La humildad

Sucre Vasquez
Por Sucre Vasquez http://sucrevasquez.wordpress.com
LA humildad es la suprema expresión de la grandeza, es una conducta que refleja superioridad ante la vanidad y la soberbia que exhiben los engreídos, aquellos que piensan que las glorias son permanentes y que el dinero, el poder y la belleza pueden vencer el destino inevitable: la voracidad y la soberanía del tiempo.Permite la humildad ver el trasfondo de la realidad efímera y abre la dimensión de los valores permanentes: el conocimiento, la serenidad, paz interior y el dominio propio, ante cualquier accidente, crisis, escenario de turbulencia o de gran abundancia de bienes y placeres materiales.
Aparentar posiciones, grados ficticios y ostentar riquezas, ciertas o falsas, es señal de inseguridad y ser de esencia superficial. La hermosura del lirio y la delicadeza de su perfume, evidencian la prodigalidad de la naturaleza y su discreta, pero divina substancia, que cautiva sin estridencias.
El brillo del conocimiento y las maneras educadas, sencillas, adornan más que el oro y el diamante. Buscar, estudiar en las fuentes de la cultura y la ciencia reviste a la persona de una especie de nimbo, que reluce más en la medida que crece el entendimiento y el amor ágape.
Las grandes verdades, razonamientos y revelaciones vienen en una envoltura de sencillez. Las vidas célebres y las mentes brillantes se complacen con esquemas sin complicaciones y aún más: la gente en general puede alcanzar el nirvana si deja atrás los enredos, falsas ilusiones y la desesperación. Pensar que todo tiene su tiempo y nunca afrontar las fuerzas de los elementos y vivir sin perder la prudencia y el sentido común, sin trillar caminos que sean contrarios a tus fuerzas, talentos o dotes.
Los tropiezos más graves se superan con el estoicismo, la fuerza de carácter, sin contestar el lenguaje del violento, del orate. Dejar que pase la tempestad y persistir en el camino trazado, sin titubeos, con absoluta firmeza, pero con el arma secreta de la sencillez y la humildad, pensar siempre con la mente en frío. La ira, por el contrario, es perdición porque nubla los sentidos y es adversa al razonamiento.

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