El límite de la perversidad

 
Por: Nélsido Herasme
Jamás se nos ha borrado de la mente una frase dicha en público por el abogado y político doctor Emmanuel Esquea Guerrero de que “la sociedad dominicana, permeada por la corrupción, ha sido llevada a un derrotero en donde es mejor valorado un rico ladrón que un pobre honesto”.
Aunque le duela a quien le duela, pero la transparencia, el despilfarro y la rendición de cuentas tienen que ser temas de la actual administración que encabeza el presidente Danilo Medina.
La sociedad civil debe marchar y pedir debate sobre estos flagelos, no solo a la clase política, sino a las cúpulas de las entidades que forman parte de los poderes facticos de la nación, porque la tolerancia debe tener un límite.
La población no puede seguir impotente, viendo en los puestos públicos cada cuatro años, el relevo de un corrupto por otro.
A esto hay que ponerle un tente ahí, porque no es verdad que la nación debe seguir dándose el lujo de tener tantos perversos de modelos.
Desde el gobierno se apadrina y se premia la delincuencia y la corrupción, por lo tanto ahí es donde debe empezar a erradicarse.
No es enganchando personas a la milicia, ni llamando a los militares a reforzar la policía y mejorar sustancialmente los sueldos para el combate de la delincuencia en las calles, está muy bienes, pero más que ello, dando el ejemplo desde las propias esferas del poder político.
Nadie sabe cómo ha de sentirse un oficial o un alistado de la guardia y la policía cuando se ve obligado a cuidar la espalda y la familia de un funcionario público que es sindicado por todos como corrupto.
Es desde el gobierno donde se debe predicar con el ejemplo.
Esa lucha debe iniciarse ya, si en verdad se quiere erradicar los males que corroen nuestra nación.
La consigna debe ser que el gobierno no debe seguir siendo usado de botín, donde cualquier patán descerebrado y sin formación se engancha a político para luego asaltarlo.
La sociedad dominicana hay que adecentarla de los chupópteros y políticos malandrines.
La hora es perfecta para hablar de sacrificio por la patria que nos legaron los patricios y todos aquellos que en aras de la libertad, ofrendaron sus vidas, y debatir sobre honestidad, respeto a las leyes y el servicio al país.
El que esté libre que se defienda, pero que lo haga con la debida altura, de manera que no quede expuesto ante la mofa pública, porque la nación no puede seguir siendo un pedazo de isla rodeado de corrupción por todas partes.
 

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