¿Puede el turismo generar pobreza? (1)

Fuente:

http://yalodominicana.blogspot.com

Abundan los análisis de preferencias del turista, y nada sobre el impacto social de las actividades turísticas en las comunidades donde se desarrollan.

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Yaniris López
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Alrededor de 1.6 mil millones de personas seremos turistas en el 2020. El turismo se perfila como la gran esperanza del futuro, motor del crecimiento socioeconómico y de la reducción de la pobreza, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). No parece ni se espera que pudiera ser al revés, es decir, que en lugar de generar riqueza termine llevando carencias a las comunidades. Aunque…
Cuando el turismo de masas llegó a la isla Saona (sureste dominicano) a mediados de los años 70 del siglo pasado, el lugar fue convertido en área protegida y a sus cerca de 700 habitantes se les prohibió cultivar la tierra. Con el turismo ya no necesitarían labrar, se les dijo, todo cambiará en lo adelante.
Efectivamente, la más grande de las islas adyacentes de República Dominicana, con 110 kilómetros cuadrados de paisajes paradisíacos, es el área protegida más visitada del país, con más de 250 mil visitas al año, pese a que sus pobladores -hoy reducidos a menos de 200- apenas reciben dos horas de energía eléctrica al día, pese a que las plagas de mosquitos en tiempos de lluvia les asa la piel, pese a que el agua potable la obtienen llenando tanques y pozos cuando llueve. Juaniquito, de 75 años, el último de los colonos que poblaron la isla en 1944 y fundaron el poblado de Mano Juan, abrió un colmadito para subsistir. Y con los ojos llorosos se queja de que los clientes no llegan, de que ahora es más pobre que antes, cuando quemaba carbón y sembraba.

Por tratarse de un área protegida, los turistas no amanecen en la isla porque deben partir antes de las 5:00 de la tarde. Apenas tienen contacto con los lugareños. Las mujeres de Mano Juan comparten las cabezas de las chicas que deciden trenzar sus cabellos y las niñas aprenden desde pequeñitas a elaborar pulseras y collares.
Los recién llegados adoran tomarse fotos en las casetas repletas de pinturas naif y artesanías, pero casi nadie compra. Las autoridades les han prometido un muelle, una plaza artesanal, el arreglo de las casitas y capacitación.
Cierto, las mujeres aprendieron artesanía, pero dicen que deben salir a venderlas a las playas cercanas y a tierra firme, en La Romana, porque los turistas llegan a Mano Juan, toman el sol y se marchan a otra playa de la isla donde les espera un buffet costeado por su plan todo incluido. No les interesa comprar. Sólo les interesa el sol y la playa. La lancha que lleva a las mujeres hasta La Romana les cobra 300 pesos (unos siete dólares). La venta del día llega, si hay suerte, a 100 ó 200 pesos.

¿Turista o local?Las autoridades se ponen felices cuando las cifras anuncian el aumento de turistas. Realizan congresos cuando las cifras bajan y se alarman si en los medios de comunicación aparecen noticias que desacreditan su gestión. La imagen creada fuera es más importante que la local. Parece que el turista es el personaje que hay que proteger y cuidar. Es el que trae el dinero. En un segundo plano quedan los trabajadores de los grandes complejos hoteleros que a menudo se quejan de las muchas labores que deben realizar por un salario. En un tercer lugar habría que ubicar al resto de la población que, sin participar de la industria, sabe que mientras más turistas lleguen mejor le irá al país.

Abundan los análisis de preferencias del turista, y nada sobre el impacto social de las actividades turísticas en las comunidades donde se desarrollan. El paraíso existe dentro del resort, en sus jardines amurallados. Si el turista desea ponerse en contacto con los dominicanos, debe reservar un tour que lo paseará por sus principales atractivos. Y luego volver al resort.
Las ganancias se registran en el Producto Interno Bruto del país (PIB) porque cada vez llegan más turistas, casi cinco millones en el 2009. Con todo y la crisis. Sin embargo, se trata de un progreso que, desde mi percepción personal, no se nota en las comunidades ni se refleja en el bienestar de su gente. Y entonces llega la pregunta: ¿puede el turismo generar pobreza? Claro, sobre todo en la población que no se beneficia de sus ganancias y que tampoco tiene alternativas cuando ve cómo desmantelan su espacio para dar paso a grandes proyectos en los que no puede decidir, en los que no le dan participación. Les dicen que el turismo genera riquezas, trabajo, bienestar. Y es cierto, Â¿pero quién se queda con esa riqueza, adónde va, por qué no se refleja en la población, por qué no puedo saber yo en qué se invierte el dinero que genera el turismo?A Lidia Josefa Maloon (doña Fefa, 83 años) la desalojaron hace 17 años de sus tierras ubicadas en el área de incidencia del Parque Nacional Los Haitises con la promesa de una indemnización que aún espera en su casita del barrio Altamira en Sánchez, Samaná.
Doña Fefa echa de menos la abundancia de comida que tenía entonces (de reses y pescados) y la tranquilidad del campo. Ahora su casa es una de las muchas afectadas por los deslizamientos de tierra que frecuentemente sacuden Sánchez y asegura que a duras penas consigue para comer.

La industria de los cruceros ha dinamizado la economía de Samaná y la observación de ballenas atrae a casi 35 mil turistas cada año hasta sus costas. Hay que pagar 100 pesos para verlas.El gobierno se ufana de las buenas entradas, de lo bien que marcha el turismo en la zona. Las autoridades locales, en cambio, dicen que no tienen recursos para mover el ya tapado vertedero de la ciudad, ubicado a menos de un kilómetro del centro. Las cañadas y la basura causan estragos cuando llueve y la población no se queja,no actúa aunque le afecta la situación. Tiene fama de ser paciente. Y aquí, para ser imparciales, nos preguntamos hasta qué punto son también responsables los pueblos del desarrollo de su comunidad.

Desarrollo sostenibleComo la mayoría de los grandes complejos hoteleros está en manos de extranjeros (la oferta hotelera, que llega a más de 60 mil habitaciones, incluye 10 de las 50 mayores cadenas hoteleras en el mundo), es frecuente escuchar que el turismo es la industria que genera más empleo en el país, como si el progreso estuviera determinado por la cantidad de ingresos de una persona más que por las facilidades de servicios (educación, salud, diversión) a la pueda acceder. Por suerte, el ecoturismo ha venido en auxilio del sector. Los proyectos ecoturísticos que ven en el desarrollo sostenible el punto social del turismo comienzan a poblar los lugares apartados y menos agraciados con el turismo de masas y les está yendo bien, y los turistas más exigentes, esos que no se conforman con el paraíso llamado resort, lo consumen con agrado.
Las comunidades están comprendiendo que pueden hacerse cargo del desarrollo de su localidad y repartirse entre ellos los beneficios. Entienden que pueden transformar para bien su calidad de vida y vivir en armonía con el medio ambiente. Y están comprobando que, manejado de esta forma, el turismo sí puede generar riqueza.

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