Soberanía y política

 
 

Luis Eduardo Diaz Franjul
Luis Eduardo Diaz Franjul
por Luis Eduardo Díaz Franjul/eduardofranjul@yahoo.com
luiseduardo.diazfranjul@facebook.com/@LuisEDazFranjul
El artículo «Democracia en riesgo para todos los dominicanos» publicado en el Miami Herald el 26/12/2013 fue reproducido en el Listín Diario el 30/12/2013. El autor Roger F. Noriega (rnoriega@aei.org), fue un embajador de EE.UU ante la OEA y Secretario de Estado durante la administración de George W. Bush.  Él es un investigador en el American Enterprise Institute y director ejecutivo de Visión Americana LLC, que representa a clientes estadounidenses y extranjeros.
 
El artículo toma como referencia la sentencia  168-13 del Tribunal Constitucional (T.C.) sobre la nacionalidad dominicana y vincula la soberanía nacional con la política vernácula partiendo de esa sentencia. En ese orden el señor Noriega limita el tema soberano a solo dos partidos políticos dentro del  conglomerado electoral dominicano compuesto por 26 partidos reconocidos por la Junta Central Electoral  (JCE) entre los cuales el PLD, PRD y PRSC son los partidos mayoritarios.
 
El tema de la soberanía concierne al interés nacional. No es prerrogativa de la política partidista que aglutina la JCE. Aun así eso no quiere decir que permanezcan indiferentes frente al tema soberano de  nacionalidad que aborda la sentencia del T.C.- Por lo que he observado solo la Fuerza Nacional Progresista (FNP) es el único de los 26 partidos reconocidos por la JCE  que ha fijado su posición pública frente a la sentencia del T.C.- Considero un deber de los restantes 25 pronunciarse institucionalmente de lo contrario carecerían de la integridad patriótica que se requiere para manejar los destinos de la nación, en todos los órdenes. En este análisis hemos dejado fuera otros actores locales e internacionales que han opinado sobre la sentencia, para no desviar el tema.
 
Desde el punto de vista político-partidista puede decirse que las agrupaciones políticas representan el pueblo dominicano a la hora de defender la “voluntad soberana expresada en las urnas» debido a cualquier contrariedad que les entorpezca el camino hacia el poder.  Esto revela una soberanía distinta al 27 de febrero de 1844 y la que contiene la sentencia 168-13 del T.C.- Sin embargo, a pesar de esa revelación, es cuestionable la aberrante indiferencia  de los restantes 25 partidos frente a un tema inherente al  interés nacional como es la nacionalidad. A pesar de eso,  en materia de soberanía no hay ninguna distinción en el tiempo  y el espacio o las circunstancias, como veremos más adelante.
Por el hecho de ser distinta la soberanía que se expresa en las urnas frente aquella del 27 de febrero de 1844, se trata de la misma cosa en distintos escenarios, incluyendo la sentencia del T.C.- Para  que haya  coherencia entre la soberanía y la Constitución, el T.C. ha unido los cabos sueltos con su sentencia para que, entre otras prerrogativas, solo los dominicanos y los nacionalizados como tales tengan derecho al voto en las elecciones. De esta forma se evita que la “voluntad soberana expresada en las urnas” sea una palabra hueca o llena de cinismo patriótico, en caso de que no entendamos el Patriotismo como legado de los Padres de la Patria.
 
No hay que olvidar que históricamente la «voluntad soberana expresada en las urnas» ha estado sujeta a  trucos y vaivenes. Sin embargo la soberanía nacional es inmaculada y ha costado mucha sangre, por eso hay que apoyarla públicamente y en todos los frentes. A falta de eso da mucha pena que la JCE haya distribuido RD$8,260 millones a los partidos en los últimos 16 años. Si la sentencia 168-13 del T.C. defiende la soberanía que fortalece el Estado Demócrata, éste, como tal, debe reorientar sus recursos hacia otros renglones o instituciones que no la debiliten. Hay que mirar en ese orden para no caer en el vacío patriótico y político.
 
Limitar la soberanía nacional a la política partidista tendría cierto sentido pero parece que no es todo a falta de una decisión política soberana (Ref./Google: Indecisión soberana). No hay que olvidar el 27 de febrero de 1844, el levantamiento guerrillero Las Manaclas (1963) y la Guerra de Abril (1965). Estamos hablando de una lucha armada relacionada con la soberanía y la democracia, que es donde tiene su radio de acción el quehacer político que certifica la JCE cada cuatro años para darle continuidad al Estado Demócrata, mejor aún con la sentencia. Los restantes 25 partidos debieran entender eso.
 
La gente podría entender que después del 27 de febrero de 1844 y la lucha armada constitucional (Las Manaclas/Guerra de Abril) la cara visible del nacionalismo y patriotismo  sería prerrogativa de las agrupaciones políticas. Parece que no. Por lo tanto,  para qué los homenajes a los Padres de la Patria y distinciones a Manolo Tavárez Justo, Rafael Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño Deñó, si al final, a la hora de la verdad, todo es una farsa. Es por tanto un gran farsante el que políticamente opine sobre soberanía y patriotismo que encarnaron esos seres, peor aún dentro de un partido político, si lo que busca es debatir puntos de vista que nada tienen que ver  el interés nacional.
 
