Entre la anarquía y la dictadura

Joaquín Peláez
Joaquín Peláez
Por Joaquín Peláez
 
Desde el nacimiento de la República, hemos vivido, en medio de la anarquía y la dictadura. La anarquía, producto de las pugnas, entre los sectores económicos de cada estadio social, y la dictadura, basada en la imposición, de modelos autoritarios amparados en alguna potencia extranjera.
 
Hemos transitado, distintas etapas del modelo capitalista imperial, y ahora, en esta nueva forma, se manifiesta la anarquía a través de los partidos políticos y la competencia de grupos monopólicos nacionales y extra nacionales.
 
La población, aspira a un modelo realmente democrático, y al no vivirlo, se inclina, ante la anarquía, por la dictadura. No significa, que la población, sea masoquista, que le gusta, que la maltraten, sino que aspira a un nivel de seguridad aunque sea mínima, y ve en esos esquemas tradicionales, un respiro en su existencia.
 
Por eso, muchos opinamos, que el esquema no anda bien, que se acerca un momento, para el cambio, que varíe esta situación de existencia. Sin embargo, la aspiración profunda del pueblo y la nación dominicana, es tener un espacio totalmente democrático, de aplicación de las leyes, del cumplimiento de las penas, a los delincuentes, en todos los ámbitos y e aspectos.
 
No podremos llegar a la aplicación de nuestros derechos, cuando, tenemos un esquema, donde la honestidad, la honradez, el respeto a la norma, a la equidad, sea letra muerta.
 
Tampoco, cuando somos individuos, con una calificación profesional, de primera, y un desempeño analfabeto, tampoco, existirá democracia, cuando unos cuantos, aspiran a hacerse ricos, con el sudor, del trabajador, sumiéndolo en la mas abusadora situación de pobreza, por los salarios de miseria, que reciben. tampoco, con una estructura educativa llena de profesionales, que no aspiran a la democracia, ya que los resultados de su quehacer, es lo contrario de la aspiración educativa, ni que decir, de la explosión de violencia, en todos los aspectos de la vida ciudadana.
 
Si los mecanismos, legales, no se emplean a fondo en contribuir, a fuerza de lo que la ley manda, para regularizar la vida, no pensemos en la democracia.
 
Y los partidos, que se vean, en ese retrato, porque a ellos, es que les caerá, la mayor, parte de la culpa y a los que a ellos representan, que no es al pueblo, sino a los grupos de poder, enquistados en el Estado y la en la sociedad civil, a las que ellos responden.

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