Anecdotas de un exiliado

Carlos J. Díaz Gómez
Carlos J. Díaz Gómez
POR CARLOS J. DIAZ GOMEZ
Don José tiene 48 años de edad, es bígamo, bodeguero y honesto. Tiene 17 años que reside fuera de su país, por cosas del destino tiene 16 años que no celebra unas navidades en su natal Santiago, 10 que no ve una semana santa y 3 que no ve a su madre, mujer e hijos.
Don José en su juventud fue de todo un poco: cobrador, prestamista, miembro de la banda colora’, chulo, dueño de la compra-venta «El Engaño» la cual quedaba en los cerros de Gurabo y por ultimo marino mercante, profesión la cual le dio la oportunidad de auto-visarse cuando el barco de matricula griega «pohklizohnte» en el cual trabajaba, atraco en el puerto de New Orleans en el estado norte-americano de Luisiana.,
 Desde allí pudo hacer contacto con un primo, el cual le había dicho que desde que llegara que le avisara «que su casa era su casa, que hasta el pasaje le mandaba para que viniera a nuebayol a vivir con él, con su primaso del alma».
  Corría el año 1984 cuando don José aterriza en la jungla de cemento, esa ciudad la cual todos quieren llegar y muchos se quieren ir, nuebayol. En su cabeza todavía tocaban los merengues que estaban pegao’ en su tierra querida que empezaba a extrañar, «cal y arena», «tabaco y ron», «la cometa blanca», y uno que otro disco de un morenito de jacket rojo llamado maicol llason.
Las primeras semanas en la casa del primaso fueron de maravilla, pero para desgracia de José al final del mes choco con la realidad.  «mira ya tu llevas un mes y pico aquí y no consigues trabajo, y ya Jarule me dijo que desde que los niños vengan de santo domingo ella quiere su sala y su mueble para atrás, porque bastante suerte que has tenido encontrando quien te dé el plato de arroz que te comes todos los días y un mueble cómodo que me co’to $200 pesos hace solo 8 años atrás, ahora no te sientas mal por lo que te digo pues tu sabes que te lo digo por tu bien, además tu sabes que yo soy tu primaso o no?
  Esa misma noche don José recogió su ropa y después de mentarle la maldita madre a su primo y su mujer Jarule se largo «de su casa», sin rumbo y con el sabor en su boca del primer trajo amargo de neubayol.
  Esa noche José fue amparado por «el bichan» un tiguere moreno y muelu’ que le había ofrecido trabajo a José en varias ocasiones como promotor de felicidad temporaria e euforia en la esquina de la 161 st. Y la avenida Broadway en Manhattan.
José ya era jodedor.
Ya para el mes de septiembre José tiene tres meses en su «trabajo», el cual le ha cambiado la vida por dentro y por fuera. atrás queda el afrito con mocha con el cual había llegado, ahora José lucia un «yerriquerr» por los hombros, camisas de sedas con pantalones pachucos y zapatos de los llamados puntu’. El bicham lo había promovido de la esquina y ahora era pesador y empaquetador de coca en un apartamento que quedaba justo arriba del punto, es decir nuestro José tenía su oficina con vista panorámica y todo.
Con su salario de $1,000 por semana había conseguido apartamento, carro y mujeres, tampoco se olvidaba de su gente, a su madre le había pagado una operación de la vista y a su mujer e hijos les había comprado la ropa que les debía desde hace más de diez años. Por despecho y burla hasta un set de muebles le regalo a su primaso al cual había medio perdonado.
Pero la felicidad dura poco en casa de los pobres de nacimiento. fue un viernes 12 de octubre, un día de por si malo para los dominicanos, estaban el bichan, José y un tal guido «la culebra» cenando y festejando a su vez las ventas del día, que por ser principio de fin de semana en N. Y. las carteras estaban recién cobradas, las narices apetecían coca y las gargantas suplicaban whiskey, ron, cerveza, coño hasta triculi!!, porque nuebayol ‘e nuebayol, y además que hace que uno de vez en cuando se dé un pasecito y otro y otro y otro de vez en cuando, adema’ ‘e con mi cualto.
Los tres se entretenían mutuamente hablando de sus andanzas con las féminas de tendencias pueriles, «miren u’tede’ saben que aquí el que ma’ fama tiene con lo cuero soy yo, y e’ ma’ bichan tu sabe’ que cuando la boricua del segundo piso me vio encuero por primera vez me miro del ombligo pa’ bajo y de ahí pa’lante me dicen «la culebra, para servirle a usted y a su hembra» > > >  mira cállate la boca negro ‘e ******!!  ‘ta bien bichan contigo no se puede relaja’.
