ORIGENES DEL COMANDO BARAHONA 4 de 6

 
 
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frank adolfopor Justo Luperón (Frank Adolfo)
 
 
-!Eh!..Con ésto me paga la ayuda que te brindé, entrenándote los boxeadores para tu cartelera boxística?.. Lléndote a la capital a unirte a los comunistas. ¿Verdad?.
 
Explotó con una rabia manifiesta en gestos y palabras, el Teniente “Pechito”, cuando me vió entre las personas que estabamos en la fila, misma que a su llegada al lugar, -puesto de avanzanda del ejercito y chequeo, ubicado entre el cruce de Cachón-Cabral-Barahona- después de la inspección de rigor íbamos a subir en la patana que nos trajo desde la carretera San Cristabal – Barahona, hasta ese sitio.
 
(Se refería el militar, a que siendo él boxeador, conocia a los boxeadores nativos de Barahona, quienes competirían con los que llegarían de la capital para la velada pautada el 28 de Febrero a celebrase, como ya apuntamos en otro comentario, local que sirvió de sede al Partido Dominicano. El, «Pechito», estuvo hacienda guante con estos atletas y ofreciéndole clínica boxística. Además era mi conocido, casi amigo. Es cierto)
 
-Suban éste tipo al vehículo.
 
Díjole, “Pechito”, imperiosamente, a un guardia que de súbito me saca de la fila y con un tremendo empujón, -por poco voy de bruces- sin reparar, ya estaba subido en la parte de atrás del Land Rovers, a muy poca distancia de todos nosotros.
 
Desde esa posición y debido a que el vehículo militar en su llegada al puesto, se cruzó, haciendo un giro de media circunsferencia, hasta quedar en posición que obstruía la salida de la patana, colocada a su derecha al ser detenida por los militares de la avanzada. Tuve un tiro visual perfecto. Pude, desde ahí, registrar todos los movimientos que se produjeron en el teatro de operaciones. Por lo que ví perfectamente cuando avanzaban hacia al carro que estaba estacionado detrás de la patana.
 
En ese automóvil se encontraba el Secretario General de 1J4, acompañado de dos personas. Fueron sacados del vehículo. A juzgar por los ademanes violentos; y, porque hasta donde yo estaba, llegaron las voces altisonates del Teniente; más el cateo y los empeyones, dijeron con marcada elocuencia, detalles y la real situación
Su rumbo desdichado.
 
Los demás militares a una orden emitida por el Teniente, rodean a los detenidos y fusiles al pecho le conminan a dirigirse hacia el Land Rovers, donde ya estaba.
 
Como saldinas en latas. Dos militares con sus respectivas armas de combates se colocaron detras, fuera del vehículo, montados sobre un peldaño que sirve de soporte para estos menesteres.. El Teniente al volante y otro guardia en el asiento del copiloto. Cuatro militares y Cuatro civiles fue la carga en su totalidad.
 
La orden de partir fue para mi, al menos, sospechosa. Pues en vez de enfilarnos hacia Barahona. El vehículo tomo la ruta como quien se dirige para la capital -carretera Sur – Norte- ¿Por qué?. El teniente estaba furioso. Daba la impresión de que le había picado un “guanguá. Gesticulaba, lanzaba improperios contra los comunistas. Salteadores, turberos. Una retaila de “lindas expresiones”, dignas de ser consignadas en el repertorio de “malas palabras” en un pleito de verduleros.
 
No sabíamos para donde nos conducia el soberbio y despechado “Pechito”. No bien se consumio cuatro minutos, se detuvo la máquina.. Se tiran los guardias y abren la contra puerta trasera del Land Rovers. Nos conminan bajar no sin antes darnos manotazos en las espaldas al tiempo que empujan y ordenan que caminemos hacia una casa ubicada en lado opuesto a la ruta que traíamos, es decir, nuestra izquierda. Resultó ser el destacamento de la policía de Jaquimelle. Ahi entramos y nos meten a una habitación que se utiliza, supongo, celda de detención del destacamento.
 
El oficial emitió unas órdenes específicas que los policías presentes aceptaron efectuando el saludo militar. .Dejándonos al cuidado de los policias de turno. Se marcharon. Quedamos sumido en un cataflán de interogantes sin respuestas. Mientras, nos identificamos entre nosotros y conjeturamos. Esperábamos. Nada bueno podría resultar de esta energética e imprevisible situación.
 
Quizás unos 25 minutos transcurrieron cuando un vehículo de mayor fuerza al Land Rovers, llego y se detuvo. Esta vez eran mucho más los militares. Venían alegres y briosos, dispuestos a ir a un combante imaginario pero seguros de que iban a vencer. Un estado anímico triunfalista. Bien. Todo ésto es elucubración moldeada por los apremios atenuantes, porque a las pruebas me remito. La posición de nosotros era extremadametne vulnerable, impredescible. Lúgubre y tormentosa.
 
Se desmontan y por la dirección de los pasos, es obvio que se dirigen hacia el local del destacamento. Al igual la llegada anterior, donde estuvimos nosotros, el vehículo que arriba, ocupó la derecha en la carretera. Es decir, que para nosotros abordar ese otro vehículo, en el supuesto de que así fuera, debemos cruzar la carrera. Igual que cuando llegamos.
 
Entran. No sabemos cuántos. Uno de los policía abre la puerta del lugar donde estamos alojados y me señala.
 
