se extendieron por los campos de Santo Domingo, sobre todo por territorios del actual Baní28.
Sobre ese particular, Charlevoix, citado por el historiador español Manuel Vicente Hernández González en la obra El Sur Dominicano, señala que a finales del siglo XVII algunos puntos considerados barrios de la capital contaban con compañías de milicias burguesas de alrededor de 240 hombres, casi todos blancos. En contraposición a eso ha de señalarse que siempre hubo en la colonia de Santo Domingo un alto porcentaje de pobladores mulatos. No obstante, en un área circunvecina a la ciudad de Santo Domingo hegemonizada por una mayoría mulata, tanto los  hatos  del  actual  Baní como San Carlos de Tenerife trataron de distinguirse y de relanzar su caracterización como localidad blanca por antonomasia29.
 
PARROQUIA DE BANÍ. 
De Hernández González obtenemos que en el IV sínodo diocesano de 1683 tuvo lugar la erección de la parroquia de Baní, conjuntamente con la de Nigua, y por otro lado, la de la ribera del Haina; coincidiendo esas con la erección de la parroquia de San Lorenzo de los Minas. Eran tres curatos de estancias, uno para las de Nigua y Baní, otro para la ribera del Haina y un tercero para el río arriba del puerto de Santo Domingo, el de San Lorenzo de los Minas, por haber varias haciendas con regular dotación de esclavos y a las que concurrían un crecido número de peones y trabajadores y también vividores que no podían cumplir sus deberes religiosos.
Pero para esa época tano Baní, como San Lorenzo de los Minas, el Haina o Nigua sólo fueron simples curatos del extrarradio capitalino, dependientes en lo jurídico-político del cabildo de Santo Domingo y de sus alcaldes ordinarios y también de la denominada Santa Hermandad.
Existe sin embargo, documentación histórica donde se advierte que el 26 de febrero de 1764 se procedió por orden del capitán general Manuel de Azlor a la verificación del contrato entre los dueños del hato de Cerro Gordo con los vecinos de Baní para lograr la formación del lugar. Con esa finalidad pasaron allí el escribano Diego de Sosa y el agrimensor Antonio Bernal para la medición, deslinde y amojonamiento de las tierras vendidas por los referidos dueños para formar en ellas población, criar y labrar como les sea conveniente, sin perjudicar a los vecinos, sino guardándose unos a otros, buena y recíproca correspondencia33.
Los referidos oficiales tomando como referencia el mapa formado de orden del gobernador, en el que se advertía delineadas iglesias, cuartel, casas de cabildo y de vecinos, calles y otras descripciones; dieron posesión a todos los vecinos con el sitio y servidumbre de cada bohío. Se dio comisión para el cumplimiento en el futuro al gobernador de armas Pablo Romero y a Luis Peguero para su vigilancia. El 19 de febrero de 1764 Romero y Peguero pasaron a Baní y efectuaron lo acordado, con asistencia del vicario de esa parroquia Manuel Franco de Medina, hijo de un comerciante canario asentado en la capital; y con  los propietarios del hato de Cerro Gordo, Bartolomé del Castillo y Francisco Báez, quienes prometieron vender a los vecinos tales terrenos.
Varios días después, el 1ro.de marzo del referido año, se procedió a culminar lo anteriormente acordado, se cortó varias ramas y árboles por todo el terreno y se declaró como ejido todo el terreno que se hallare fuera de alineación trazada. El día 2 de marzo de 1764 se hizo un mapa del terreno deslindado, el cual se componía de caballería y media de tierra y 19.472 varas conuqueras. Tomás Del Monte y Heredia, regidor del ayuntamiento capitalino, y Antonio Bernal tasaron la caballería de tierra a razón de 225 pesos. Los dueños del hato de Cerro Gordo y el gobernador de armas Pablo Romero, ese último en representación de los vecinos, dieron su aprobación a la venta cuyo precio fue establecido en 374 pesos34.
El mismo 2 de marzo de 1764 se comenzó a delinear el pueblo, señalándose con estacas las casas del Ayuntamiento, que amplió sus varas a 25 al haberse aumentado también las de la parroquia, para que corriese la plaza con igualdad. Así mismo, se formaron las calles con estacas, dándoseles los siguientes nombres:
 
