Luis Alfredo Torres, el poeta que juró volver

por Bienvenido Matos Pérez (Sept 15, 2010)
El paso de ciertos hombres por la vida, resulta a veces una montaña de silencios, un laberinto de soledades y olvidos aun cuando esos hombres hayan producido, tanto en su tránsito por los horizontes de la existencia humana. Hay seres tan excepcionales, tan puros que se convierten en referencias, en caminos obligados, hombres y mujeres los hay que son como el sol que se levanta, se asoma para guiarnos y se oculta en el mismo lugar todos los días sin reclamarnos nada que no sea que disfrutemos de la luz de su existencia.
Hay hombres marcados por designios extraños que viven cumpliendo su misión todos los días y sin embargo la generalidad de la gente ni siquiera se percata de su existencia, ¿por que es tan cruel el hombre contra el hombre? ¿porque sentimos tanta indiferencia hacia lo puro, hacia lo bueno?
El sabio Salomón escribió: Con la muerte descansa el hombre de su trabajo, más su obra le sigue, interpretó que el hombre puede vivir más allá de su muerte física, reflexiono que lo que no desaparece es la parte que se torna intangible y que no puede ser tocada por la muerte, de ahí que al evocar su nombre encuentro en el una presencia inextinguida una vida que palpita, que se siente y comprendo que es verdad que los poetas son inmunes a la muerte que esta opera en ellos como un tránsito de lo perenne a lo eterno y descubro porque Luís Alfredo Torres es un vivo entre los muertos,
Este poeta vital, este antro perenne vino al mundo en la ciudad de Barahona un 18 de Octubre de 1935, conoció las limitaciones de su época porque en el tiempo en que nació Barahona era una villa pequeña, limitada y sobre todo atormentada por una dictadura Feroz, Quienes lo trataron desde niño pudieron percatarse a tiempo de que había venido a la vida para algo grande, había demasiado expresión en su sonrisa y demasiado luz en su rostro para tanta ternura en su incipiente presencia, de las limitaciones que vivió y de la apremiante pobreza de la era parece que curtió su alma para el amor y la solidaridad y se hizo Poeta o se confirmó Poeta, porque su obra parece ser indicativa de que fue Poeta tan pronto la vida se hizo presente en su existencia, porque fue flechado por las musas desde la tempranía de su niñez, vivió en la ciudad que le vio nacer y supo que había un barrio llamado Villa Estela, que las calles del pueblo eran un camino de pobres, de hombres y mujeres muertos sin esperanza, pudo vivir y soñar las mañanas del rio biran, de la caoba que era el árbol de la sombra sempiterna, supo de la tragedia eterna del Hombre del Sur y quedó marcado por las Plagas que lo abatían, conoció del mar y sus encantos, el sacio muchas veces su cuerpo con el rió que iba a morir a punta inglesa y partió almendras con la muchachada en aquellos días pletórico de sueños, de encantos cuando la vida le sonreía como un canto divino.
Partió a la ciudad de Santo Domingo para liberarse de las imágenes de la tristeza, allí perfeccionó sus conocimientos de literatura y desarrollo la vida de poeta que le fue otorgado por las musas en el Barahona de sus amores.
Después vinieron otros vientos y hubo necesidad de acrecentar los conocimientos, viajó a los Estados Unidos de Norteamérica donde estudió Psicología, Arte, y Periodismo, fue jefe de redacción del semanario bilingüe el Despertar Americano, la crítica literaria asocia su poesía con los estados más romántico y atormentados del hombre dominicano porque el eco de su discurso es desahogo del más arraigado romanticismo.
Eres del derrotado, el caído,
El hombre en cuyas manos dormían suaves
Los pájaros y acariciabas el lomo de las bestias,
En el sur.
Al verte enfermo,
Con ojos de ebriedad y de locura entre los
Otros pacientes abrumados,
Tuve lágrimas y pedí para siempre la habitual
Melancolía distinguida.
Su poesía fue como un puente colocado en los ojos de los hombres enfermos, Abatidos del sur, para relanzarlos a la vida, para curar su espanto.
Pero donde el eco sonoro de sus vibraciones logró los mayores dolores por el dolor ajeno, que fue también el suyo fue en la poesía”agua para el enterrado: traed agua para el enterrado, un laurel aromado en la sombra porque esta bajo un cielo difícilmente azul”.
El enterrado puede ser cualquiera de nosotros, y sin embargo el lo acosa para cantarle canciones de amor, La eternidad de un poeta en el tiempo y la sociedad en que desenvuelve sus acciones de hacen posible por la fusión que se produce entre ambos al grado de ser difícil diferenciar uno del otro, Un poeta es un horizonte en el discurrir de su tiempo en la medida en que su poesía es la continuación de una sociedad, el poeta no va de la mano con esta, !No! la conduce, la guía y va adherido a su existencia, siendo su propio cuerpo, su propia voz el sol que la ilumina.
