El Secuestro Como Método de Lucha

Bienvenido Heredia Batista
Por Bienvenido Heredia
Los pueblos tienen derecho a reclamar la solución de los problemas sociales que las autoridades municipales o nacionales no les han resuelto.  Dicho derecho está consagrado en diferentes documentos e instancias legales, como la Constitución de la República, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Interamericana de Derechos Humanos y otras.
Hay problemas sociales que son fundamentales para el buen desenvolvimiento de las actividades cotidianas de una comunidad, un pueblo, una región o un país. Entre ellas, la falta de escuelas, falta de hospitales, escasez de viviendas, agua potable, energía eléctrica, etc. Cuando los pueblos asumen algunas de esas necesidades como fundamentales para su desarrollo, se organizan y planifican jornadas de lucha que persiguen la solución de dichas necesidades.
Cuando se hace así, organizado y planificado, las jornadas de lucha tienen un proceso, una ruta crítica,  que va desde la formación de comisiones que visitan a las autoridades, las notas de prensa y volantes, hasta las huelgas barriales, municipales, provinciales y nacionales. Cuando se hace todo sin organizar un plan, las jornadas de lucha se convierten en caóticas, donde nadie tiene el control de las mismas o, donde los organizadores realizan acciones que son inducidas por dos o tres participantes en ellas.
Siempre he creído que para obtener conquistas sociales, no hay que realizar actos violentos ni desórdenes. La razón no se impone por la fuerza.
En República Dominicana hemos roto, hace más de dos décadas, el protocolo de las protestas populares. Ya usamos cualquier método para llamar la atención de las autoridades. Incluso, el secuestro colectivo de personas.
Secuestrar un grupo de profesores en una escuela pública, es un acto repudiable. No es ni será jamás, un método simpático ni mucho menos popular.
Secuestrar es privar a una persona o grupo de personas ilegalmente de su libertad. Se hace durante un tiempo determinado, “con el objetivo de conseguir un rescate u obtener cualquier tipo de crédito político, económico o mediático. Las personas que llevan a cabo un secuestro se conocen como secuestradores.” (Wikipedia).
El secuestro de los profesores de la escuela El Birán en el barrio Imbert de la ciudad de Barahona, fue un acto peligroso y arriesgado. El mismo pudo haber provocado problemas o complicaciones en la salud de algunos de los secuestrados: presión arterial, taquicardia, pánico, desmayos, etc.
Luchar por la pavimentación de las calles es legítimo y justo, sobre todo porque el gobierno ha decidido pavimentar todos los pueblos del país. Pero llevar la lucha al extremo de secuestrar personas, por demás ajenas a la situación que se demanda, es una acción que no debe ser aplaudida ni favorecerla como un método correcto de protesta.
El derecho a protestar, no nos da el derecho a maltratar, mucho menos a secuestrar.

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