NADIE ES MAS MERECEDOR QUE EL


Su obra está plasmada en su noble gesto humanitario y su vasta cultura, que le hicieron un intelectual de trascendencia, aun sin dejar escrita una obra.
Cortesía Diario Digital Barahona
Por Mayobanex De Jesús Laurens
Según las informaciones precisas que poseemos, el Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) había aprobado una resolución en la cual a las nuevas instalaciones de la Ciudad Universitaria de Barahona se denominarían con el nombre de Centro Universitario Regional del Suroeste (CURSO), tal como actualmente se llama.

El Mismo Consejo Universitario de la UASD había resolutado que el auditorio de la Ciudad Universitaria recibiera el nombre de Don Antonio Méndez, informaciones que fueron externadas por un fogoso comunicador en uno de los programas radiales matutinos.

Hasta ahí las cosas estaban bien, sin ningún inconveniente. Se agregaron luego voces pidiendo que la avenida aledaña a la Ciudad Universitaria fuera designada con el nombre de Antonio Méndez, idea que todavía prevalece en el aire.

Ante una solicitud del presidente Leonel Fernández, manifestada en la misma inauguración de la Ciudad Universitaria, el rector magnífico Mateo Aquino Febrillet lleva la propuesta al Consejo Universitario de la UASD, y las nuevas instalaciones del CUSO son designadas con el nombre del destacado jurista barahonero, Jottin Cury.

Aquí las cosas comienzan a complicarse y la simple intervención del mandatario y su pedido provocan de inmediato las reacciones adversas a su propuesta, y se externan una serie de argumentos para descalificarlo, proponiendo de nuevo la figura de Antonio Méndez para que lleve su nombre, y hasta se anuncia la construcción de una escultura al destacado munícipe Barahonero, ya fallecido.

Don Antonio Méndez fue un ser extraordinario, de un humanismo que trasciende la propia bondad, que dedicó toda su vida a servir a su querida provincia. Un hombre culto, de amplia lectura, que era corrector de estilo de poetas y literatos de su tiempo.

Su obra está ahí, todos la conocemos. Pero estamos seguros que el primero que hubiera rechazado títulos y designaciones era él. No gustaba de eso. Lo que hacía le venía del corazón, de lo más profundo de su alma.

Por favor, dejen el nombre y la memoria de Antonio Méndez así. El no quiere desde el cielo ser tema de conflictos ni contradicciones por asuntos de pura vanidad terrenal. Nombres, títulos, imágenes están de sobra. Lo que nos ha dejado como legado es su magna obra humanitaria y cultural

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