Cuando me digas “adiós”


Cuando me digas “adiós”
De: Alfredo Ferreras 
Dedicatoria:
Para los cuerpos con almas, nunca para las almas sin cuerpos
Bella entre bellas,
Cuando te vayas y me digas “adiós”,
Quedará el eco de tu voz
Como eterna resonancia en los atrios de mi alma;
Y quedará por siempre:
En los enjambres multicolores de sanjuaneras mariposas;
En las guirnaldas mil que adornan al cielo;
En los difusos meridianos donde  las
Estaciones intercambian la comisión del Eterno;
…Y en esos rinconcitos del espíritu
Donde el amor nunca deja de ser.
Cuando me digas “Adiós”,
Tras la to
rmenta,
Aves peregrinas posarán sobre la cresta de los arcoiris;
Y revoloteando con sus alas ligeras,
Con tersos  murmullos la puesta de sol festejarán.
Cuando me digas “adiós”,
Te irás corpórea,
En el tiempo y en el espacio;
Pero en las dimensiones de mi triple ser,
Indeleble permanecerás entronizada:
Oxigenando el aire que respiro,
Leudando la masa del pan que me alimenta
Y, celosamente,
Custodiando mis sueños en las vigilias de las noches.
Tu adiós se hará melancolía
En la brisa leve que apresura la siesta;
En el romántico sonido de la lluvia acariciando los techos,
En el trajinar de los labradores
Y en las dulces proclamas de pastores de almas.
Al verte partir,
Retendré tu calor y tu silueta,
Para conjurar con ellos el invernadero de tu ausencia.
El eco de tu “adiós” estará en los compases
De una serenata de amor;
En el angélico silabario que inaugura
El hablar de los niños;
Y en la dulcísima bendición de la voz mortecina
Del abuelo adorado.
Cuando me digas “adiós”,
Sentiré tus murmullos en las cálidas calles
De la tierra amada:
En la vocación del ceniciento maestro,
En el diestro peregrinar de las venduteras;
En las renovadas creaciones de los artesanos,
En la reciedumbre de los trabajadores
…Y en el trajinar de esos mortales
Que arrebatan su pan a la dureza cotidiana.
Cuando me digas “adiós”,
En otros mundos se archivarán mis besos;
Otras estrellas llenarán las galaxias;
Y otros soles prodigarán su luz,
…Porque será tu “adiós”,
La inefable manera
 De anegar de pasión la plenitud.
…Cuando cierre mis ojos,
Y enclaustrado esté
En el final silencio de todos los hombres;
¡Solemne!,
Sólo el eco de tu “adiós” distraerá
La inmortalidad de mi alma,
En la grandiosa y ciertísima espera
De la gloriosa resurrección.
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