A continuación citamos uno de los párrafos del artículo del señor Noriega. «Los dominicanos de ascendencia haitiana no son los únicos ciudadanos que pagan el precio por confusión sistemática en el país. Tal vez el escándalo internacional actual generado por el fallo de la Corte Suprema estimulará a la clase política y a la sociedad civil para promover reformas urgentes a las instituciones judiciales y electorales. Solo entonces la República Dominicana volverá a ser un buen vecino y socio productivo para la región y los Estados Unidos» (Cierro la cita).
 
Todo el mundo recuerda el Pacto Patriótico PLD-PRSC en las elecciones de 1996 en las que salió victorioso el PLD y no el PRD, que era  el real contrincante del PRSC, por lo que resultó exitoso el propósito del pacto. La soberanía fue el factor determinante del Pacto Patriótico a pesar de las diferencias o contradicciones entre el PLD y PRSC en el campo político. Eso se entiende si observamos el pragmatismo como categoría de investigación que revela contradicción de acontecimientos históricos (Ref./Google: «Historia, Azar o Cisne Negro», «Gallinas o huevos fronterizos»), sobresaliendo en este caso la soberanía y no la política como factor determinante que dio razón al Pacto Patriótico.
 
Llegamos a esa conclusión si, entre otros criterios metodológicos, observamos otro de los párrafos del artículo del señor Noriega. Cito: «El PRD ha tenido en sus filas haitianos desde su fundación, como el fallecido José Francisco Peña Gómez, orgulloso hijo de inmigrantes haitianos quien fue un pilar del PRD» (Cierro la cita).
 
En aquellos tiempos (1994, 1995, 1996) no asomaba el panorama nacional lo que hoy es  la sentencia soberana del T.C. sobre la nacionalidad, no por el hecho de Peña Gómez ser haitiano, como así lo admite el señor Noriega, sino por su participación como «orgulloso hijo de inmigrantes haitianos» , pero en este caso ya dentro del quehacer político nacional como candidato presidencial del PRD en las elecciones de 1966, las que imposibilitaron la victoria total del PRSC recortando el período presidencial de cuatro a dos años. De haber triunfado el PRD hubiésemos tenido un presidente hijo de inmigrantes haitianos, y de esta manera se estaría en línea con las observaciones del señor Noriega sobre Peña Gómez.
 
A pesar de todo, la sentencia del T.C. nada tiene que ver con la política ni con Peña Gómez porque este falleció en 1998. Solo tene que ver con la inmigración ilegal que en sentido general afecta el desenvolvimiento institucional de un país libre e independiente reconocido mundialmente como República Dominicana. Si esto se desconoce, como pretenden países y agrupaciones extranjeras, entre otros actores locales, tendremos que tirar al zafacón los ideales de Duarte, Sánchez, Mella, Manolo Tavárez,  Fernández Domínguez y Caamaño. De ser el caso que se detengan las distinciones a ellos.
 
Sin Patria no somos dominicanos como prerrogativa de una nacionalidad que pretende ser vulnerada por la inmigración ilegal por causa de una indecisión política soberana que desde hace tiempo (no ahora) ha puesto en riesgo nuestra soberanía y  nacionalidad a falta de medidas firmes contra una inmigración que coarta no solo nuestro albeldrío como “país libre e independiente de toda potencia extranjera”,  sino que lo incapacita para tomar decisiones que obnubilen su razón de ser y por ende su destino.
 
De mil maneras me he referido al voto como sinónimo de soberanía. Por eso llamé «Mártir de la Patria» (Ref./Google) a Manolo Tavárez Justo, quien perdió la vida en la defensa del voto incrustado en Las Manaclas, a diferencia de los «Mártires de papel» (Ref./Google) que nunca han defendido  la transparencia del sufragio, para luego pelear contra el enemigo equivocado en vez de “enfocar los cañones” en la transformación de la JCE, pues también los dominicanos conspiramos contra nuestra propia soberanía. Por eso,  dentro de los «Martires de papel» tengo que incluir los 25 partidos políticos que hasta ahora han permanecido indiferentes frente  a la sentencia del T.C.-
 
Cuando el señor Noriega se refiere a la promoción de reformas urgentes a las instituciones judiciales y electorales, según párrafo señalado arriba, no sé a qué se refiere. Sobre reformas electorales opiné hace algunos meses (Ref./Google: «Empresarios de la política», «Empresarios públicos y privados»). En este y otros casos siempre he dicho que la Junta Central Electoral debe de estar integrada  por dignos representantes del pueblo dominicano, no por la política y/o Empresarios de la política. Por eso la transformación electoral a la que siempre me he referido es una forma de ver la democracia partiendo del Estado nación (Reg./Google: «Estado nación o subido en el palo), tan cerca del pueblo dominicano y tan lejos de los Empresarios de la política.
 
 

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