La música estaba tan alta que ni siquiera se dieron cuenta que ya no estaban solos, que ahora eran cinco en vez de tres con la única diferencia de que los nuevos invitados no fueron invitados y estaban encapuchados con pistola en mano y hambre de dinero y droga. El primer pistolaso se lo dieron al bichan el cual cayó al piso como si fuera una alfombra, liso y plano, mientras el otro encapuchado el cual curiosamente no decía una palabra, encañonaba a José en forma convincente, no había ningún tipo de dudas que si se movía el suelo seria su hogar permanente. Busquen lo que saben si no se quieren morir, pero ya ******!!!!!   Todos se miraban a los ojos como no queriendo delatar quien era que sabia donde se encontraba el botín o quizás era lo contrario.
Ante la resistencia silenciosa de los casi-muertos, el encapuchado principal le hizo una seña al disque-mudo, el cual se traslado a la cocina rebusco en todos los gabinetes hasta que encontró en sartén grande y un galón de aceite, prendió la estufa, coloco el sartén sobre la ardiente hornilla y vacío la mitad del galón de aceite dentro de el. Después se fue a la sala otra vez. > > > >»agarra al que está en el suelo que es el jefe» le quito la ropa y encañonando a la culebra que para este tiempo ya parecía una lombriz de tierra, le ordeno sentarlo y amarrarlo de una silla con los brazos detrás del espaldar, la sangre le bañaba el pecho y sus ojos pedían a suplicas que no lo matan, pero su hombría le impedían a sus labios salvarle la vida.
El mudo busco una plancha la puso a calentar y cuando el resplandor de su calentura era palpable a la vista humana el otro le pregunto: ya me va’ a deci’ donde ta’ lo que quiero? silencio: la plancha en la tetilla derecha. Dime y ahora? silencio: la piel de la tetilla izquierda de desgarra en la plancha. José llora no sabe si de miedo o de rabia. > > > >Silencio, silencio y mas silencio, nadie dice nada. Mudo trae el «especial»!!!!! Los ojos del bichan se abren y no puede creer lo que ve, no se imagina que aun siendo el negocio de las drogas peligroso, que el dinero empuje tanta maldad.
El aceite suave y sereno de hace media hora atrás se había convertido en una especie de lava volcánica culinaria, no expedía vapor sino humo.  Por ultimo vez vas a hablar?……………………………………………….silencio.
El mudo sin temblarle el pulso empezó a vaciar el aceite sobre el melo rizo del moreno muelu’, su cabeza emanaba un olor intoxicante, su pelo se caía con su piel, sus cejas desaparecían, el cerraba sus ojos y silencio, silencio, silencio. > > > >Sus piernas temblaban, su reparación era escasa, se defecaba arriba, «coño paren, coño lo van a matar, hijo de la gran ****, yo le voy a buscar lo que quieren pero paren ya. José había explotado pues ni cuando era de la banda colora’ había visto tortura igual, sus lagrimas se habían convertido en llanto y ya no había duda no era de miedo si no de rabia e impotencia. Fue al cuarto con el que encapuchado que hablaba, quito una parte del piso y allí estaba el botín.
Perico, mariguana, dólares etc….. ya con dinero y material en mano desamarraron al bichan el cual casi perdiendo la vida miraba a la culebra fijamente, José no entendía su mirada pero al ver a la culebra con pistola en mano y hablando con sus cómplices la entendió, como era posible, su amigo, eran ambos serie 23, no entendía tanta traición.
La culebra salió del apartamento primero y después lo hizo el ladrón que hablaba dejando atrás al «mudo» el cual le hizo señas a José para que se parara, mirándolo a los ojos fijamente este le dijo «mira no te mato porque a pesar de todo yo soy tu primazo».
Al oír aquello José ya entendía por que la mirada fija del bichan hacia la culebra, era la traición que como un puchal atravesaba su pecho.
José perdió respeto por la vida he hizo el intento de ir se le arriba al primazo pero dos balas pararon sus dos primeros pasos.
José cayo al lado del cuerpo sin vida del bichan, herido en el estomago por balas y en el corazón por la traición. > > > >Su segundo trago amargo en la ciudad de nuebayol.
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