BARAHONEROS A LA CAPITAL, 24 DE ABRIL /65

 
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2da Parte de 3
 

Frank Adolfo
Frank Adolfo
por Justo Luperón (Frank Adolfo)
 
 
Febril ha sido el traqueteo. Cargar el vehículo en el cual íbamos a partir a hacia la ciudad capital, fue un santiamen. Un enjambre de gentes llegados de todos lados con paquetes, fundas y cajas en las manos, se presentó hasta el local del PRD, ubicado en los altos del emblemático restaurante “Jaime”, frente a frente a la “esquina caliente” del frondoso árbol de laurel del parque central, lugar donde la muchachada se reunía a dirimir entuertos y vericuetos, cuando una vez salidos de los teatros “Ercilia y Unión -ambos de la prestante dama Ercilia Lama de Lagares (Libanesa) y su esposo el filántropo Ml. Sócrates Lagares (azuano)- para depositar sus voluntarias donaciones de emparedados, agua, refrescos, galletas de cualquier tamaño y sabor; además de los medicamentos y artículos de primeros auxilios que los propietrios de farmacias, clínicas y hospitales “Jaime Mota” y Batey Central, aportaban a la causa.
 
Una vez sellada en la “cama” del volteo la carga con una amplia lona, y, hecho el hueco para los dos compañeros, parte atrás del medio de transporte, cuya misión entre otros asuntos: ayudar descargando el vehiculo, nos preparábamos para los toques finales siendo instruidos de lo inmediato a realizar, tan pronto como llegarámos a Radio y Televisión Dominicana. Ya estábamos prestos para salir. Una muchedumbre espectante, despide con alegría y víctores a los cuatro barahoneros comprometidos con el viaje, entre los que me encontra.
 
Como conocíamos para donde íbamos y que no se debía distraer el tiempo -pues anciosos por salir- nos enconmendamos a la suerte y después de hacer una oración (al menos yo) emprendimos la partida. Serían las 3:00 de la tarde del día 24 de abril del 1965. Particularmente yo estaba vestido con un pantalón (muy juvenil para la época, kaqui color marrón claro, una camisa de color rojo con un detalle de color negro al dorso del bolsillo que sobresalía como adorno del mismo y mis zapatillas de carrera, a las que les había desenrrocados los clavos, porque eran las zapatillas de practicar las rutinas en las pitas de carrera. Más adelante esa vestimenta de, las zapatillas, el color rojo de la camisa con el detalle negro en el bolsillo, fueron elementos tomados en consideración para acarrearme un serio percanse que conoceremos en su oportunidad.
 
Arribamos a la capital percatándonos del tráfico en dirección norte – sur, es decir, desde la capital hacia los pueblos del suroeste, era sumamente congestionado; sinónimo de que se estaba produciendo una cuasi estampida; gentes abandonando la ciudad y, al parecer, buscaban refugios en pueblos alejados al escenario de los hechos; aunque no se producia grandes acontecimientos, por el momento, si se presagiaba, algo gordo estaba por venir.
 
Sería aproximadamente las 9:00 de la noche cuando llegando a los perímetros del palacio de Radio Televisión Dominicana, en la Dr. Tejada Florentino casi esq. San Martín y ya tratando de buscar parqueo cercano al edificio, vimos arribar desde donde estabamos, por las dos direcciones de entradas al edificio, dos vehículos marcados con emblemas militares, cargando efectivos, se tiraban apresuradamente, fusiles y metralletas en manos en actitud de “safarrancho”, apresurándose a la entrada principal de lugar, desde el cual se emitían boletines periódicos y se presentaban gentes como nosotros, venidos de todo el territorio nacional , iban a entregar sus aportes en metálicos, algunos, y otros elementos propios a la causa; sostenimiento de una lucha que iniciaba el pueblo dominicano para tener la oportunidad de echar del solio presidencial, usulpador Read Cabral y sus adhalácteres, la oligarquía de siempre; pidiendo la reposición del primer dominicano elegido, democráticamente, elecciones del 1962; y, siete meses después, los gorilas oportunistas, en incruento golpe de estado, desoyendo la voz popular, violentaron el orden institucional dado libérrimamente en ensayo de ejercicio de dignidad, la nación dominicana por vez primera, de história moderna.
 
