El Castillo del Cerro de San Cristóbal o “ Casa de Orates”

La Residencia que Trujillo nunca habitó, motivo de la desgracia de varios de sus más estrechos colaboradores.

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por Bienvenido Pantaleón Hernández, Arqto./fuente: Imágenes de Nuestra Historia

Siempre se ha comentado que el mural que realizó, en elCastillo del Cerro de San Cristóbal, el pintor español José Vela Zanetti, en lo que sería el comedor privado, fue de tal desagrado para Trujillo, que el afamado pintor y muralista cayó en el desafecto del dictador siendo relegado en la realización de sus obras en los Edificios Gubernamentales. El mural representa una fiesta campesina. Dicen que Trujillo al verlo expreso “Pero….  y que fiesta es esta ?…..Esto lo que parece es un velorio”, pues los asistentes y los músicos plasmados en la obra, en vez de aparentar estar en una fiesta, parecen estar en un funeral. Sus rostros sin sonrisas, sin miradas, sin alegría, cabizbajos, denotan una tristeza escondida.

La misma suerte de la desgracia la corrieron Virgilio Álvarez Pina, (Don Cucho) cercano colaborador de Trujillo y en ese momento, Presidente de la Junta Central Directiva del Partido Dominicano, el único existente en esos tiempos, además del Arquitecto Práctico Henry Gazón Bona que previendo otras probabilidades, salió al auto exilio en Montreal donde murió en 1982.

Don Cucho Álvarez Pina, tenía a cargo la dirección de la obra por órdenes directas del dictador Trujillo y por lo ocurrido (entre otras cosas) estuvo por más de 3  años fuera del disfrute de las mieles del placer y el poder. Fue relegado a ocupar una curul de diputado por el Distrito Nacional. Es el  comienzo, como narra Álvarez Pina, de “…un largo calvario, con reclusión domestica voluntaria…” Cabe resaltar que como diputado apenas duro tres meses.

El Arquitecto Gazón Bona, quien sirvió al régimen trujillista por más de 20 años, realizando obras de gran envergadura, entre las que se encontraban, el Mercado Modelo de la Avenida Mella, los edificios sede del Partido Dominicano en diferentes ciudades del país, así como el Monumento de Santiago, fue también desligado de las altas instancias del poder político.  Gazón fue perseguido, amenazado de muerte, difamado públicamente, acusado de malversar los fondos de la construcción, y ante todo ese acoso descomunal,   tuvo que abandonar el país de manera acelerada, abandonando a su familia, temiendo por su vida y para completar ese caudal de atropellos, fue acusado -ya fuera del país-, de desertor del Ejército en el que era Mayor . Desde su partida en 1951, no regresa jamás a su país y  fallece en  la ciudad de Montreal, Canadá.

Según narra Don Cucho en su libro “La Era de Trujillo, narraciones de Don Cucho”, Trujillo a principios del año 1948, le instruyó para que citara al Arquitecto Gazón para que le realizara varias propuestas de diseño, para construir una Residencia en el Cerro ubicado en San Cristóbal, donde poseía una finca con una de las vistas más espectaculares de la zona, y le indicó que esa residencia se la iba a “obsequiar” el Partido Dominicano a él, y que cuando el arquitecto Gazón tuviera listas las  propuestas se las entregara, para que su esposa las viera  y decidiera  cual preferiría.

Cuando estuvieron listas unas tres propuestas, les fueron entregadas a Doña María  y luego, tres meses después, Trujillo llamó a Don Cucho y al arquitecto Gazón para entregarle los planos de la propuesta escogida por su esposa, que según narra Don Cucho era la que “Semejaba un Castillo”. A esta propuesta la “Excelsa Matrona” (titulo que se le había conferido extraoficialmente) le había realizado múltiples correcciones y modificaciones que distorsionaban de forma sustancial el diseño original del arquitecto Gazón Bona.

Gazón le pidió a Trujillo, que si era posible reunirse con su señora para completar los detalles de los que eran sus sugerencias. A lo que Gazón con la autorización de Trujillo, se reunió en múltiples ocasiones con Doña María, pero el proyecto continuó distorsionándose con las interminables modificaciones realizadas por esta…

La obra se inicio en 1948 y las visitas, de Trujillo y su esposa, eran constantes a la construcción, produciendo estos, cambios ampliaciones y modificaciones al diseño ya sobre la marcha. Se dio el caso de que muchas veces el arquitecto se encontraba con cambios que se realizaban en su ausencia por ordenes de Trujillo y su esposa… En la construcción de esta fastuosa residencia, Don Cucho y Henry Gazón siguieron al pie de la letra las correcciones y sugerencias (que eran órdenes) hechas por María Martínez de Trujillo y por su esposo, que visitaban semanalmente la obra y que de tantos cambios, improvisaciones y caprichos,  distorsionaron por completo el proyecto original del arquitecto.

Una Verdadera torre de babel !!!

Narra Don Cucho que Trujillo y su esposa siempre se mostraron a gusto y entusiasmados de cómo iba quedando la residencia. Todas las terminaciones, mobiliarios y cristalería eran mostrados por Gazón y Don Cucho a Trujillo y Doña María para su aprobación o comentarios, antes de ser adquiridos y de su posterior instalación. Los herrajes, picaportes y cerámica fueron importados desde Italia y los mármoles de los pisos desde España.

