Una Sociedad… muy Justa!

Por Alcibíades Escalante
En la República Dominicana de hoy, se ha hecho algo muy habitual el que cada día que encendemos la televisión o que habilitamos un momento para hojear el periódico de cada mañana, ya sea en los programas noticiosos o en las secciones de igual género en la prensa escrita, nos topamos, con una naturalidad espantosa, con trágicas noticias de nuestra sociedad, en nuestro país de hoy.
De igual manera que nos topamos con estas trágicas noticias que describen con ribetes mayúsculos el más mínimo detalle de cómo acontecen esas tragedias, nos topamos con el alarmante número que refleja una alta tasa de desempleo, no solo en el país, sino en el mundo entero.
Un tema y otro son parte de un componente social, que van de la mano en el diario vivir de nuestra República de hoy.
El desempleo es un alimento para la generación de violencia, de eso no cabe dudas, es por todos sabido, que un ser humano atrapado y sin la capacidad económica de respuesta ante la vorágine del mundo consumista de hoy, se le hará muy cuesta arriba soportar y enfrentar con la tranquilidad necesaria el día a día que se le vendrá necesariamente encima.
Un ser humano con pareja e hijos, con necesidades perentorias de vivienda, de alimentos, de vestimentas, de medicina, de educación y hasta necesariamente de diversión, cómo se la ingeniará para lidiar con ese problema ante la ausencia del tan necesario empleo para sobrevivir y poder llevar una vida social y moralmente digna.
Hasta ahí, nos topamos con un cuadro que fácilmente nos describe una realidad que nos asocia de manera automática a un trágico acontecer en el futuro inmediato de esa persona o de esa familia.
Me llega la necesaria pregunta: ¿qué le ofrece nuestra estructura social de hoy como paliativo mínimo a esa persona o a ese núcleo familiar en tan difícil y precaria realidad de existencia?
La verdad es que no hay respuesta y por ende, ya conocemos muy bien las alarmantes estadísticas, en donde por lógica conclusión, asumimos que estos actores, de una forma u otra, terminarán pasando a engrosar los números en rojo de esas fatales matrículas de violencia y tragedia, que con tanta gracia periodística, muchas veces, nos asedian los medios, abusando del morbo de una prensa sensacionalista e irresponsable a la hora de informar, en vez de conducir sus informaciones con el debido profesionalismo y el respeto que se merece la sociedad nuestra.
Ese cuadro por un lado, por el otro, tenemos la cruel realidad de los programas que, entre comillas, buscan la apropiada reinserción social de quienes cometen delitos, y digo cruel realidad, porque los beneficios que se les otorgan a quienes delinquen, no están concebidos para aquel que cae en la desgracia del desempleo.
Me hago la pregunta: ¿tiene el desempleado asegurados, techo,  cama, alimento y educación, entre otros beneficios que aquel ostenta?, porque como paradoja de la vida, al que viola y mata, o roba, le esperan, entre comillas… ¡el confort de todos estos privilegios!
Ya no se le llama preso en el nuevo modelo penitenciario, ahora se le llama “Privado de Libertad” y entre sus beneficios, tienen facilidades para hacer deportes y otras actividades de ocio para su recreación, aspectos que les permitirán sea más llevadera su vida dentro del recinto carcelario, pero también se le asiste en el campo de la salud mental, con psiquiatras y psicólogos a su entera disposición, para ayudarlos a manejar el stress que le pudiese generar la privación de su libertad.
¿Tiene el desempleado estos privilegios para manejar el stress de la desgracia que se le ha venido encima?; ¿le ayudan con las tres papas calientes, para que su estómago se mantenga lleno y le funcione aquello de “Barriga jarta corazón contento”?, pues debemos recordar y tener bien presente, aquella otra famosa expresión de que: “El mal comío no piensa” (asomo de violencia).
Mientras el “Privado de Libertad” tiene garantía alimentaria y de techo, al desempleado, inquilino por demás en la mayoría de las veces, le están pidiendo la casa y pronto se verá en la calle con sus muchachos al hombro.
Mientras al “Privado de Libertad” le crean las facilidades de estudios en las cárceles, el desempleado se estará preguntando cómo hacer con la educación de sus hijos.
He llegado a la conclusión de pensar, y creo que tengo la libertad para así hacerlo, de asumir que bajo esas premisas, deberán ser muchos los Reos que han llegado a la sabia conclusión de que matando a dos o tres y realizando uno que otro atraco y llevando a cabo unas cuantas fechorías o cometiendo violaciones frente a indefensas mujeres, al fin y al cabo, en algún momento el Cabo o el Sargento terminarán echándole el guante y entonces, y sólo entonces… ¡vivirán una vida feliz!
En conclusión, dejarán de llevar una vida de desempleado, para pasar a ser elementos “Privados de Libertad”, pero con todas las prerrogativas de ley a su favor, leyes que le protegen en el nuevo sistema y las cuales les conferirán en su nueva condición de vida, un nuevo estatus social, pues ya no son presos, a partir de ahora serán “Privados de Libertad”.
Pareciera como si condenáramos al infeliz desgraciado, perdón, desempleado.
Pareciera como si alimentáramos la violencia, para después premiarla.
Todo parece indicar que somos una especie de sociedad al revés.
Pareciera como si dijéramos: ¡Arriba el delito!
Hay veces en que quisiera estar preso…
Que inJUSTA es… nuestra SOC!EDAD!
Pd: NO me opongo a la reeducación para la correcta reinserción a la sociedad de quien delinque, pero me parece más injusto que se premie a quien viola las correctas normas de convivencia social Vs. se castigue con la indiferencia y la marginación, por parte del sistema, a quien atraviese una condición… de desempleado!

Anuncios

Dejar Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.