Historia, Azar o Cisne Negro

Luis Eduardo Diaz Franjul
Luis Eduardo Diaz Franjul
por Luis Eduardo Díaz Franjul – eduardofranjul@yahoo.com –   @luisEDazFranjul
Se hace historia, se habla de historia, pero no es tan fácil escribirla. Bienvenidas todas las iniciativas para el bien de la historia. En tal sentido nuestro humilde aporte como sigue. a) Pragmatismo: categoría de investigación de acontecimientos históricos que pudieran revelar contradicciones; b) Denominador Común: herramienta de investigación para la interpretación sectorial de la historia. El primer caso trata sobre la interpretación parcial de la historia basada en acontecimientos que pudieran revelar contradicciones. El segundo revela una forma de hacer historia “con la mano en la masa”, según el interregno histórico-político que se quiere investigar, incluyendo períodos de gobierno. Un ejemplo de Común Denominador es el “quehacer político” (puntos de vista de personas, grupos o partidos políticos) que tergiversa la historia. Aun así el punto de partida para escribir historia es la metodología de la investigación y el pensamiento analítico.
 
Un ejemplo de pragmatismo histórico se refleja en la lucha armada de la República Dominicana en el período 1963-1973. Podríamos llamar “lucha armada constitucional” aquella que defendió la Constitución de 1963, protagonizada por el levantamiento guerrillero Las Manaclas (1963) y la Revolución de Abril (1965). No hay que olvidar que a los combatientes civiles y militares que participaron en la Revolución de Abril se les llamó constitucionalistas. La “lucha armada inconstitucional” sería la que combatió la Constitución del gobierno de 12 años del Partido Reformista (1966-1978), protagonizada por el Comando de la Resistencia Los Palmeros (1972) y el desembarco guerrillero Playa Caracoles (1973). Hemos dejado fuera los ideales y gobiernos para facilitar el análisis que conlleva al pragmatismo, partiendo de la Constitución, que es lo fundamental.
 
Independientemente del ideal de esas luchas, el pragmatismo se aferra a la legalidad, en este caso la Constitución, la razón de ser del Estado dentro de la democracia (Estado Demócrata). Si enmarcamos el ideal dentro de una escala da valores que se desplaza entre la idea y el patriotismo, el pragmatismo no implica desplazamientos ni desviaciones, siendo la legalidad en este caso el factor predominante y/o pragmático. Pero hay que diferenciar la “Nobleza del Ideal Patriótico y/o Patriotismo” del “Ideal Patriótico Circunstancial”, aquel que envuelve a personas, grupos y partidos políticos, entre otros estamentos que desbordan el  desplazamiento de la idea hasta el ideal. El Patriotismo es la meta que lleva sobre sus hombros una alta dosis de “integridad moral como imperativo para sobrevivir”, buscando siempre el bien de un país o nación. Es un conjunto de ideas, luchas o realizaciones que se materializan gracias al diseño de un ideal (ideal estratégico) cuya puesta en práctica conlleva al logro de objetivos y metas del Ideal Patriótico, sin importar las piedras del camino. La lucha armada no logró sus objetivos y muchas personas murieron por la falta o falla del “ideal estratégico” que impidió la puesta en práctica del Ideal Patriótico Circunstancial que pregonaba esa lucha. Fue el lado opuesto del Ideal Patriótico y/o Patriotismo que caracterizó y eternizó a los Padres de la Patria, porque lograron sus objetivos y metas: un Estado Demócrata-Republicano que hoy tiene 169 años de fundado y que se conoce como República Dominicana, aunque con altas y bajas. De una forma u otra, todos somos patriotas, siempre y cuando definamos y pongamos en práctica el “ideal estratégico” que culmine con el éxito del Ideal Patriótico (apegado  a la dominicanidad), de acuerdo con  las circunstancias.
 
De la idea al ideal hay un solo y corto paso, pero muy largo por cierto, de no existir el “ideal estratégico” que conlleve al logro de objetivos, en primer lugar. Todos los que vimos el film “Rostro Impenetrable”, interpretado por Marlon Brando y Karl Malden, podríamos concluir aceptando que la democracia tiene un “Rostro Impenetrable” que bloquea el paso al viejo idealismo, aquel que no ha podido descifrar su “ideal estratégico” para combatir “las aberraciones y/o injusticias de la democracia y/o deformaciones del sistema”, según se alega. Mi recomendación, entre otras opciones, rebasa la búsqueda de un “general que se case con la Gloria”, como sugerían los viejos tiempos, y se enfoca (esta vez) en el fortalecimiento y defensa del sistema electoral, en la transparencia e integridad del “voto popular”, independientemente del partido ganador. Es aquí donde debería concentrarse el “ideal estratégico” de los sobrevivientes de la lucha armada o el viejo idealismo, los que carecen de ideales, los que comienzan a tenerlos o la nueva generación de “indefinido ideal”. De lo contrario siempre seremos elocuentes idealistas, aventajados alumnos de la aventura y el oportunismo o pendejos del estrellato. Rebasada esta etapa se pasa a otra.

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