Reflexión "Una Convicción puesta a pruebas"

Por Frank Zorrilla
Mis Queridos Amigos y Hermanos,
Los seres humanos, poseemos la facultad de condicionarnos dependiendo de factores externos que afectan nuestra supervivencia. Reaccionamos activando mecanismos de defensa para aceptar y/o rechazar lo que nos puede causar “Placer” y/o “Dolor”; los dos estados emotivos que asocia nuestra psiquis a través de la conciencia objetiva.
En el Creyente, esas asociaciones mencionadas pueden tener un carácter cognitivo religioso, ya que en muchas ocasiones, la influencia religiosa puede enmarcar cierto perjuicio lógico de “Causa”“Efecto”, producto de una doctrina deficiente recibida a través de los años e insertada en nuestra memoria celular como si fuese un código de patrón definido que predispone automáticamente nuestro comportamiento. Se asocia erróneamente, <la desgracia> y/o <la felicidad>  con acciones o actos que merecen, <recompensa> o <castigo>. De ahí el cuestionamiento, ¿Porqué a mí?, ¿Qué he hecho para recibir esto como  recompensa? Si basamos nuestro juicio a este tipo de creencia, nos sentiremos que no somos merecedores de padecer ciertas condiciones de dolor; porque nuestro comportamiento, según nuestro juicio, no lo amerita. Nos sentimos pusilánimes y defraudados por aquel que hemos confiado. En otras palabras, la ignorancia del creyente le hace pensar erróneamente; desde luego, que no puede ser afectado por ningún tipo de desavenencia porque cree en Dios. Por lo tanto, él está exento de culpa.
En las Sagradas Escrituras encontramos, “En el día del bien goza del bien; y en el día de la ADVERSIDAD reflexiona. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.”.
Físicamente, vivimos en un universo periódico y estamos expuestos a ciclos naturales que nos impactarán tanto, positiva como negativamente. Periodos de “adversidad” y de “prosperidad”; periodos de “Salud” y de “enfermedad.” No podemos escapar de estos ciclos porque ellos conforman nuestra existencia. Ya el gran Maestro de Galilea lo había enunciado a sus discípulos, “En el mundo tendréis aflicción; pero CONFIAD, yo he vencido al mundo.”
La Biblia nos relata historias de grandes hombres, cuyas hazañas en momentos de crisis y persecución nos dan ejemplos de una fe inquebrantable, e inconmensurable; dignas de copiar e imitar. Es tanto así, que según historiadores, el apóstol Pablo, hombre de gracia y firmeza escribió varias de sus cartas, las llamadas: “Epístolas Carcelarias” encerrado en una mazmorra (Cueva oscura y sucia que servía como cámara de tortura en tiempo de los romanos).
Si sólo pudiésemos hacer un viaje imaginario y nos transportáramos a los tiempos de los apóstoles, nos percataríamos de las condiciones inhóspitas y desagradables de esas cárceles o mazmorras; unas lóbregas, sucias, frías y húmedas cámaras de horrores llamada las “Prisiones Mamertinas” cuyas piedras son testigo de las horripilantes condiciones de dolor en la que se vieron envuelto los primeros cristianos a causa del Evangelio. Más sin embargo, fue precisamente en una de estas solitarias e inmundas mazmorras donde el intrépido prisionero Pablo, a pesar de su sufrimiento y escarnio, se lleno de la gracia de Dios y  con su mano debilitada y temblorosa, empuñó la pluma para escribir una de las cartas más tiernas y conmovedoras que jamás se hallan escrito para inspirar a un joven amigo llamado: “Timoteo” y por consiguiente, para el resto de los creyentes del evangelio.
Pablo sabía que el ministerio no sería una diversión y por tanto, él quería que este joven estuviese alerta y apercibido de las situaciones que iba a afrontar; por lo que describe con detalles las características esenciales que él debía poseer para obtener la victoria en su ministerio evangelístico.

  • Ser fuerte en la gracia- Significando la oportunidad de “vida eterna” que nos ofrece Dios a través de Cristo Jesús.
  • Ser fiel para confiar- Significando proseguir la obra enseñando a otros que ignoran la gracia de Dios.
  • Ser valiente como un soldado- Significando la fortaleza de carácter para subsistir ante las adversidades con gesto varonil.
  • Ser disciplinado como un atleta- Significando determinación, tenacidad y perseverancia.
  • Ser esforzado como un agricultor- Significando paciencia, trabajo arduo y constante.
  • Ser diligente como un obrero- Significando disponibilidad y fidelidad y diligencia.
  • Ser amable como un siervo- Significando liderazgo bajo un principio afable y cortes para corregir e instruir.

En ninguna de las cartas del apóstol Pablo se hallan indicios de frustración, penuria o reclamo; más bien, mensajes de exhortación para seguir firmes en la fe y en la sana doctrina. Como dijese una vez en la epístola a los Romanos, “¿Quién nos separará del amor de Cristo?- ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?- Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo. Por lo que estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Recordemos que “La grandeza del acero se forja en la mina” y eso vale para todos nosotros. Hagamos una pausa lo suficientemente larga para un autoanálisis y preguntémonos, ¿cuáles son nuestras convicciones?, y ¿cuáles son sus orígenes? ¿Son acaso, producto de vivencias o sólo por impostura doctrinal? Nos engañamos y nos convertimos en “hipócritas” cuando confesamos con nuestra boca que alabamos a Dios por los ratos difíciles que atravesamos, pero en nuestros pensamientos, cuestionamos y ponemos en dudas su autoridad y poder. Que él está en control absoluto de nuestras circunstancias y que junto con la adversidad, también nos proporciona la salida.
Aprendamos de la exhortación que le hace el apóstol Pablo al joven Timoteo cuando le dice: “Y que desde niño has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Porque esas Escrituras están inspiradas por Dios, y son útiles para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, y enteramente preparado para toda buena obra.”
Un abrazo y que Dios los bendiga rica y abundantemente.

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