Los recursos para estas compras eran provistos de los fondos del Partido Dominicano como regalo a su líder. A principios de  noviembre de  1950, luego de estar lista la obra, Doña María, realizó una visita en compañía de varias de sus amigas más cercanas y de confianza, las cuales después de realizar un recorrido por la residencia, se burlaron diplomáticamente de lo sobrecargado y el mal gusto  de la decoración  de la residencia.

A los pocos días, Trujillo, luego de las quejas encolerizadas de su esposa, visitó de imprevisto la obra, en compañía Anselmo Paulino, favorito fabulador del dictador en esos momentos, y  radical adversario de Don Cucho, responsable de la obra.

El “Perínclito” (como también se le solía llamar) ya prejuiciado, recorrió la obra junto a Don Anselmo, Don Cucho y todos sus sequitos. Lo hizo en silencio, sin pronunciar palabra alguna. Entró a la habitación principal, se detuvo y dijo….. “Quien ha visto una habitación con tantas puertas???

Escribe Don Cucho que le quiso decir a Trujillo que el diseño de la habitación había sido realizado siguiendo sus observaciones e instrucciones. Pero por respeto (miedo ante tan embarazosa situación) prefirió callar y ya Trujillo en el vestíbulo, listo para retirarse, se dirigió a Anselmo Paulino y le comento: “Anselmo, qué te parece este disparate??? “Jefe”, contestó el favorito del momento, “esto es una verdadera casa de orates”.

A los pocos días de la visita de Trujillo al Castillo de El Cerro ……El sábado 11 de Noviembre del 1950, fue publicado en primera plana del  Periódico El Caribe, un artículo  Titulado: “Casa de Orates en El Cerro”, articulo en el que se atacaba de manera despiadada e injusta, a Don Cucho, a Gazón y a Vela Zanetti, por los desaciertos en el diseño y el derroche en la construcción de esta residencia … y que entre otras cosas decía… “ésta construcción nunca contó con la aprobación del Primer Magistrado de la Nación, a quien jamás se le consultó acerca de tan descabellada idea. Tampoco les fueron mostrados los planos del edificio, ni se le comunicaron los progresos en la ejecución de tan disparatada concepción arquitectónica”.

Y decía el articulo al final: “Ante todo esto queda hacerse estas reflexiones !Como se dilapida el dinero ajeno! Como se hacen cosas disparatadas sin coordinación alguna y con el único fin preconcebido de obtener jugosos porcentajes en las compras de materiales y de artículos no importa su naturaleza con tal de que estén a la venta,”

La publicación además reseña que una “Comisión” enviada para ver que posible uso podía dársele a la edificación determinó que:  “El único uso posible que , dentro de sus departamentos puede dársele al edificio, es el de Casa de Alienados”

Nos preguntamos ahora; qué obra se hacía sin la anuencia del dictador y sobre todo una edificación hecha para su uso y en su ciudad natal San Cristóbal ?

Ante los desastrosos resultados de esta residencia, se evidencia una vez más  la egolatría  el narcicismo y el  derroche del dinero del pueblo dominicano para satisfacer las apetencias sin límites del dictador. Trujillo y Doña María Martínez, y sus consejeros, en ese momento, buscaron culpables para cubrir apariencias ante semejante adefesio y con ese lastre cargaron Álvarez Pina, Gazón y Vela Zanetti

Extraños comportamientos del régimen dictatorial de 31 Años, donde hasta los más allegados al dictador,  Rafael Leónidas Trujillo Molina, podían caer de la cúspide del poder a la desgracia, por el más sencillo comentario, chisme o intriga llevada al dictador o a uno de sus acólitos.

Muestra de ello es, que luego la desgracia política le toco a Anselmo Paulino en 1954, fruto de las intrigas de Doña María y los hijos de Trujillo, celosos al ver todo el poder que había acumulado Paulino.

Luego del viaje a España de Trujillo y su sequito, recibido con todas las pompas por el Generalísimo Francisco Franco, a la llegada al país, el favorito del momento (Anselmo Paulino), fue acusado de malversación de fondos del Estado, entre otras acusaciones, y condenado a prisión; además fue objeto de innumerables desconsideraciones a él y sus familiares y colaboradores. Todo esto luego de haber sido el funcionario con más poder después de Trujillo. Paulino, meses después de guardar prisión, Trujillo lo libera y le permite salir del país y este se radica en Suiza.

Trujillo nunca habitó el llamado  Castillo del Cerro o la peyorativamente llamada “Casa de Orates.”, objeto de tantas intrigas, desgracias y desconsideraciones inmerecidas a colaboradores cercanos a su régimen.

El Castillo del Cerro ,luego de permanecer abandonado, saqueado , refugio de damnificados y  en la ruina por muchos años , es en 1988 cuando se inician los trabajos de resturación del inmueble.

Tras varios años de trabajos en la que se involucraron varias firmas de arquitectos , es el año 2005 cuando son terminados los trabajos y la edificación es asignada para ser ocupada por las dependencias  de la Escuela Penitenciaria de la Republica Dominicana.

“El Castillo del Cerro sigue ahí, en su mismo sitio, como queriendo  guardar en su interior los fantasmas de todos los  ‘ORATES’ que debieron habitarlos

(Frase extracta del libro antes citado de Virgilio Álvarez Pina)

 

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