En el se dan como por un embrujo mágico, misterioso, las misma sensaciones, las mismas emociones, los mismos pálpitos y este lo siente en lo más hondo de su existencia para tener una idea de estas apreciaciones sólo hay que acercarse a la vida y la poesía de Luís Alfredo Torres, aunque son la misma cosa, su vida y su poesía caminan tan juntas que una define la otra.
Luís Alfredo Torres no fue un barahonero mas, amo este pueblo desde sus adentros y creo siempre la oportunidad para demostrarlo, en la década de los 70 aquí se habló mucho de el y su estrella brilló por todo lo alto en lo jóvenes y muchachos que nos refugiamos en los clubes para desde ellos aportar nuestro granito de arena por un país mejor, en esa época se hablaba de patria, de libertad, de independencia , y todos estábamos embriagados de cierto ideal revolucionario, los clubes germinaron en toda la geografía nacional y desde la sociedad cultural los buenos amigos nos reuníamos para leer y recitar los poemas románticos de este insigne poeta, su canto APROSERPINA nos proporcionó emociones inolvidables,
Proserpina reina de lo infiernos.
Címbalo que retiñe. Proserpina desde que devoraste a lo dulces pastores danzantes
Y ceñiste la enlutada corona.
Se pudrió el buen racimo que pendía de la hermosura y de la luz
Después vinieron los bellos rostros, el enfermo lejano,
Imágenes en el mar, agua para el enterrado,
Tiempos del perdón y una lluvia de temas abordados desde una profunda vocación poética labrados con mucho criterio estético y con una lírica impresionante.
Mi primer encuentro con el poeta sucedió como un accidente provocado por la casualidad, fue por los alrededores del Conde en la cafetería Paco donde acudí en busca de un desayuno ligero, en la espera del servicio, alguien se sentó el banqueta contigua a la mía, no le vi el rostro pero me impactó su presencia
– Va de viaje
– Si, regreso a Barahona
– Pero somos compueblanos
– Si ese es mi pueblo, en el que nací y del que nunca he estado fuera por más de 5 días
– Si, yo también soy barahonero, es mi gran orgullo, por circunstancias resido aquí hace buen tiempo, pero debo volver a Barahona antes que se apague mi última estrella, el día no ha llegado pero juro que volveré a mi Barahona querida.
Sus palabras me confundieron, no le entendí, seguimos conversando hizo tanto hincapié en que volvería a Barahona antes que se apague su última estrella que al final fingí entenderlo porque juro más de una vez que volvería a Barahona ante que se apagara su última estrella, a devolver lo que le había sido entregado por los dioses, me dijo su nombre yo le dije el mío, preguntó de Barahona todo cuanto nos fue posible en el breve espacio de tiempo en que nos conocimos, yo fiel a su palabra le dije, nos veremos en Barahona cuando usted vaya, antes que se apague su última estrella.
Cuando le dije a los muchacho de aquí mi encuentro con el poeta se pusieron contentos y su nombre y su poesía se volvieron a estar moda y volvimos a evocarlo y apareció un ejemplar de Alta Realidad que era su última obra poética, todos estuvimos de acuerdo que la misma era un manojo preparado con la más honda ternura en la que se sentían profundas vibraciones y las más sonoras y sentimentales emociones, no se cuanto tiempo transcurrió sin que volviéramos a tener noticias de el, fue una tarde en la calle Benito González de santo domingo me lo encontré en un viejo colmado pese a que lucía agotado de salud tenía una memoria de elefante – Barahonero, me llamó con fuerza, ¿de nuevo por aquí? Y sentí en su voz mucha satisfacción, le invite al colmado compartimos un trago y charlamos por buena rato, me habló de su obra alta realidad, y entonó algunas estrofas.
Adolescente no mueras!
Seres como tu deben seguir viviendo!
Para con su hermosura!
Disipar esta copa dolorosa del mundo!
Señora virgen de la Altagracia!
Por vuestra corona y vuestros rizos!
Por vuestra angélica hermosura!
Por vuestro fecundísimo vientre ampáranos!
Este fue un ruego por nosotros, por los dolores anclado en nuestras almas por el granel de sufrimientos amontonado en nuestros 44 mil kilómetros de tierra pisoteada, clamor que fue también sollozo permanente en su poesía, luz por una muerte:
Señora virgen de la Altagracia
Si aquel que torturó fue torturado
Si aquel que asesinó fue asesinado
Si aquel que traicionó fue traicionado
No se puede dudar de tu justicia
La obra poética de Luís Alfredo Torres es sencillamente impresionante por su contenido, por su profundidad, porque fue hecha como denuncia y testimonio como suma vital de la existencia del hombre y la tierra nuestra a la que cantó con el más puro y arraigado amor.