No bien salíamos del vehículos en el cual llegamos, cuando se escucharon disparos al interior de edificio. En la esquina contraria a la nuestra, estámos prácticamente en San Martín con Florentino, se escucharon repetidas ráfagas de ametralladoras y desde un lugar no precisado, se les contestaba al fuego, Esto se torno en poco tiempo, violento.
 
No lo pensamos más e inmediatamente retornamos al vehículo y cómo bólido echamos reversa, tratando de escapar del lugar. Aún no sabíamos qué sucedía. Pero a juzgar por el movimiento detallado, más los tiros, no podíamos pensar otra cosa, sino de que el pleito ya estaba en desarrollo peligroso. ¿Pero?. ¿Qué estaba pasando en esencia?. No teníamos cómo informarnos. Aquello se volvió un enorme caos; corre, corre de gentes del entorno y vehículos estacionados pero tenían sus conductores al volantes -dado que allí no existia un parqueo disponible, por tanto, dejaban sus cargas uno, miembras otros esperaban- tratando de salir, casi chocándo los unos con los otros. Tirados al suelo las personas que pugnaban, en fila por entrar a los estudios de la televisión con paquetes en las manos, los dejaban tirados al suelo; mientras la mayoría, como le fuera posible, salían en carrera feroz, visiblemente desconcertados; disparados, preferiblemente hacia la San Martín, justo donde estábamos ubicados, porque en esa dirección, no se había producido rastros de violencia, por el momento.
 
Supimos luego la verdad; la televisión dijo. Por comentarios de las gentes, en boca de calles, varias cuadras alejados de ese torbellino, se afirmaba: Unos comandos militares, leales al depuesto presidente de facto Dr. Donald Read Cabral, en contra acción militar del hecho pro retorno de Juan Bosch, tomaron el edificio y arrestaron a un puñado de valientes, participantes de movimiento cívico-militar que confiados, seguros, transmitían desde los estudios B de televisión y radio de la emisora oficial del gobierno dominicano. Esa noche, desde palacio, habló el títere y usulpador Donald Red.
 
Qué deshasociego éste. Nosotros absortos. Ni pensábamos. Una reacción de limbo nos embargó y sin mas dilación, por no tener un norte seguro; cierto. Dónde ir, a quién preguntar. Desconfianza total. Porque. Imagínen. Esto era claro: Ibamos a entregar la carga en Radio Televisión Dominicana y llevar a cabo una arenga al pueblo en armas, a nombre de Barahona, desde ese lugar y medios. Pero el cuadro fatal que nos arropó nos dejó sin memoria ni actitud de acción de donde poder asirnos. No fue clavo caliente. Era la nada.
 
Ante esta disyuntiva, optamos por el retorno. Queríamos salir de ese conato de infierno. Muy vívido. Cerca, oliendo polvora y escuchándo los estruendos de disparos fusilería, metralladoras.. El pánico marcado de súbito en rostro de gentes al derredor; inclusive el nuestro. No existía una alternativa fácil. Lo aconsejable: Retornar con la angustia en el alma y el corazón arritmicamente desbordado. Ni modo.
 
Antes de enfilar rumbo a la George Washington para tomar la carretera que nos debía conducir a Barahona, nos detuvimos frente a una colmado que estaba abierto, muy retirado por cierto del “gólgota dominicano”. Vimos la imagen de Read Cabral, hablando por televisión, aparato pequeño montado en un parador alto y detuvimos el vehículo. Read Cabral anunciaba: Se retomó el poder y habían sido detenido los “comunistas” que estaban dentro de la emisora, entre ellos a Freddy Beras Goico. Recuerdo específicamente a esta figura, mi amigo, porque le presentaban con un arma en las manos y terciado sobre un hombro correas de proyectiles. Bueno, eso es noticia vieja ya sabida.
 
En el próximo capítulo trataremos el retorno a Barahona. Otra vez sin siquiera bañarnos ni mucho menos dormir, volver a la capital a completar la misión inicial con la desdicha de ser apresado en San Cristabal por un comando del Ejercito Nacional. Allí estuve recluido. ¿Qué le pasó al volteo y los que esta vez se habían embarcado para realizar el viaje? Les cuento al regreso.
 
 

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