-Sal pa’ ca. –Dijo.
 
Con prontitud me dispongo cumplir la orden emitida. Salgo y encuentro un semi círculo formado por cinco guardias con sus respectivas armas de combate . Se me coloca al centro de la manada. Ya no está “Pechito” en ese grupo. No reconozco ninguno. No distingo rostro por la poca ayuda de luz y presión sicológica latente. Una voz dijo:
 
-Ponga las manos hacia sus espaldas.
 
Un guardia presto trae una soga de fino grosor. más o menos largo e inicia la acción de amarrarme las dos manos contra mi espalda. Una vez completa la acción de amarre. Otro militar saca una bayoneta y…Que creen? Que yo creí en ese preciso instante:. –Mierda, coño. Me jodí. He a puñalá que nos van matar-. Sí, fue lo que pensé. No Hubo tiempo de cuestionamiento. El pensamiento veloz no registró opciones. Ni modo.
 
Esa misma operación, realizada en mí, fue el resultado general. Todos fuimos amarrados y llevados hasta el vehículo que habían envíado para traslado. Una camioneta, recuerdo su color: rojo; de cama alta; al parecer de doble extracción.
 
Con las manos atadas a nuestras espadas y por lo alto de la colocación de la cama de esa camioneta, subir sin la adecuada asistencia fue una calamidad. Nos no empujaban ni ayudaban sino que unos cuantos culatazos, algunos propinaron; sin embargo, otros nos trataban de subir. Un eficiente servicio a lo “guardia”. Bien. Eramos cuatro y no cabíamos por completo, en la posición boca abajo. De suerte que tuvimos que ir de lado. Una posición desde la cual nuestro peso descansaba sobre un brazo y, atado como estábamos, entramos a una situación de franca tortura, ya que no podríamos tener movilidad.
 
Una vez todos colocados en el vehículos. Arrancó. Dió media vuelta y enfilamos, al menos eso creímos, hacia Barahona. Ya el reloj debe de estar por las nueve de la noche.
 
Llegamos al puesto de guardia donde estuvo el transmisor de relevo de la Radio Televisión Dominicana. Eso era un puesto militar. Ahí se detuvo la camioneta y salió un paquetón de guardias y saludando los llegados, entre ellos se felicitaban. Pues llevaban unos “chonchitos” pa’ donde el Mayor. Fue la burla y el motivo principal de la celebración
 
Los guardias que estaban de puesto en dicha parada, se subieron a horcajadas en la barandilla de la camioneta que era alta por cierto –parece que se utilizaba para efectuar acarreos por lo alto de su barandilla- y obsevándonos, se inició, simulando la acción de majar café en un pilón; darnos golpes con las culatas de sus fusiles. Una lluvia de golpes secos, cada vez continuado en ritmo acelerado, caían sobre nuestras espaldas, gluteos, piernas. No creo que nos pegaran en la cabeza. Esto hubiera sido criminal ya que nos destrozarían el craneo o la cara en todo caso fuera en ese lugar. En un instante medio levante el rostro, mirando hacia arriba y entre los militares que estuvieron en foco de visión, pude reconocer el marido de una prima mía, hija de dona Anita, hermana de mi abuela y madre de mi primo Dario Luperón, un guardia que estaba de puesto en esa avanzada. Reconociéndome, se tiró del vehículo. Habló con alguien que dió una orden. Todos se bajaron de donde estuvieron encaramados. Dejaron que la camioneta siguiera su ruta hasta su destino. Club de oficiales de la Base Aérea con Asiento en Barahona, para ser “vistos” por el Mayor Marmolejos, quien nos esperaba para darno su particular bienvenida.
 
Mañana. Mormolejos me despacha. Se queda con los demás prisioneros .   Gabriel Reyes y yo salimos para la capital. “Operación Limpieza” ya está en su fase final. Llegamos a la parte alta y debemos salir hacia la zona constitucionalista, atendiendo recomendaciones de gentes que nos avisaron hacerlo lo mas rápido posible. Cruzamos el Cordón de Seguridad, que las tropas norteamericanas habían tendido en su afan de dividir las fuerzas constitucionalistas y en franco favoritismos a las fuerzas del Cefa para que ejecutaran la funesta “Operación Limpieza”, entramos, reafirmo, por la esq. formada por la calle Duarte y antigua Teniente Amado Garcia Guerrero.
 
Llegamos al Hotel de Mañon, donde estaban concentrados los barahoneros, según costumbre, frente al Mercado Modelo de la Avenida Mella. Casi esq calle Santomé, donde operaba la línea de guagua Victoriá. Después de este pesente artículo en el próximo, trataremos: ¿Por qué el Comando Barahona” es intervenido por el Comando San Lazaro y nos quitán las armas. Por tanto, unos compañeros combatientes y amigos mio, del «Comando Juan Miguel Román» (Policía Militar de la zona constitucionalista) viene en mi auxilio, por lo que ingreso al Edificio Copello, sede del Gobirnos en Armas, bajo la Presidencia de Honor del Comandante Francisco Alberto Caamaño Deñó, a trabajar en el Departamento de Prensa, donde laboré bajo la dirección del Dr. Franklín Domínguez; y, junto a los periodistas Juan José Ayuso, Lic. Luis González Fabra y Silvio Herasme Peña.

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