El enigma de ser: "Libres" o "Esclavos"‏

Por Frank Zorrilla

Estoy plenamente seguro de que han oído, visto o escrito la palabra, “ESCLAVO”. Palabra deplorable que es sinónimo de “dolor, congoja y aflicción”; ya que como bien conocemos, la esclavitud es un estado social que está definido por ley como: “La forma involuntaria de servidumbre absoluta”. En palabras más simples, la esclavitud se caracteriza en que los servicios o trabajos obtenidos mediante su aplicación se consiguen a través de la fuerza, y el estatus de esa persona sometida a ella, carece de derechos fundamentales que son propios de cualquier ser humano que nace en esta Tierra. Derechos inalienables que según el marco teórico jurisprudencial universal, son derechos que no sólo pueden legítimamente ser negados a una persona, sino que además, la propia persona no puede renunciar a ellos.
El ser “LIBRE” es un derecho inalienable del hombre para expresarse, para razonar y para hacer las cosas que le gustan y satisfacen dentro de un entorno social organizado, amparado bajo las leyes en sociedad. El derecho a la libertad, es para el hombre algo fundamental en su desarrollo como ente individual. Nadie puede renunciar a este derecho y convertirse voluntariamente en esclavo de otro hombre.
En tiempos no muy remotos, el esclavo se definía como una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o utilizar como trueque. Es decir, cambiar por una deuda. Esa actividad penosa se llevaba a cabo bajo el amparo de las leyes establecidas en ese entonces; donde el esclavo no podía hacer nada para impedirlo. Pero, ¿Desde cuando existe realmente la esclavitud? En cuanto a la práctica que implica la servidumbre de un hombre a otro hombre como posesión. Esa detectable actividad data desde épocas prehistóricas; aunque su aceptación como tal, probablemente se produjo por la necesidad laborar asociada con el poder adquisitivo y la conquista. Subyugando a los pueblos conquistados y denigrando a sus ciudadanos como servidumbre. Aunque desde el punto de vista antropológico y sociológico,  ésta imposición puede verse desde diferentes vertientes; imposición directa o por la fuerza, (ya que algunos eran obligados a ser esclavos en contra de su voluntad), e imposición subjetiva o de carácter estrictamente moral y o económica, (ya que otros se vendían a sí mismos o vendían a sus familias para pagar deudas pendientes).
En el  libro de Génesis Antiguo Testamento [Génesis (37:1-36)], encontramos la triste y desgarrante historia de José (Hijo de Jacob) quien fue vendido por sus hermanos como esclavo a unos mercaderes, simplemente por envidia [Ya que José, (hermano más pequeño) era el hijo predilecto entre todos ellos]. Pero en la Biblia no sólo encontramos la palabra “ESCLAVO” para describir las acciones del hombre con sus semejantes; en efecto, fue utilizada por los apóstoles y profetas en sentido análogo a la sinonimia que caracteriza el ser “esclavo de algo”. Los apóstoles utilizaron esa palabra para describir, los efectos involuntarios producto del sometimiento a un deber, a una pasión, a un vicio, a un carácter, a una actitud, a una forma de pensar, etc. Estados emocionales que no somos capaces de independizarnos o liberarnos de ellos.
 Cuando nos ata un hábito indeseado, nos convertimos en esclavos de nuestra mente y de las actitudes pasionales que solapan nuestro dominio propio. Nos convertimos en esclavos de nuestras propias concupiscencias y arrastramos nuestros pasos engrillados bajo la cadena invisible de un ilusionismo patético que como escoria se adhiere en nuestras vidas atrapándonos con sutileza bajo la influencia de su aromático perfume, pero paulatinamente nos despoja de todos esos valores que añorábamos poseer o sustentar.  Somos esclavos de aquello que nos controla y somete, de aquello que impone su autoridad y quebranta nuestros principios y valores. En efecto, los deleites de la carne, muchas veces se convierten en vicios y malos hábitos, y como si se tratase de una ingeniosa estratagema nos atrapan controlando nuestros razonamientos con acciones compulsivas que pueden llegar a ser indeseables. Acciones caracterizadas por una obsesión incontrolable en la continua y vehemente búsqueda de satisfacer los deseos insertados en la memoria celular. Haciéndole honor al viejo proverbio: “El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.”
El apóstol Pedro nos  hace una seria advertencia del peligro que corremos cuando nos dejamos persuadir por aquellos que han dejado el camino recto y se han extraviado; “Les prometen libertad, y son ellos mismos ESCLAVOS de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho ESCLAVO del que lo venció.” Y las consecuencias funestas que obtendremos como resultado; “Más ustedes que han escapado de la contaminación del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, si se enredan en las mismas cosas del pasado, vienen a ser peores que como eras al principio.” El apóstol Pablo también hace mención de la esclavitud cuando nos pregunta, “¿No sabéis que si se someten a alguien como ESCLAVOS para obedecerle, sois ESCLAVOS de aquel a quien obedecéis, sea del pecado (Lo que no es recto ante los ojos de Dios) para muerte, o sea de la obediencia (a la ley de Dios) para justicia?”. Pero el apóstol nos da una esperanza, “Pero gracias a Dios, que aunque erais ESCLAVOS del pecado, o desobediencia a las leyes de Dios, cuyos frutos es la muerte; habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina que se entregó; y ya libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.”
En honor a la verdad, es difícil para el ser humano deshacerse de todas esas cosas que lo hacen desobedecer las leyes de Dios, y el apóstol Pablo es conciente de esto, “Más yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago. Entiendo que en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. El apóstol Pablo consternado ante tal inquietante dilema, continúa diciendo, “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva CAUTIVO a la ley del pecado que está en mis miembros.” Esta expresión del apóstol es como un grito de desesperación ante un gravoso problema que no puede controlar, por lo que procede a quejarse y a preguntarse entristecidamente, “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Más, él encuentra respuesta a su plegaria diciendo, “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro, pues ninguna condenación existe para los que están  en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
Por lo tanto, podemos decir como dijo el apóstol, “Ya no hay judío ni griego; no hay ESCLAVO ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos nosotros somos uno en Cristo Jesús. Y si somos de Cristo, ciertamente somos herederos de la promesa de la vida eterna”. Y tú, ¿Quieres ser ESCLAVO o Quieres ser LIBRE?
 
¡Dios los bendiga Rica Y Abundantemente!

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