Se apagó el esplendor

 fuente: Armario Libre

Villa Central vive bajo el abandono de su emblema

El entonces Batey Central ofreció siempre un esplendoroso concierto a todos los que le visitaban, desde la generosa arboleda que prodigaba su sombra, las “avenidas” que recreaban las grandes ciudades, hasta las impresionantes y espaciosas residencias con paredes y pisos de madera, ventiladas por la brisa marina  que incursionaba a través de sus grandes ventanales.

Una vieja locomotora se mantiene en la parte frontal de las oficinas del central azucarero testimoniando los años de exitosas zafras, de importantes momentos para la economía local, y rememorando la historia de la segunda década del siglo XX.

El primer play de softbol, lugar donde también por primera se jugó béisbol nocturno, acusa una situación de descuido, nada que decir de la “Villa Olímpica”, centro deportivo que estaba llamado a convertir a toda la provincia en una potencia deportiva, y contrario a ello, ayer, cuando nada había, cosechamos los mayores lauros.

De allí han desaparecido los tradicionales y siempre anhelados yaniqueques, mabíes, bombones, bienmesabes, etc., que constituían verdaderas fibras de la identidad y el orgullo gastronómico bateyero.

Ahora Villa Central, denominación arrebatadoramente sonora, es una colectividad distinta, con una categoría al parecer mayor, empero no así percibida, pues no está atendida en debida forma.

Su patrimonio monumental está seriamente amenazado con desaparecer, merced a las inclemencias del tiempo y a la indeferencia humana aquellas mansiones se caen a pedazos, a nadie le preocupa, como si viviéramos de espalda a la historia.

La inerte locomotora se olvida entre malezas y ya comienza a ceder ante el despiadado ataque del salitre, el agua y el sol que la corroen.

Allí mismo languidece la casa natal del exquisito pincel patrio, Ramón Oviedo, en secreto y bajo el impulso de la sencillez de un grande de las artes plásticas de nuestra país, América y el Mundo. (WG).

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