1.- A la de la esquina de la casa del cura, calle de la Parroquia; 
2.- A la que corría de la esquina de la casa del sacristán mayor, calle del Rosario; 
3.-A la que lo hacía de la esquina frente a la casa del cura mirando al poniente, calle de San Carlos; 
4.-A la que era esquinera a la casa que la comenzaba con la del Rosario y corría hacia el oriente, calle de Salsipuedes; 
5.- La que iba de la esquina que hacía frente con la casa inmediata al ayuntamiento y miraba al dicho oriente, calle Real; 
6.-La otra, que tenía igualdad con ésta y miraba al poniente, calle de Azlor; 
7.- La que empezaba en la esquina de ésta última y miraba al sur, calle de Villavicencio; 
8.- La otra que miraba al sur, calle de Romero.35 
El 4 de marzo del mismo año 1764 se delimitaron los bohíos del pueblo, dándole posesión de ellos a Domingo Guerrero, al capitán Luis Guerrero, a Antonio Guerrero, a Agustín Pérez, a Jerónimo Guerrero, dueño del hato de Peravia; a Lorenzo Báez, dueño del de Payá; a Juan Evangelista de Lara, casado con una hija de Luis Joseph Peguero; a Dionisia Franco, dueña del de Sombrero; a Francisco Soto, a Rodrigo Tejeda, a Manuel de Jesús, a José Soto, a Juan del Rosario, dueño del de Sabana Buey; a Francisco, de la de La Encarnación; a Josefa de Brea, a Manuel del Villar, a Esteban Soto, a Isabel Cordero, a Luis Peguero, el ya citado historiador y mayordomo de fábrica, dueño del hato de San Francisco y el Rosario; y al gobernador Pablo Romero.36
 
Los vecinos de Baní estaban tan interesados en contar con un cabildo que realizaron una lista de personas que eran aptas para dirigirlos por ser leídos y escribidos, a saber: capitán Domingo Guerrero, teniente Antonio Guerrero, alférez Gabriel Álvarez, capitán retirado José de Soto, capitán José Pimentel, teniente José Díaz, alférez Marcos Báez, alférez retirado Antonio Lizardo, Cristóbal de Soto, Francisco de Lara, Agustín Pérez, Pedro Montesdeoca, José Gómez, Francisco  Encarnación, Juan de Lara, yerno de Peguero y zapatero; Juan Esteban Díaz, Francisco Báez, Felipe de Brea, Juan de Brea, Marcos de Jesús Lara, Francisco Medina, Esteban de Soto, José Félix y Juan de Melo.37

  1. Incháustegui refiere que la época en la cual se fundó el pueblo Baní era próspera y halagüeña, denominada según el señalado escritor como periodo de laRestauración del Gobierno Colonial, y actuaba como gobernador el mariscal de campo don Manuel de Azlor y Urries. Asegura Incháustegui que con relación al progreso de Baní influyó el fomento del comercio de ganado y bestias que hacían sus vecinos con la parte francesa, y a su vez, introducían esclavos por las fronteras para venderlos a buenos precios.38 

 
DIVISIÓN TERRITORIAL. 
Baní adquiere la categoría de común, demarcación territorial similar al actual municipio, desde la época de la ocupación haitiana. En esa época fue erigida en común perteneciente al departamento Ozama.
El mismo día de la entrada de las tropas haitianas a la ciudad de Santo Domingo, el presidente haitiano Jean Pierre Boyer dictó una proclama mediante la cual quedaba la actual parte dominicana de la Isla bajo la jurisdicción de las leyes de la República de Haití. Bajo esas condiciones el territorio dominicano quedaba dividido en dos departamentos territoriales, del Ozama del Cibao, los cuales a su vez se subdividían en distritos y comunes. A esos dos departamentos hacía referencia la Constitución haitiana de 1816.
Hasta el año 1843 ninguna disposición legal ni reglamentaria, que modificara la división territorial de la parte oriental de la Isla, había sido dictada por las autoridades haitianas. Pero en fecha 11 de julio del referido año el gobierno provisional de Haití dictó un decreto sobre División del Territorio de la República, que creaba seis departamentos territoriales: del Sur; del Oeste, del Artibonito, del Norte, del Cibao del Ozama.
 
Mediante los artículos 43 al 47 del referido decreto se establecía que Baní era una común perteneciente al cantón de Azua, cantón perteneciente a su vez al departamento Ozama, departamento territorial que tenía como cabecera la ciudad de Santo Domingo.39
Proclamada la independencia del 27 de febrero de 1844, la Junta Central Gubernativa, creada precisamente raíz de la proclamación de Independencia, estableció con fines electorales una división territorial de la República. En efecto, el Decreto núm. 14, de fecha 24 de julio de 1844, convierte a Baní en común del departamento de Santo Domingo.40
La Ley núm. 40, de fecha 9 de junio de 1845, dictada por el Tribunado de la República, estableció una nueva división del territorio dominicano. Sin embargo, mantuvo a Baní en su condición de común de la provincia Santo Domingo.41
 
En 1854 mediante la Ley núm. 355, Ley Sobre Administración Provincial, del 5 de septiembre del referido año, Baní mantiene la categoría de común pero perteneciendo a la provincia de Compostela de Azua.42
Durante el período de la anexión a España, iniciado el 18 de marzo de 1861, la división política, administrativa y judicial quedó sustancialmente modificada en Santo Domingo. En efecto, el 24 de agosto de referido año, la Resolución núm. 693, de División Territorial Provisional, dictada por la Capitanía General que gobernaba la anexada República estableció tales cambios, entre ellos, la instauración de Baní con la categoría territorial de tenencia de gobierno de la provincia Santo Domingo.
En el año 1865 Baní readquiere su condición territorial de común al ser puesta nuevamente en vigor la citada Ley núm. 355 del año 1854. En efecto, el Decreto núm. 812, de fecha 24 de enero de 1865, dictado por el gobierno provisional, ponía nuevamente en vigencia las leyes que regían en el país dictadas por las autoridades dominicanas antes de la anexión y restituía la Constitución de Moca del año 1858.43
 
