Un ejemplo de vocación para la enseñanza

Mercedes Pérez Reyes
mercedes.perez@listindiario.com
En el transcurso de la vida, todas las personas tienen la oportunidad, en algún momento, de enseñar algo a alguien.
Y más si se hace por el simple hecho de ayudar. Francisca Ramírez es un ejemplo de esto. En la actualidad cuenta con 74 años, 54 de los cuales los ha dedicado a hacer lo que más le apasiona: enseñar.
“Desde muy niña, me sentía identificada con esa obra. Recuerdo que conocía a un panadero que no sabía de letras, pero yo me dediqué a enseñarle todo lo que sabía. Ese fue mi primer alumno”, aseguró Ramírez.
Esta maestra improvisada, que era en ese entonces, se sintió satisfecha por haber logrado su cometido: haber enseñado al panadero a leer y escribir.
Además dice que sus maestros la buscaban para sustituirlos, cuando estos no podían asistir a clases.
Cuenta que su vocación siguió siendo el magisterio y fue entonces cuando decidió prepararse para hacerlo con más profesionalidad. Siempre preocupándose porque los demás aprendan.
La intención del maestro es que sus alumnos logren entender lo que se les trata de enseñar, entonces es ahí donde la señora Ramírez encuentra la gran diferencia entre quienes trabajan en los centros de enseñanzas.
“Ser maestro y profesor no es lo mismo. Para ser maestro hay que sentirlo, hacerlo de una manera desinteresada.
Profesor puede ser cualquiera. Maestro se nace, profesor se hace”, afirmó Ramírez.
Asegura que lo más difícil de esta profesión es buscar una técnica para enseñar a sus alumnos.
“En aquellos tiempos, siempre tenía hojas de árboles en mi cartera, para cuando debía enseñarles a mis estudiantes ciencias naturales, por ejemplo. Ahora es diferente, está la tecnología”, manifestó Francisca.
Satisfacción
“En verdad, siento sano orgullo, pues, a mi edad, tengo la satisfacción de haber logrado la paz que otorga haber procreado 8 hijos con Lucas Gómez, quien fue mi esposo”.
Siempre se ha dicho que lo importante no es llegar donde se quiere, sino saber mantenerse y de la forma más limpia posible. Francisca Ramírez hizo suyo este legado, pues explica: “He podido cultivar una hoja de servicio que cuidé con esmero, sigo sirviendo a la comunidad donde resido, soy parte de la junta de residentes y dedico el tiempo a las tareas del hogar, siendo mi nuevo pasatiempo la pintura”.
Dedicó su vida a enseñar en su natal Barahona, pero desde hace cuatro años reside, junto a sus hijos, en esta ciudad, donde ha seguido aprendiendo oficios para poder transmitirlo a más personas.
Por la memorable labor que ha desarrollado en su comunidad, ha recibido algunos reconocimientos de quienes sienten orgullo de ella.
Fue reconocida por el Obispado de Barahona, bajo la rectoría del obispo Fabio Mamerto Rivas. Además de que fue declarada “Hija Distinguida” por el Ayuntamiento Municipal de Barahona.
Exhortación a los maestros
“Creo que es necesario volver a hacer énfasis en
la formación ciudadana y patriótica, retomar la cartilla de moral y cívica para que se logre inculcarle los valores esenciales a los futuros ciudadanos y así garantizar disciplina y orden social”, recomienda la experimentada maestra.
Parece que Francisca no quiere dejar de aprender cosas, pues hace poco le dijo a uno de sus hijos que está pensando estudiar Leyes.
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