Poetas y escritores de la valía de Don Cándido Gerón, Don Lupo Hernández Rueda, Don Mateo Morrison y Radhamés Reyes Vásquez lo han valorado como altamente trascendente, da la impresión que Luís Alfredo Torres se hizo su mundo, un mundo extraño, desconocido, pero el mundo que quiso para el y que solo se explica en su poesía.
El tiempo casi lo había borrado de nuestras mentes, los avatares de la vida nos empujaron hacia otras latitudes, hacia otros mundos, pero yo, siempre lo recordaba.
Una tarde al regreso de mi habitual caminata tuve la dicha de tener el que seria el ultimo contacto con el, fue en el parque central de Barahona, Luís Alfredo conversaba animado con su amigo de infancia Marino Vásquez, algo me atrajo hasta ellos, no le reconocí pero algo me inclino a preguntar Quien era – Luís Alfredo Torres me dijo Marino Vásquez entusiasmado ven para que le conozcas, volví a ver en el sus mismas luces, su amplias sonrisa era como una convocatoria a la amistad, nos saludamos, me recordó y comenzamos a hablar con entusiasmo, nos contó su vida en Barahona, su poesía, pero no me habló de su última estrella aunque yo buen observador intuí la razón de su presencia entre nosotros, me dijo que había viajado hasta la provincia Bahoruco a diligencias personales y siendo muy entrada la tarde y por limitaciones de transporte decidió pernotar en Barahona, siendo muy entrada la noche y después de garantizar su permanencia decidimos alojarlo en el local del honorable cuerpo de bomberos para tener mayor seguridad de el, por instrucción del coronel Luís Sánchez se le trató como un príncipe, como un barahonero ilustre.
Volvimos al cuerpo de bomberos y no manifestó que debía regresar temprano a Santo Domingo comisionamos al gestor cultural Luís Peña Gonzáles para que lo transportara temprano a la parada de minibús, yo tenia responsabilidades de viajar a la provincia independencia a cumplir compromisos de trabajo del que regrese pasada las 5 de la tarde al desmontarme justamente frente a la parada, desde un minibús en marcha volví a escuchar la voz del poeta que saludándome con profunda emoción me decía – Adiós Poeta, Gracias, un poco conturbado atine a levantar mi mano para responder su saludo hasta que el vehiculo se perdió de mi vista, esto me lleno de confusión ¿pero era Luís Alfredo Torres?, no puede ser por que dijo que se marchaba temprano, muchos pensamiento pasaron por mi mente, decidí ver el responsable de conducirlo a la parada de minibús, este me confirmo que fue colocado en la guagua que lo llevaría de regreso a Santo Domingo a las 8:00 A.M de lo demás el no tenia conocimiento, 15 días después el periódico El Nacional de ahora titulaba en Primera Plana, Fallece Poeta Luís Alfredo Torres y daba cuenta de su fallecimiento en un banco del Hospital Padre Billini, como muere un gigante en un país de enanos.
Cierto día conversando con un viejo pescador que regresaba del mar le pregunte,
– ¿Desde que hora esta usted entre la aguas?
– Hace mas de 35 años que me hago a la mar en las primeras horas de la madrugada
– ¿Y no sientes miedo, no temes a los muertos, a lo malo?
– En los años que llevo en esta brega solo he sentido miedo una vez, hace ya cierto tiempo, fue una madrugada yo preparaba mi yola para hacerme a la mar y vi mucha claridad a mi derecha, mucha luz, pero una luz rara, extrañado camine hacia ella y vi un hombre de tes clara, pequeño de estatura que mirando al horizonte como que hablaba con el mar, vi el mar adormecido, lo vi arrodillado a sus pies, de su boca salían palabras hermosas que no puedo recordar y caían al agua, camine hacia el, pero ante mi cercanía se hizo invisible y tuve miedo, esa noche regrese a mi casa, no dije nada y es de las pocas veces que en mis años de pescador que no me hice a la mar
– Temes a los muertos
– No, temo a los vivos cuando desandan.
Entonces recordé las palabra del extraordinario poeta español Miguel Hernández, Muere un Poeta y la creación se siente herida en sus entrañas, fue cuando comprendí porque Luís Alfredo Torres no nos hablo de su ultima estrella y me convencí que vino a cumplir su ultima palabra, volveré a Barahona, antes de que se apague mi ultima estrella a devolver lo que los dioses una vez me entregaron.
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