En fecha 11 de noviembre de 1932, mediante la Ley núm. 39744, Baní con la categoría territorial de común fue transferida de la provincia Santo Domingo a la Provincia Trujillo, creada por esa misma ley.
La Provincia Trujillo es la actual provincia San Cristóbal. Fue creada mediante la referida Ley Núm. 397 del año 1932. En principio la Provincia Trujillo comprendía el extenso territorio de las comunes San Cristóbal, Baní, Monte Plata, Yamasá, Villa Mella, La Victoria, que hasta la promulgación de la referida ley pertenecían a la provincia Santo Domingo; así como también la común San José de Ocoa, hasta entonces perteneciente a provincia de Azua; y la común Bonao, teniendo como divisoria el río Yuna y la sección Maimón de la común Cotuí, provincia La Vega.
Posteriormente mediante la Ley Núm. 5685, de fecha 29 de noviembre de 1961, la Provincia Trujillo pasó a denominarse San Cristóbal.45
Para el año 1944 mediante la Ley núm. 747 del 23 de noviembre del referido año, fue creada la Provincia Baní cuya cabecera era la ciudad del mismo nombre, convirtiéndose entonces el municipio Baní en el principal de esa provincia. Esa provincia es la actual Peravia. El texto legal que la crea  establece lo siguiente:
 
“Desde el 1ro. de enero de 1945, la Común de Bani, incluyendo su Distrito Municipal de Nizao, quedará segregada de la Provincia Trujillo, para constituir, junto con la Común de San José de Ocoa, que quedará segregada de la Provincia de Azua desde la misma fecha, una nueva Provincia, que se denominará Provincia de Baní, que tendrá su asiento en la villa de este nombre, y que desde la misma fecha adquirirá la categoría de ciudad.”46 
El 1ro. de diciembre del mismo año 1944 la Provincia Baní pasó a denominarse Provincia José Trujillo Valdés, mediante la Ley núm. 750 de la referida fecha, publicada en la Gaceta Oficial 6180; dicho nombre tenía por objeto honrar al padre del dictador Rafael L. Trujillo Molina. Se advierte que la Provincia Baní cambió de nombre por el de Provincia José Trujillo Valdés, incluso antes de que la misma fuese puesta en ejecución.
 
Posteriormente el 29 de noviembre de 1961, mediante la Ley núm. 5685 de la referida fecha y publicada en la Gaceta Oficial 8633-bis, la Provincia José Trujillo Valdés pasó a denominarse Provincia Peravia, nombre que mantiene en la actualidad.47
Según la división territorial actual la Provincia Peravia forma parte de la V región del país, llamada Región Valdesia, región que a su vez está comprendida en la Macroregión Suroeste.48
La provincia cuenta hoy con dos municipios: Baní, que es el principal, y Nizao.
El municipio Baní comprende a su vez los distritos municipales Matanzas, creado mediante la Ley núm. 23-91, de fecha 14 de octubre de 1991, publicada en la Gaceta Oficial 9818; Villa Fundación, creado mediante la Ley núm. 24-91, de fecha 15 de octubre de 1991, publicada en la Gaceta Oficial 9818; Sabana Buey, creado mediante la Ley núm. 28-91, de fecha 31 de octubre de 1991, publicada en la Gaceta Oficial 9819; Paya, creado mediante la Ley núm. 270-98, de fecha 24 de julio de 1998, publicada en la Gaceta Oficial 9991; Villa Sombrero, creado mediante la Ley núm. 144-01, de fecha 21 de Agosto de 2001, publicada en la Gaceta Oficial 10100; El Carretón, creado mediante la Ley núm. 211-04, de fecha 30 de Julio de 2004, publicada en la Gaceta Oficial 10119; Catalina, creado mediante la Ley núm. 28-91, de fecha 31 de octubre de 1991, publicada en la Gaceta Oficial 10283 bis; El Limonal, creado mediante la Ley núm. 151-06, de fecha 7 de abril de 2006, publicada en la Gaceta Oficial 10366 y Las Barias, creado mediante la Ley núm. 372-06, de fecha 3 de octubre de 2006, publicada en la Gaceta Oficial 10388.
En tanto que el municipio Nizao, el cual fue creado mediante la Ley núm. 28-88, de fecha 14 de abril de 1988 y publicada en la Gaceta Oficial 9732; comprende a su vez el distrito municipal Pizarrete, cuya categoría territorial fue concedida mediante la Ley núm. 147-97, de fecha 2 de julio de 1997 y publicada en la Gaceta Oficial 9959; y el distrito municipal Santana, cuya categoría territorial fue concedida mediante la Ley núm. 22-98, de fecha 2 de de enero de 1998 y publicada en la Gaceta Oficial 9972.49
 
 
 
 
 
 
 
 

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  1. excelente información

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